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Jorge Manzano, SJ

Del lado de los diferentes

POR TERESA SÁNCHEZ FOTO: LAURA JIMÉNEZ

El padre Manzano sintió desde muy joven su don especial para percibir las necesidades de los demás. Una amiga mía, que se autodefine como escéptica y atea, me contó conmocionada que acababa de conocer a un hombre mayor y sencillo que apareció de la nada con un café en la mano y le dijo: “Toma, mi niña, el dinero no siempre es lo más importante”. Ella no tenía un centavo, se moría por un café y esperaba que algún conocido se lo ofreciera. No fue un conocido, sino Jorge Manzano quien tuvo el detalle.

Este jesuita confiesa que nunca se ha sentido identificado con un grupo. Para comenzar, es hijo único: “Es como si desde niño Alguien me hubiera hecho entender que no tendría raíces, y que eso me daría la agilidad de hacerme uno con todos, para comprender, escuchar y conocer las diferentes maneras de ver a Dios”. Estudió en escuelas de niños pobres y de niños ricos. En una de ellas tuvo un amigo que era de los calificados como “malvados”. Un día la directora lo expulsó y Manzano fue a hablar con ella para defenderlo; no pudo acabar la primera frase. Su profesora le gritó: “¡No defiendas lo que no se puede defender!”.

Manzano descubrió en la actitud de la maestra algo de irracional e inhumano y desde ese momento sintió el impulso de estar del lado de quien era diferente.

A los 21 años, como novicio jesuita, recibió la encomienda de enseñar filosofía a los nuevos estudiantes. Aunque no le gustaba mucho esa materia, cuenta que otra vez Alguien le hizo ver que él tenía algo que dar. Decidió entonces “amar la filosofía” y lo tomó con tal pasión que cuando tenía 38 años viajó a Alemania Oriental, Francia y Dinamarca en busca de las huellas de los filósofos Kierkegaard, Hegel, Schopenhauer y Nietzsche. Estas memorias las compiló en su reciente publicación Al rasgarse el arcoiris. Su vida ha sido feliz y ha disfrutado hasta los momentos difíciles. “¿Cómo le hace alguien para no padecer los momentos difíciles?”, le pregunté.

—Tomando decisiones “a la Nietzsche” —me respondió.

—¿Y cómo se toman esas decisiones?

—Teniendo un amor incondicional a la vida. Amar de la misma manera lo malo y lo bueno que ella nos da.
Aunque ha convivido con gente de todo tipo de ideologías y formas de vida, afirma que nunca se ha sentido aislado por su religión. Jorge Manzano dice que tiene 25 años: “No es lo mismo haber vivido una vez 75, que tres veces 25. Por eso te digo que yo tengo 25”.




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