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“La Iglesia de México ha sido omisa en la guerra que vivimos”: Raúl Vera

Además de su compromiso en la defensa de derechos humanos a través de instituciones ligadas a la estructura diocesana, Raúl Vera López ha formado parte de organizaciones sociales o de iniciativas políticas que buscan el mismo fin: apoyar a las personas en su búsqueda de la verdad y de la justicia

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Conferencia de Raúl Vera en el marco de los festejos por los 20 años del CIFS del ITESO. Foto: Roberto Ornelas
Conferencia de Raúl Vera en el marco de los festejos por los 20 años del CIFS del ITESO. Foto: Roberto Ornelas

México vive una guerra y la Iglesia mexicana la ha ignorado. Pero no Raúl Vera López, actual obispo de la diócesis de Saltillo y uno de los jerarcas más influyentes de México y América Latina. A diferencia de la mayoría de sus colegas, a quienes el Papa Francisco regañó en su visita a México, en febrero de 2016, por sus acuerdos en lo “oscurito” con el poder y por dejarse seducir por los nuevos faraones, Raúl Vera López es un religioso comprometido con su tiempo, con el contexto que le tocó vivir: la guerra en México que ha producido desplazados, asesinatos, desapariciones, fantasmas perdidos en los centenares de “cocinas” en las que el crimen organizado se deshace de los cuerpos extraídos, robados, usados, vejados en el negocio de amasar capital por vías ilegales. De él podría decirse que es un sujeto consciente del tiempo histórico y que ha asumido, en consecuencia, una postura que se ha traducido en acciones políticas encaminadas a acompañar a los más débiles y desamparados.

 

Del 68 a los Dominicos

José Raúl Vera López nació en Acámbaro, Guanajuato, el 21 de junio de 1945. Como muchos otros jóvenes de mediados del siglo XX, migró a la capital del país para cursar estudios superiores. En 1968, en plenos auge y represión del movimiento estudiantil, se graduó como ingeniero químico en la UNAM. Tenía 23 años. Pero lo suyo no era la ciencia, sino la teología. En noviembre de ese mismo año ingresó a la orden de los frailes dominicos de la Provincia de México. Dominicos es el nombre popular de la Orden de los Predicadores, una de las organizaciones religiosas más antiguas e influyentes de la Iglesia católica, fundada hace 800 años (en 1216) por Domingo de Guzmán en Toulouse, Francia. Esta orden tiene fama de formar a grandes teólogos, como Tomás de Aquino, y, al mismo tiempo, de proveer algunos de los grandes perseguidores de la historia, como Tomás de Torquemada, general de la Santa Inquisición.

Tras ingresar a la orden religiosa se fue a Bolonia para estudiar, y recién cumplidos los 31 años se graduó como licenciado en Teología por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Roma, en 1976. Doce años después fue ordenado obispo en Ciudad Altamirano, Guerrero. Fue el primer religioso dominico en dos siglos en alcanzar tal distinción.

Raúl Vera

El 14 de agosto de 1995 (a los 50 años) fue nombrado Obispo Coadjutor de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, para trabajar junto a Samuel Ruiz, a quien El Vaticano y el Gobierno mexicano querían dejar fuera de la diócesis acusándolo de alentar el alzamiento de las comunidades mayas organizadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Tal vez porque se puso del lado del obispo Samuel Ruiz y del lado del “Ya basta” declarado por las comunidades indígenas en rebeldía, y no del lado del Estado, como quería El Vaticano, Vera López fue trasladado de Chiapas a Coahuila. El papa Juan Pablo ii lo designó titular de la diócesis de Saltillo, el 30 de diciembre de 1999, a los 54 años. Su paso por Chiapas fue decisivo en la formación de su mirada política y de su comprensión de un Evangelio y una Iglesia comprometidos con los más desvalidos y violentados.

Sin embargo, desde su primera designación jerárquica, Vera López inició la construcción de instituciones religiosas y laicas al servicio de los de abajo. En Ciudad Altamirano fundó el Centro Social Juan Navarro, para atender a los pobres de la diócesis. Ya como obispo de Saltillo, fundó el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios; colaboró en la creación de dos casas del migrante: en Ciudad Acuña, la Casa Emaús, y, en Saltillo, Belén Posada del Migrante. El obispo Vera López es de los pocos (si no el único) que han tendido puentes con la comunidad de la diversidad sexual en México: en 2002 promovió la fundación de la comunidad San Elredo, dedicada al acompañamiento de jóvenes homosexuales o lesbianas.

Además de su compromiso en la defensa de derechos humanos a través de instituciones ligadas a la estructura diocesana, Raúl Vera López ha formado parte de organizaciones sociales o de iniciativas políticas que buscan el mismo fin. En julio de 2006 denunció las violaciones a mujeres por elementos del Ejército en Castaños; entre 2009 y 2010 formó parte de la Campaña Nacional e Internacional Libertad y Justicia para Atenco. Es miembro del Comité Internacional para el Consejo de Paz y presidente del Centro Nacional de Ayuda a las Misiones Indígenas (Cenami), una importante estructura religiosa que ha acompañado a movimientos indígenas y populares de distintas partes del país. Desde su paso por la diócesis de San Cristóbal de las Casas es presidente del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, el Frayba, una de las organizaciones no gubernamentales más influyentes del país.

Vera López es miembro de tres tribunales civiles: el Tribunal Internacional de Conciencia de los Pueblos en Movimiento, el Tribunal Internacional de Libertad Sindical y el Tribunal Permanente de los Pueblos. Ahora su compromiso político más abierto es la promoción de la llamada Constituyente Ciudadana, que presentó en diciembre de 2014 en Saltillo. Ha recibido al menos trece destacados reconocimientos a su trabajo a favor de los derechos humanos, entre ellos, su candidatura al Premio Nobel de la Paz en 2012.

Raúl Vera Raúl Vera (izquierda) junto con el obispo Samuel Ruiz. Foto: AP

El obispo desordenado

Su compromiso pastoral y político no le impide gozar de sus pasiones, como la música clásica, la pintura, la música popular y el baile. Con menos reticencias de las que podrían imaginarse, el obispo admite que le encantan el baile y la bohemia. “¡Claro! Me encanta la trova, me encanta quien pueda hacer de la poesía la oportunidad de que llegue también a través de la música; uno de los que me gustan es Mario Benedetti”. El gusto por el baile es añejo. “Aprendí a bailar porque mis hermanas me enseñaron lo de mi tiempo. Yo era muy joven y mi hermana mayor era excelente bailadora, y las hermanas de mi mamá también. Bailé foxtrot y bailé el tango; ya de los bailes modernos me quedé en el twist y en el rock”.

Ahora baila a veces. Dice que no lo hace igual que antes porque “a veces hay gente que se escandaliza. Como ahora existen los teléfonos celulares, ya tengo prudencia. Pero hubo un tiempo en que lo hacía”. Por su peculiar forma de vivir su labor pastoral y por sus designaciones eclesiásticas, Raúl Vera López le dijo a Emiliano Ruiz Parra: “Dos papas me ordenaron y me he desordenado solo” (Gatopardo, enero de 2012). En agosto de este año vino a ofrecer una conferencia magistral en el ITESO. Antes concedió esta entrevista a MAGIS.

No hay día en que no salgan en el país hechos de barbarie, nuevos nombres de la geografía del terror: Tierra Blanca, Tlatlaya, Tetelcingo. ¿Por qué cree usted que tenemos esta situación de guerra en el país y a qué atribuye esta espiral de violencia?

Bueno, una primera razón es que la desigualdad es la madre de la violencia. La desigualdad en la que vivimos es pura violencia. El papa Juan Pablo II decía que la pobreza y el hambre eran la primera violencia. El país se viene descomponiendo, al principio paulatinamente, pero se ha ido acelerando porque la desigualdad se ha profundizado. Esa violencia que está viviendo el pueblo no es una violencia porque la desigualdad quién sabe cómo se disparó. La desigualdad es inducida, este modelo económico genera desigualdad, porque es un modelo que deliberadamente concentra la riqueza en pocas manos y excluye a millones de personas. Esto es mundial, y México no es la excepción. Una segunda causa es una violencia estructural que está generando el Estado mexicano con sus famosas reformas estructurales. Prácticamente, las políticas públicas son genocidas. Vamos a ver: el tema del salario mínimo. Una persona que gana el salario mínimo empieza a vivir en pobreza, y si esa persona tiene que compartir su salario con otra, las dos viven en pobreza extrema. ¿Y esto quién lo decide? Lo deciden las cúpulas empresariales, las cúpulas sindicales y el representante del gobierno que integran la Comisión Nacional de Salarios Mínimos. Entonces esto es deliberado. Otra causa: la Reforma Energética le quita al gasto público 40 por ciento de todo lo que hasta ahora el gobierno invertía en servicios a la población: vivienda, medicina, seguridad social, educación, subsidios… ya prácticamente no lo tenemos, es un genocidio. Por eso, todos los gobiernos, desde el señor Carlos Salinas de Gortari, están dentro del Tratado de Libre Comercio, todas estas reformas son para aplicar el modelo económico [neoliberal] en México. Es un genocidio. El señor Salinas, con su equipo de gobierno, [Ernesto] Zedillo, [Vicente] Fox, [Felipe] Calderón y ahora Enrique Peña Nieto, fueron juzgados como gobiernos responsables de crímenes de lesa humanidad por el Tribunal Permanente de los Pueblos en México. Porque, con lo que están haciendo con el campo, metiendo maíz transgénico a cambio del maíz criollo —que ya la propiedad intelectual la tiene Monsanto—, nos están quitando la seguridad alimentaria; la Reforma Energética nos quitó la soberanía nacional… México es cada vez menos de nosotros. La Reforma Educativa, diseñada afuera, nos está quitando la educación gratuita y está dejando a los maestros como freelancers, ya no son trabajadores de la educación, ahora son agentes administrativos de la docencia.

Raúl Vera El obispo Vera acompaña una manifestación para exigir el respeto a los derechos laborales de los trabajadores mineros. Foto: AFP

Entonces, la justificación de la guerra contra las drogas, ¿cómo la identifica dentro de esta violencia?

No, la guerra contra las drogas es una ficción, es la militarización del país. Ahora tenemos la violencia directa que, bajo la excusa de la violencia contra las drogas, se convierte en una estrategia de control de población. Es una estrategia de gobierno: el horror y el terror provocados a la población por medio de estos dizque brotes de violencia que tenemos… ¡No, señor! Son inducidos, es violencia directa y, por supuesto, es control de población.

¿Diría que son estrategias de contrainsurgencia?

Por supuesto que es una estrategia de contrainsurgencia, porque saben, desde que empezaron a aplicar el modelo del Consenso de Washington, que el pueblo va a protestar y ahora los estados tienen que ser policiacos y por eso se han venido preparando, no solamente en México, en todos lados. Una de las partes que tienen ya pensadas es el control de población porque, repito, el pueblo va a protestar. Por ejemplo: los migrantes centroamericanos son insurgentes, se niegan a regalarle su trabajo a las empresas extranjeras, multinacionales, y se salen y se quieren ir a Estados Unidos, aunque ahí les paguen menos que a los legalizados. En los países desarrollados sí hay salarios dignos para los que tienen ciudadanía, para los migrantes hay salarios y seguridad social en menor medida, pero siempre son mejores salarios que en sus países. Entonces, como no se quedan allá, aquí en México se les castiga en nombre de Estados Unidos. ¿Por qué? Después de todo, lo que van a hacer los hermanos centroamericanos y los hermanos mexicanos, también es recuperar el salario no pagado, porque con esos salarios de hambre, en el fondo, se convierte en trata de personas […] Las famosas inversiones de capital se convierten en trata de esclavos. Entonces, por supuesto que la violencia es inducida, también directa contra el pueblo, ¿por qué? Porque lo tienen que tener reprimido y espantado.

En su trabajo pastoral y político se ha acercado a migrantes y madres y familias que tienen desaparecidos, trata de personas, es decir, muchos horrores, víctimas de la violencia. ¿Qué es lo que más le ha impactado en los últimos años?

Bueno, una de las cosas que me impactan es qué vertebración ética y de estadistas tienen los políticos actuales, eso impresiona. Son cínicos, son desvergonzados. ¿Qué no acabamos de conocer que este señor [Enrique Peña Nieto] obtuvo su título de Derecho como un tramposo vil? Y ahí sigue tan fresco. Y luego, ¿cómo es posible que existan en el mundo las personas que manejan las finanzas, la economía, la distribución del ingreso a nivel mundial de esta manera? ¿Son seres humanos? No son seres humanos. Es una sociedad deshumanizada, ellos mismos la van a pagar. Hace poco estaba con una pierna rota, entonces tenía que estar en reposo. Le moví a la televisión y me puse a ver una película futurista en la que los parias de plano vivían en cavernas, arriba vivía la “gente de bien”, pero esos parias salían por la noche en sus motocicletas, a descabezar a la “gente de bien”…

Raúl Vera Raúl Vera preside una misa en solidaridad con los normalistas de Ayotzinapa. Foto: Reuters

Eso, que parece ficción, ya es la realidad del país, ¿no?

¿De dónde vienen los descabezados, el pozolero [sujeto que trata de deshacerse de los cuerpos incinerándolos para no dejar evidencia], y las fosas clandestinas donde se encuentran los restos calcinados, triturados? Vienen de una sociedad enferma. El Papa dijo [en su visita a México] que es cuestión de salud social. El que existan personas que llegan a los penales es por falta de salud social. La gente que está aquí [en una prisión] es porque nunca fue inserta en una formación formal, en una casa donde tuviera padres que la cuidaran, que la guiaran, con una vida digna. Hay un sacerdote italiano, Luigi Ciotti, que creó un movimiento llamado Libera contra las mafias en Italia, y el padre Ciotti dice que el tema del crimen organizado es un tema de salud social. La gente está enferma y es la gente enferma a la que sacan para que corte cabezas, para que haga lo que llaman “la cocina” [deshacerse de cuerpos cortándolos y quemándolos en diésel u otros combustibles]. Yo en las cárceles he platicado con muchachos que se han encargado de eso y dicen que es el horror más grande y “que nosotros no queremos hacerlo”, el trabajo del cocinero, que es desmembrar, porque es la cosa más horrenda. Se necesita no ser hombre, se necesita no ser un ser humano.

Ahora que menciona al movimiento Libera, de Italia, que ofrece un ejemplo de cómo salir de la violencia, ¿por dónde vislumbra que se puede detener esta guerra, esta barbarie que tenemos en México?

No queda otra que organizarnos como una sociedad nueva, en la que se rectifiquen todas las políticas públicas y se acabe con esta atrocidad. El principal responsable de esta violencia es el Estado mexicano, no hay otro. El director general de Amnistía Internacional hace año y medio pasó por Saltillo y provocó una discusión acerca de si había desapariciones forzadas, que si se les podía llamar así, porque en medio estaban personas del crimen organizado, y dijo: “Momento, de la desaparición forzada o de cualquier desaparición, el Estado mexicano es el responsable, aunque sean particulares”. El Estado es el que ha puesto en indefensión a toda la población, y se ausenta tanto por negligencia como por acción. Los responsables por esto en México y a nivel mundial son los políticos que se han dedicado a hacer dinero, los políticos descaradamente entran a la política para hacerse ricos.

Raúl Vera En diciembre de 2015, los restos de Oliver Wenceslao Navarrete fueron encontrados en una fosa clandestina. En la imagen, Raúl Vera reza acompañado por familiares de Oliver y por el poeta y activista Javier Sicilia. Foto: Procesofoto

¿Cómo ve el papel de la Iglesia mexicana? Pareciera que no ha estado a la altura de este contexto de guerra y despojo capitalista que tenemos en el país. ¿Le ha faltado a la Iglesia mexicana asumir compromisos en este contexto?

Un embajador de la República Italiana que estuvo antes en Colombia me dijo, cuando esto empezaba y se ponía cada día peor: “A mí me extraña y me admira el silencio de la Iglesia mexicana. Los obispos colombianos, cuando estuvo la violencia terrible, se organizaron para darle seguimiento e intervinieron para acabar con esa situación. Me extraña mucho la ausencia de los obispos mexicanos”. Yo creo que nos ha faltado muchísimo. Ahora estamos haciendo algo unos obispos, y ahora ya se habla un poco más de esto, pero antes ni siquiera se querían pronunciar.

Ya fueron diez años de omisiones, en un clima de violencia, con desapariciones…

Sí, muy grave.

La mayoría de obispos y la Iglesia mexicana en general dicen defender la vida y salen a las calles a manifestarse contra el aborto, pero no contra los desaparecidos ni contra esta guerra. ¿No le parece una contradicción?

Primero, me parece una falta de sensibilidad tremenda; segundo, falta de una formación de elemental sabiduría del Evangelio, falta de formación para distinguir las cosas en la causalidad social. Nos hemos acostumbrado a una Iglesia demasiado encerrada en los templos, nuestro trabajo es muy administrativo y no somos capaces de ver lo que está pasando. No tenemos idea. A los laicos los hacemos protagónicos dentro de la Iglesia, pero siempre cerca de los altares, siempre dentro de los grupos parroquiales. Hemos hecho de la Iglesia un sistema religioso para nosotros, donde nosotros ocupamos un alto nivel, a nosotros nos da un plus el ser obispos y gracias a la Iglesia somos obispos. La Iglesia, para nosotros, es casi un instrumento personal, pero no un instrumento social, no es el instrumento al servicio del mundo. La insistencia del Papa de que salgamos de las iglesias, salir a la misión, parte de ahí. Estamos encerrados en una Iglesia que es sistema religioso, no es la Iglesia de Jesucristo que camina en medio del mundo, y por eso nos quedamos en los temas del aborto y de los homosexuales.

Raúl Vera Raúl Vera durante una vista a Iguala, Guerrero, para solidarizarse con los familiares de los integrantes de Unidad Popular ejecutados en junio de 2013. Foto: Procesofoto

Durante su visita a México, el Papa regañó fuertemente a la jerarquía católica. ¿Los jerarcas de la Iglesia mexicana han asumido ese regaño y tienen voluntad de cambio?

Bueno, en primer lugar, el Papa habló directamente de nuestros tratos con el poder. Dijo: “A ver, no tienen que hacer tratos en lo oscurito, ni tienen que subirse ni a las carrozas ni a los caballos de los nuevos faraones, y deben ser transparentes”. Esto lo dijo el Papa. Entonces esto es muy importante, el que nosotros entendamos eso: la transparencia en la administración de nuestra vida como pastores. Y el Papa dijo cosas más fuertes: “Ustedes están muy entretenidos en otras cosas” […] “mientras ustedes estén con otro interés, no serán los pastores que Cristo quiere, su interés no será el rebaño de Jesús”. Entonces, las cosas no pueden estar de otra manera en el país. Eso es lógica pura: si aquí hubiera una Iglesia que hiciera lo que tendría que hacer, las cosas no se hubieran puesto así en el país.

Usted dice que el país necesita reconstruirse y refundarse, pero no al lado de los partidos y la clase política tradicional. ¿Cómo refundarlo entonces? ¿Cómo va el proyecto de la Constituyente Ciudadana que usted impulsa?

Ese proyecto es de la sociedad, ese proyecto es del pueblo, propiciando que el pueblo sea sujeto de su propia historia, que el pueblo sea el autor de un nuevo pacto de nación, de un nuevo proyecto social, que vaya reflejado en una Constitución. Pero esa Constitución el pueblo la construye, precisamente para que el pueblo vea la capacidad creativa que tiene, para que el pueblo mismo se aprecie, y para que eso lo proteja a través de una Asamblea Constituyente. Yo tuve una experiencia fabulosa, nuestro plan pastoral así se construyó, con la voz del pueblo, tanto en Saltillo como en Ciudad Altamirano. 

Raul Vera Durante la Segunda Marcha de la Dignidad Nacional Madres buscando a sus Hijas e Hijos, Raúl Vera se detuvo a saludar a las madres que mantenían una huelga de hambre fuera de la Procuraduría General de la República (PGR). Foto: Procesofoto

¿En esa refundación debería barrerse la clase política de los partidos tradicionales?

Hay que rebasarlos. O se ajustan a vivir con el pueblo y se ajustan a lo que el pueblo diga, o no tienen futuro. Y no desde los puestos políticos, sino desde la construcción de un pueblo honesto.

¿Se considera un obispo de izquierda, un clérigo de la Teología de la Liberación?

Mi fuente es el Evangelio: el Evangelio libera. Lo primero que libera es nuestro ego. Eso es lo primero que nos enseña el Evangelio. Si yo quiero entender el Evangelio, me tengo que limpiar esa cara adentro, tengo que quitarme esos intereses, tengo que ir haciendo pérdidas para poder servir a los pobres y servir a las víctimas, tenemos que ser personas de carne y hueso. Yo no quiero estar ni en las izquierdas ni en las derechas, yo quiero estar en la justicia, yo quiero estar en la verdad, quiero estar en el amor sobre todo. Quiero ser, aunque me falte de aquí a la estrella más cercana, un hombre de bien. No lo soy, pero sí quiero serlo. m.

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