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EL SER HUMANO: EL GRAN DESCONOCIDO
ENTREVISTA CON IGNACIO NÚÑEZ DE CASTRO

Los avances científicos de las últimas décadas han implicado que el ser humano ya no sea únicamente sujeto sino también objeto de manipulación. se trata de una de las variadas vertientes para re - pensarnos como individuos y como comunidades.en esta entrevista, juan carlos núñez conversa con el experto en biotecnología núñez de castro sobre varios temas de interés para este campo de conocimiento, entre ellos, la vida y la muerte


POR JUAN CARLOS NÚÑEZ FOTOCOMPOSICIÓN: PAULA SILVA

NLos avances de los últimos años en el campo de la biología multiplicaron el conocimiento en torno a la vida y a la naturaleza humana, pero al mismo tiempo volvieron más compleja la comprensión de lo que es el ser humano. Esta paradoja, expresada por Ignacio Núñez de Castro, sacerdote jesuita y experto en bioquímica, lleva a los científicos a enfrentarse “a un abismo cada vez más profundo, que es el abismo de la complejidad”.

“Con los estudios actuales conocemos mucho más que hace unos años lo que es el hombre, pero también desconocemos mucho más. Nos pasa como cuando subimos una montaña: cuando vemos un promontorio decimos ‘ya está, la cumbre’. Pero luego vemos que hay otro detrás, y luego uno más”, señala el doctor en Ciencias.

Profesor en diversas universidades del mundo de las materias de bioquímica, biología molecular, bioética y filosofía, Núñez de Castro (Málaga, España, 1937) estuvo este verano en México para conducir un seminario de bioética que organizó el Sistema Universitario Jesuita en México.

¿Qué es la vida?
Quizás no hay función más difícil de definir que la de la vida, porque es tremendamente compleja, y lo que es tremendamente complejo es muy difícil de definir. Nos pasa como a san Agustín cuando decía: “Si me preguntan qué es el tiempo, no sé lo que es; si no me lo preguntan, sé lo que es”. Con la vida nos pasa exactamente igual, si no nos preguntan qué es la vida todos sabemos lo que es, decimos: “estamos vivos y sabemos distinguir muy bien una flor viva de una flor artificial, una estatua que no tiene vida de una persona que va con vida por la calle”, pero cuando nos preguntan “¿qué es la vida?” la cosa se complica.



Ignacio Núñez de Castro S.J.
Inació en Málaga. Es licenciado en Filosofía, Teología y Ciencias Químicas, y doctor en Ciencias. Ha sido profesor de bioquímica en la Universidad de Granada y en la Universidad Autónoma de Madrid y profesor invitado de la Universidad de Friburgo de Brisgovia, Alemania. Fue becario de la Fundación Alexander von Humboldt y profesor invitado de filosofía de la naturaleza en varias universidades de Iberoamérica. Es miembro de la Sociedad Española de Bioquímica, de la Biochemical Society y de la Academia Malagueña de Ciencias. Ha publicado más de un centenar de trabajos de investigación en revistas internacionales sobre su especialidad.






















¿Qué dice usted ante esa complicación?
Que la vida es una propiedad inherente a la materia organizada.¿Y qué es la materia? Aquello que afecta de alguna manera nuestros sentidos. Pero esa materia tiene una peculiaridad, y es que puede organizarse; cuando la materia se organiza aparece la vida. La vida va emergiendo, la vida fisiológica de las plantas y de los animales, y emerge también aquello que llamamos vida intelectual, vida espiritual, aquello por lo cual el hombre puede conocer, sentir, amar, gozar, comunicarse. Y en último término tenemos la conciencia humana, que es el punto donde se centra esa gran complejidad.

Para entender la vida debemos ir a su unidad elemental, la célula, unidad de estructuras y funciones integradas y jerarquizadas que tiende siempre a mantener esa estructura y además a duplicarse. La célula siempre está en un estado de duplicación. Y luego también hay algo inherente a la vida que al hombre le choca mucho, y es que todo ser vivo lleva en sí el final de su vida, está marcado por la muerte.
¿Y qué es la muerte?
Éste es otro gran misterio porque toda célula se va a multiplicar en dos células y estas dos en otras dos, pero en un momento también van a detener sus funciones. Igual pasa con los organismos más complejos, que también llevan la muerte dentro de sí. Y la única manera de explicar este gran misterio del hombre es por su apertura a la trascendencia.


“Puede haber riesgos enormes para la propia sobrevivencia del planeta si no se acompaña el desarrollo científico de una continua reflexión ética”


¿Qué hace que la materia se organice?
Una de las grandes intuiciones de Pierre Teilhard de Chardin es lo que él llamaba la gravedad de la complejidad, la fuerza de la complejidad que hace que la materia se vaya organizando cada vez más. La primera mitad del siglo xx ha servido para conocer las moléculas de que están compuestos los seres vivos. Conocemos muy bien todas las biomoléculas, las proteínas, los ácidos nucleicos y los mecanismos por los cuales estos ácidos se traducen finalmente en proteínas. Estamos conociendo ahora los mecanismos de regulación de todo ese sistema y nos estamos asomando cada vez a un abismo más profundo. Por eso no es fácil responder a la pregunta de qué es la vida, porque vamos encontrando que la vida es una y es diversa. ¡Qué cosa más bonita! Todos los seres vivos tenemos las mismas cadenas metabólicas fundamentales y, sin embargo, no hay dos organismos vivos que sean iguales. Los componentes son unos, las proteínas son las mismas, el código genético es el mismo, y sin embargo hay una variabilidad inmensa.

¿Estos avances del conocimiento facilitan la comprensión de qué es el hombre o la complican más?
Yo diría que nos la complica más, porque nos ha abierto a un enorme abismo de complejidad que no acabamos de entender. Hoy conocemos todas las bases secuencias y el número de bases de que está compuesto todo el genoma humano, pero esto no nos ha facilitado las cosas, sino todo lo contrario. Víctor McKusick decía que el riesgo general del Proyecto Genoma Humano era creer que al final íbamos a saber todo lo que había que saber sobre el hombre, pero no es así, el hombre sigue siendo un gran desconocido, como lo es también la misma vida.



¿Qué sigue en la investigación?
Estamos entrando en la era posgenómica. Con la era genómica hemos visto la estructura completa del genoma humano, pero ahora tenemos que pasar a la genómica funcional, es decir, a establecer qué misión tienen todos y cada uno de los sectores del genoma humano que tienen información. Y luego, qué funcionalidad pueden tener aquellos sectores del genoma humano de los cuales ahora todavía desconocemos qué información nos dan. Por otro lado, habría que conocer qué genes están activos y qué genes están dormidos en un momento determinado en cada una de las células del organismo humano. Además, tenemos que estudiar el funcionamiento en un momento determinado de cada proteína. Los investigadores calculan que puede llevar unos cien años o más. Yo creo que nunca vamos a terminar, porque podremos conocer líneas generales, pero luego tenemos la individualidad de cada sujeto, y cada sujeto en un momento determinado de su historia tiene un programa, pero ese programa está influido por su circunstancia y las circunstancias nunca son las mismas. Por eso digo que conocemos más, pero desconocemos mucho más.

Dice usted que tenemos el mismo número de genes que un ratón y el doble que una mosca, y que nuestro adn es 98 por ciento igual al de un primate. ¿Eso qué nos dice?
Nos dice que todavía desconocemos muchísimo sobre nuestros genes, cómo se regulan, cómo se expresan y, sobre todo, desconocemos los efectos epigenéticos. Es decir, una cosa es el genoma y otra cosa es cómo el genoma va construyéndose a sí mismo en la expresión de su programa.

Podemos descubrir cuán parecidos somos a los monos y sin embargo cuán diferentes podemos ser, quizá por dos por ciento, quizá por menos, por uno por ciento. Entre los humanos no hay diferencia alguna. Todos pertenecemos a la especie, pero existe una variabilidad increíble, no hay dos seres humanos que sean iguales, ni siquiera en los gemelos unicigóticos, los que provienen de un mismo óvulo y de un mismo espermatozoide. Hay una historia biológica, una historia psíquica, una historia social que también tienen una impronta en todo nuestro ser. Hay un momento en que en los seres humanos va emergiendo esto que nosotros llamamos la vida del espíritu, que en los animales no aparece y que luego se materializa en una cultura, en una comunicación, en un lenguaje.


“La biotecnología ha supuesto avances increíbles en la medicina y en la explotación del planeta. Sin embargo, una biotecnología deshumanizada nos llevará a una autodestrucción”


Esta vida espiritual de la que usted habla ¿está en ese dos por ciento o pertenece a otro orden?
Yo creo que esto pertenece a otro orden, pero ese dos por ciento posibilita que emerja. Hay algo verdaderamente apasionante, y es lo que podemos llamar propiedades emergentes. Y es que en biología no hay nada que sea dos y dos igual a cuatro. Dos y dos es otra cosa. Y Dios le ha dado al hombre la capacidad de construir, de investigar, de pensar, y esto nos debe dejar a nosotros con un deseo grande de estudio, de conocer, de profundizar. El salmo 111 dice: “Grandes y maravillosas son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman”. Todas las obras del Señor son inmensas y todas las ciencias son preciosas, pero la biología tiene un encanto especial, y sobre todo la biología humana que nos lleva a intentar aclarar, en la medida de nuestras posibilidades, esta gran incógnita de qué es el hombre, que no la vamos a aclarar nunca.



La biotecnología existe desde hace miles de años. El queso, la cerveza, tienen que ver con procesos biológicos inducidos por el ser humano. ¿Por qué hoy genera tantos conflictos?
Quizá los problemas de la biotecnología son especiales en el sentido de que el mismo ser humano, que siempre había sido el sujeto de la manipulación, ahora se ha convertido también en el objeto de la manipulación. Se puede manipular el embrión humano, se puede manipular el genoma humano, se pueden introducir genes como hacemos con las plantas y los animales, se puede hacer una ingeniería genética terapéutica o de otro tipo. Se puede manipular prácticamente todo, el mundo y el hombre. Entonces nos preguntamos también si debemos dejarnos llevar por este galope tecnológico en que estamos metidos, por sus fuerzas impulsoras que a veces son ciegas y que llevan a la civilización y a los pueblos por ese camino, o debemos también tener una reflexión ética anterior. Por eso debe haber una ética de la ciencia, y siempre la ha habido, aun de una manera muy primitiva. ¿Hacia dónde debemos ir?, ¿hasta dónde podemos llegar?, ¿debemos o no poner un freno extratecnológico a este galope tecnológico? Ahí hay una serie de preguntas que han hecho nacer y florecer la bioética.

¿Llegó a tiempo la bioética?
Hegel decía que el búho de Minerva llega siempre al atardecer, un poco tarde. Yo diría que siempre sería un poco tarde porque la vida y la tecnología van con mucho mayor rapidez que la reflexión, pero creo que desde el principio los científicos se dieron cuenta de que era necesario pensar sobre lo que teníamos en nuestras manos. La iniciativa de una reflexión ética partió de los propios científicos. Van Rensselaer Potter era un científico, bioquímico, André Hellegers era médico obstetra, y son ellos quienes fundan la bioética. En la conferencia de Asilomar, en 1975, los científicos plantean que pueden llegar a modificar el genoma organismos y convertir organismos inocuos en organismos perjudiciales, que pueden construir de alguna manera organismos artificiales, que pueden inducir cáncer y enfermedades. Entonces se plantean que tienen que ir con pies de plomo y que, en el mismo Proyecto Genoma Humano, es necesario dedicar tres por ciento del financiamiento al estudio de las consecuencias éticas y sociales que pueda tener ese conocimiento.


“Todos los seres vivos tenemos las mismas cadenas metabólicas fundamentales, desde una bacteria hasta el ser humano, pasando por todas las plantas y la variabilidad inmensa de los animales. Sin embargo, no hay dos organismos vivos que sean iguales”


¿De qué manera los avances del conocimiento científico ayudan a la ética?
El profesor Javier Gafo decía que una buena bioética necesita unos buenos datos biológicos, porque a veces la gente que no conoce muy bien los datos biológicos toma posturas alarmistas ante la biotecnología. Recuerdo un titular de un periódico que decía: “Nos van a dar a comer genes”. Pues mire usted, no saben lo que es un gen, porque cada vez que usted come un vegetal o un animal está comiendo genes, porque los genes están en cada una de las células. ¿Qué significaba esto? Que el periodista no sabía. Las posturas alarmistas acontecen por no tener buenos datos. Es necesario analizar los datos desde una perspectiva multidisciplinaria donde participen biólogos, filósofos, sociólogos, especialistas en derecho, psicólogos… Eso es lo que busca la bioética.

La discusión sobre la biotecnología se ha polarizado. En un extremo están los que la consideran la panacea que resolverá desde el hambre mundial hasta el cáncer. En el otro lado se encuentran los que consideran que se va a salir de control, producirá monstruos y terminará por destruir al planeta. ¿Qué opina sobre esta discusión?
Siempre in medio virtus. Una biotecnología deshumanizada nos llevaría finalmente a una autodestrucción, sin duda alguna. También es verdad que la biotecnología ha supuesto avances increíbles en medicina y en la explotación del planeta. Creo que la bioética viene a humanizar la biotecnología; eso es lo que quería hacer Pottet, por eso propuso el nombre de bioética como un puente entre las ciencias y las humanidades. Y si verdaderamente llegamos a humanizarla no tenemos que tener miedo a los adelantos porque, a pesar de los 800 millones de personas con hambre en el mundo, podemos decir que la humanidad va creciendo, va mejorando en calidad de vida. La biotecnología verdaderamente unida a la bioética puede ser muy humanizada.



Los avances de la ciencia ¿son avances para la humanidad, como se suele decir, o benefician sólo a ciertos sectores?
Yo tengo la esperanza de que sí sean avances para la humanidad. Hoy podemos decir, por ejemplo, que los antibióticos, que son un avance de la biotecnología, han llegado a la mayoría de los pueblos, y tenemos que luchar porque lleguen a todos. Pensemos en lo que eran antes las muertes por enfermedades infecciosas, sobre todo en los niños. Tenemos todavía el problema del hambre, que es uno de los más angustiantes, y la biotecnología puede ser una ayuda importante para resolver este problema. Ahora, siempre existe el peligro de que los países poderosos y las trasnacionales puedan explotar sólo para ellos estos avances. Éste es el gran peligro de nuestra economía globalizada, que tiene grandes ventajas, pero también grandes inconvenientes. Ahí tenemos que estar atentos todos para evitarlo. m.



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