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Revolución Impostergable: de lo “Hecho en México” a lo “Creado en México”

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El 27 de Septiembre el portal de Google mostraba un pastel de cumpleaños en su página inicial, para conmemorar el cumpleaños número doce del gigante que basó su plan de negocios inicial en un buscador de información para Internet.

Mucha gente conoce la historia de los estudiantes de doctorado en Stanford, Larry Page y Sergey Brin, que a partir de un tema tan poco “sexy” como detectar copias de documentos para apoyar en la localización de violaciones de derechos de autor, surgió la propuesta de valor de una compañía cuyo valor de mercado ronda los 170 mil millones de dólares. Para comparación, el producto interno bruto de México en el 2009 expresado en dólares fue de poco más de un billón de dólares, es decir sólo seis veces Google.

Es el de esta empresa un trayecto muy interesante en sólo 12 años. Es realmente impresionante la capacidad de generación de valor de una empresa basada en la innovación.

Mientras tanto, algunos días antes de la celebración de 200 años del grito del padre Hidalgo, se anunciaba que México ha caído seis lugares más abajo en el índice de competitividad del Foro Económico Mundial (Reforma, Septiembre 10, 2010).  En América Latina ya nos ganan Chile, Panamá, Costa Rica, Brasil, y por primera vez, Uruguay.

Una vez digerido el impacto (porque vaya que es penoso), en lugar de rasgarnos las vestiduras mejor entendamos qué es lo que pasa. Hablando con ejecutivos de compañías de alta tecnología, muchos coinciden en que uno de los principales factores que provocan nuestro rezago es la falta de innovación en el país. De hecho, ha sido difícil para las firmas de capital de riesgo ubicar en México proyectos tecnológicos que desde su punto de vista valga la pena apoyar. La mínima cantidad de patentes que se otorgan en México es un factor que demuestra la poca vocación innovadora. 

Algunos opinan que esta falta de innovación se origina en la falta de talento de nuestra gente y que además nuestra cultura está orientada a lo social y no debemos buscar lo imposible como destacar en productos de alta tecnología. Las matemáticas y la física son para otras culturas. No concebimos alta tecnología creada en México. En lugar de meternos en el problema de diseñar y fabricar, mejor compremos a los extranjeros su tecnología y si queremos hacer negocio la revendemos con un buen margen a nuestros compatriotas, al cabo aquí no hay de otra, somos mexicanos. ¿Cierto?.

Lo que no mucha gente sabe es que quien coordinó y asesoró a Larry y Sergey en el  proyecto de tesis doctoral que resultó en la fundación de Google fue un mexicano, el Doctor Héctor García Molina. El Doctor García Molina en aquel entonces (mediados de los 90) fungía como director del Laboratorio de Ciencias Computacionales de la Universidad de Stanford, en California. Este científico mexicano estudió ingeniería eléctrica en el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, de donde se graduó en 1974 y recién egresado emigró hacia California para estudiar su maestría y doctorado en Stanford.  Enfatizo, mexicano.

Estoy personalmente convencido de que nuestra gente tiene el talento y la capacidad de innovación como para generar un Google o un Microsoft desde México. El obstáculo no es la gente, sino el ecosistema: todo lo que está alrededor del emprendedor que además de la capacidad tiene el suficiente grado de locura (“hipomanía”, como lo reporta el NYT en su edición publicada por Mural el 26 de septiembre) o “pelotas”, como lo he escuchado de algunos más diplomáticos, para tolerar el riesgo de iniciar una nueva empresa basada en la innovación. Desde la disponibilidad del capital de riesgo hasta los obstáculos estructurales (carga fiscal a pesar de no facturar, carga y poca flexibilidad laboral, complejidad y costo del comercio exterior).

Es cierto, existen muy buenas iniciativas en el sentido de apoyo financiero a la innovación por parte de instituciones como CONACYT y los Consejos Estatales de Tecnología – el caso de Jalisco resalta a nivel nacional en este tema – pero el ecosistema puede mejorar mucho, mucho más en México. Seguramente tenemos en México genios como el Dr. García Molina, pero no existen las condiciones para que creen un Google. Urge establecerlas y, finalmente, evolucionar de lo “Hecho en México a lo "Creado en México".

1 Comment(s) to the "Revolución Impostergable: de lo “Hecho en México” a lo “Creado en México”"

Muy acertada e interesante columna.

Coincido plenamente, en México existe capital humano con el talento y la preparación para generar innovación, sin embargo el ecosistema es el principal obstáculo.

Quizás la respuesta a este acertijo sea la primera innovación que debamos generar.

Enviado por Javier García (no verificado) el 5 Enero, 2011 - 09:58

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