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Breve historia de las Orientaciones Fundamentales del ITESO


POR CARLOS OROZCO POINTELIN FOTO: ARCHIVO GENERAL DEL ITESO


La idea de fundar una universidad de inspiración cristiana al estilo ignaciano en Guadalajara bullía cuando yo era alumno de preparatoria en el Instituto de Ciencias. Nuestras generaciones no tenían sino dos alternativas universitarias: la Universidad de Guadalajara, de difícil acceso para los egresados de escuelas particulares, y la Universidad Autónoma de Guadalajara, que no era del gusto de todos. Queríamos una universidad al estilo de nuestro colegio. El padre Luis Hernández Prieto, SJ, alimentaba este anhelo.

Para nosotros, alumnos de los jesuitas desde siempre, no hacía falta más que la participación de los padres del Instituto de Ciencias para garantizar la orientación de la nueva universidad. Pero con el tiempo se fue haciendo necesaria una formulación, que se escribió a fines del año 1973 y principios de 1974. Este documento, conocido como las Orientaciones Fundamentales del ITESO (OFI), ha explicitado la filosofía educativa de los jesuitas, ha guiado durante años el quehacer de esta universidad y su influencia ha trascendido las fronteras del campus.

Antecedentes
En 1956, el padre Luis Hernández Prieto, SJ, y un grupo de padres de familia del Instituto de Ciencias, convocados originalmente para construir una alberca en el colegio, empezaron también a pensar en la posibilidad económica y jurídica de fundar unas “facultades universitarias” para sus propios hijos. Hicieron un primer proyecto de universidad que el general de los jesuitas, Jean-Baptiste Janssens, “rechazó categóricamente”.

El proyecto continuó, pensando en reunir los fondos necesarios para comenzar en un plazo de cinco años. Sin embargo, ante los ataques de un grupo opositor, se vio la necesidad de comenzar de inmediato, sin financiamiento, sin acuerdos básicos en la naturaleza o el estilo de la obra que se emprendía, sin jesuitas destinados al proyecto. Ante esta situación llegó una determinación desde Roma: la Compañía de Jesús podía ayudar en la medida en que la jerarquía lo pidiera, pero sin asumir responsabilidades con respecto a la obra. Los fundadores designaron al ingeniero José Fernández del Valle como rector y el provincial de los jesuitas accedió a poner a tres jesuitas en puestos secundarios (los padres Jorge Villalobos, Ignacio Pérez Becerra y Ramón Gómez Arias).

En octubre de 1965, monseñor José Garibi, arzobispo de Guadalajara, hizo la petición al nuevo general de los jesuitas, Pedro Arrupe, de que la Compañía de Jesús asumiera plenamente la responsabilidad del ITESO, y éste aceptó con la condición de que se redactara “una especie de pacto o contrato, o como se llame [...] de honor”. Así se comenzó a generar el futuro convenio entre ITESO, AC y los padres de la Compañía, que querían especificar el tipo de universidad que querían construir. Pero las ingentes cargas de trabajo retrasaron el proyecto. Tuvieron que pasar otros ocho años para que se atendiera satisfactoriamente ese asunto.

La redacción de las OFI
El 16 de septiembre de 1973 se publicó en el periódico El Informador una declaración del Consejo Académico del ITESO, firmada por siete jesuitas, en repudio al derrocamiento de Salvador Allende, presidente constitucional de la República de Chile, el 11 de septiembre de 1973 —¡también fue un 11 de septiembre!—. El párrafo inicial del documento apelaba a “las orientaciones específicas de nuestra universidad: la inspiración cristiana, el compromiso social y la conciencia crítica”.


Versión completa de este documento, “Antecedentes de las Orientaciones Fundamentales del ITESO”.





La declaración generó tensiones. El entonces presidente de ITESO, AC, Raúl Urrea, escribió al cardenal de Guadalajara una carta en la que hablaba “de desconcierto profundo y de inquietud en cuanto a la vida y orientación del ITESO”. El delegado apostólico en México, Mario Pío Gasparri, firmó una nota con fecha 4 de octubre, agradeciéndole a don Raúl “por su diligente premura en informar con oportunidad al Representante Pontificio (...)”. Y el padre Arrupe, enterado del conflicto, también respondió con una carta en la que manifestaba la certeza de que, en una actitud de verdadero diálogo, encontrarían la solución de sus problemas.

Los jesuitas constituyeron un equipo encargado de formular las orientaciones clave de la tarea universitaria que se realiza en el ITESO. Se organizaron por temas: inspiración cristiana, pedagogía universitaria y compromiso social de la universidad. El 8 de noviembre de 1973 aparecieron formuladas las orientaciones que la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús quería para el ITESO, redactadas con base en la vida y los documentos producidos por la misma universidad, teniendo en mente la tradición educativa de la Iglesia y de la Compañía de Jesús y sus documentos. El documento se envió a ITESO, AC y se divulgó ampliamente para su estudio y discusión. Algunas observaciones anónimas sostuvieron que el documento carecía de bases sólidas, tanto teológicas como de la filosofía de la educación, pero tanto el asesor eclesiástico de iteso, ac, monseñor Rafael Vázquez Corona, como el cardenal José Salazar respaldaron el proyecto. El presidente de ITESO, AC, Raúl Urrea escribió un mensaje en el que declaraba que “la postura adoptada por el ITESO está perfectamente aclarada” y llamaba a “suspender críticas y dudas inoperantes”.

Durante los ocho años previos no se había perdido el tiempo. La incipiente comunidad universitaria fue cobrando vida, tomando conciencia de su propio ser y dando cuenta de él. En 1973, cuando se hizo necesario formular los principios que lo animaban, el ITESO ya no tuvo que inventar gran cosa, sino, simplemente, poner en blanco y negro lo que vivía y anhelaba. Así se explica que, en unos cuantos días, pudiera escribirse lo que no se había escrito en muchos años. m.



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