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31 Minutos: el noticiero que hizo explotar el televisor

En 2003 esta serie chilena creada por Álvaro Díaz y Pedro Peirano le dio un giro a los programas televisivos dedicados al público infantil y se colocó como un referente en el género en América Latina.

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Poli, cálmate: lo que tocamos lo convertimos en un éxito.

Juan Carlos Bodoque

 

El niño mira atento la televisión. En la pantalla, un reportero explica qué pasa cuando alguien tira de la cadena del excusado. El niño se entera de los problemas que hay con las aguas negras de Santiago de Chile, de que esa agua sirve para regar las verduras, de que hay lugares especiales para limpiar esa agua, de que cada persona puede producir en promedio “146 kilos de caca al año”.

El que arquea las cejas al escuchar los datos es el papá, que comienza a poner atención a lo que dice el reportaje. Pero lo que en realidad atrae al niño es el reportero: Juan Carlos Bodoque, un conejo rojo que entrevista a un cerdito, a una coneja de peluche, a una gota de agua. Padre e hijo ven, casi con la misma atención, el reportaje llamado “La ruta de la caca”, una de las entregas de la Nota Verde del noticiario 31 Minutos.

El reportaje termina y aparece el conductor del telediario: Tulio Triviño, otro títere. El productor, Juanín Juan Harry, también lo es. Lo mismo que el conductor de la sección musical, Policarpo Avendaño. La pantalla se puebla de muñecos. Un calcetín con rombos, como los que papá guarda en el cajón, es un superhéroe. Todos integran el elenco de este programa infantil que nació en Chile pero que pronto saltó las fronteras para convertirse en uno de los seriales para niños más exitosos de los últimos años en América Latina. Un programa que lo mismo se metió al cine que al teatro, a los festivales de rock que a las páginas de los libros.

Un noticiario que tenía un objetivo: hablarle a los niños como si fueran adultos y a los adultos como si fueran niños. Y que se logró en pequeñas dosis de apenas 31 minutos.

 

Yo nunca vi televisión

En 2002, el Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV) puso a concurso fondos para la producción de un programa infantil. Álvaro Díaz y Pedro Peirano, que junto con Juan Manuel Egaña dirigían la productora Aplaplac, decidieron concursar. Periodistas ambos, se les ocurrió crear un noticiero. Luego, con un poco de nostalgia por los programas infantiles de la década de los setenta, decidieron que los protagonistas serían un grupo de títeres. Presentaron el proyecto de “un noticiero conducido y reporteado por títeres y muñecos” que tenía por objetivo “despertar, con sentido del humor, todos aquellos temas que interesan y llaman la atención de los niños”. Díaz y Peirano ganaron el concurso y obtuvieron fondos para producir 21 capítulos.

Aquellos que tengan poco más de 30 años reconocerán fácilmente la referencia al noticiario 60 Minutos, cuya versión mexicana estaba a cargo de Televisa y que también tenía su edición chilena. Álvaro Díaz explica que decidieron crear un noticiero porque “es un formato en el que cabe un montón de cosas”. Y vaya que cupieron: tomando como punto de partida situaciones de la realidad chilena —que resultaron no ser tan diferentes de la realidad latinoamericana—, llamaron la atención de la audiencia con reportajes, entrevistas, sondeos, parodias, videos musicales y muchas, muchas peripecias.

Al equipo encabezado por Peirano y Díaz se sumó Pablo Ilabaca, integrante del grupo Chancho en Piedra. Él estuvo a cargo de la música. “Desde tiempo atrás yo había pensado hacer música para las tiras cómicas que hacía Pedro. Cuando se juntaron para hacer 31 Minutos, Pedro le comentó a Álvaro que yo tenía algunos temas y me invitaron”, comenta Ilabaca.

En realidad, Pablo tenía sólo tres temas: “Yo nunca vi televisión (y luego sí pero después no)” —tema central de la serie—, la música de Calcetín con Rombos-Man y “Tangananica - Tangananá”. Luego de una reunión, los productores le dijeron que necesitaban quince temas en dos semanas. Los compuso. La directriz fue una: “Hacer música entretenida, delirante, lúdica, que enganchara y fuera trasversal, es decir, que gustara a niños y adultos”. Y, al parecer, lo logró: poco a poco comenzó a darse cuenta de que en la calle la gente cantaba las canciones del programa, las escuchaba en las discotecas, en los negocios.

El fenómeno había comenzado.

Bailan sin cesar

Con el éxito en Chile, el programa no tardó mucho en llamar la atención allende las fronteras. En la segunda mitad de 2004, la cadena internacional Nickelodeon compró los derechos y comenzó a transmitir la serie, que ya sumaba dos temporadas. La relación con el canal infantil no duró mucho —no se transmitió la tercera temporada—, pero fue determinante en la expansión del programa.

Mientras el programa circulaba en Nickelodeon, Díaz y Peirano lo llevaron a un festival de televisión para niños en Múnich, Alemania. David Revilla, productor ejecutivo de Once Niños —la cara infantil de Once TV, el canal de televisión del Instituto Politécnico Nacional—, explica que desde el principio les interesó el producto, pero no podían hacer nada debido al contrato preexistente con Nickelodeon. Cuando éste terminó, Once TV se convirtió en el primer canal de televisión abierta en transmitir el programa fuera de Chile; luego se sumaron Colombia, Argentina, Uruguay y España. 

Los grandes hits de Policarpo

Uno de los pilares del éxito de 31 Minutos son sus canciones. Y eso es algo que los creadores del programa detectaron de inmediato, por lo que decidieron editar un disco homónimo. Para armarlo usaron los temas del “Ranking Top”, la sección musical conducida por Policarpo Avendaño, que fueron acompañados de otros audios para completar 31 tracks. ¿El resultado? “El primer día de ventas se vendieron 10 mil copias. En total se vendieron 200 mil discos en Chile”, detalla Pablo Ilabaca, compositor de las canciones
Con la misma dinámica se hicieron 31 canciones de amor y una canción de Guaripolo y Ratoncitos. Según el músico chileno, una de las grandes virtudes de los discos es que funcionan por sí solos. “Puedes viajar en el auto oyendo los discos y no hace falta ir viendo el programa”. Y al igual que pasó con la serie, la música de 31 Minutos brincó fronteras: convocadas por Ro Velázquez, miembro del grupo Liquits, distintas bandas se reunieron para hacer un disco tributo, que salió al mercado con el sello Terrícolas Imbéciles. Velázquez, productor del tributo, explica que la idea nació de su admiración por el noticiero: “Soy fan del programa. Se me ocurrió la idea de hacer una especie de tributo con grupos mexicanos, con el único requisito de que a los participantes les gustara el programa, que le tuvieran apego”.
Velázquez no tardó mucho en llevarse una sorpresa: todo mundo era fan y quería participar. Al llamado respondieron Rubén Albarrán, Emanuel del Real, Natalia Lafourcade, Ximena Sariñana, María Daniela y su Sonido Láser y Belanova, entre otros. Luego, Terrícolas Imbéciles sumó a bandas chilenas como Los Bunkers y Chancho en Piedra —la banda de Pablo Ilabaca—, dando como resultado el disco Yo nunca vi televisión, que comenzó a circular en 2009. Y no tardo en llegar otra sorpresa: más bandas querían participar. Así, se editó un extra con materiales de Radaid, Afrodita, Los Músicos de José, Rita Guerrero y algunos más. “Todo mundo quería entrarle, se me saturó el proyecto. Fue increíble”, dice el integrante de Liquits.
Luego pasó lo que nadie hubiera deseado jamás: el disco cayó en el limbo. “La disquera no le puso el interés que hubiéramos querido a la difusión. Luego, en un paso que nunca me explicaron del todo, Universal agarró el disco y ahí fue donde se congeló”, explica Ro Velázquez, quien no descarta la idea de hacer otro de manera independiente.
A pesar de todo, Pablo Ilabaca, compositor original de los temas de la serie, dice que el material lo dejó contento: “Me gustó mucho el disco. Algunos temas más que otros, pero fue un gran honor”.

Revilla señala que lo que más llamó la atención fue que los conductores del noticiero fueran títeres, y que resultó ideal para un canal que busca ofrecer contenidos en todos los formatos. “La tele está muy cargada a la animación y hay pocas cosas de acción viva. En la búsqueda de ofrecer contenidos diversos en estilos y técnicas, esto era sobresaliente”.

Once TV comenzó a transmitir 31 Minutos en 2006. La incursión en México, dice Álvaro Díaz, fue fundamental. “Entrar a México fue importante para darle una sobrevida al programa. El éxito que tuvimos en México nos ayudó a que siguiera vigente y a desarrollar otros proyectos”. Considerado ya como un clásico del canal, 31 Minutos entra y sale de la programación de Once Niños; David Revilla explica que a veces lo sacan del aire para mostrar cosas nuevas y entonces lo vuelven a transmitir. Mientras se escribe este texto, el noticiero “descansa”, pero no del todo: en su lugar se transmite Las vacaciones de Tulio, Patana y el pequeño Tim, una serie de doce capítulos en los que, con estos mismos tres personajes, los productores exploraron otros temas con otros títeres, para niños de etapa preescolar.

 

Tangananica — Tangananá

Con el salto a otros países surgió un problema: el programa estaba hecho en Chile y para los chilenos. Y aunque el español nos une, también nos separa: los diálogos del telediario estaban llenos de “chilenismos”.

Durante una visita a Guadalajara en 2011, Pedro Peirano y Álvaro Díaz contaron que una de las cosas que más les llamaba la atención de El Chavo del ocho era su capacidad para hacer reír a un público que no estaba familiarizado con la jerga mexicana. En aquella charla, Peirano dijo que El Chavo era un gran referente porque, a pesar de no contar con adaptaciones, tuvo un gran éxito en Sudamérica.

Álvaro Díaz explica que en el caso de 31 Minutos sí fue necesario hacer algunos cambios. “Las adaptaciones se hicieron para hacer más comprensibles algunas cosas, pero conservamos casi todo porque creemos que a uno le interesa la gente en la medida en que esa gente es de alguna parte”. En Once tv, el asunto del lenguaje sí fue tema de discusión. Revilla explica que incluso se planteó la posibilidad de hacerle un trabajo de doblaje. Al final no se hizo porque “nos dimos cuenta de que el programa se entiende en lo general. Tal vez algunas palabras no, pero es parte de tener programas de otras nacionalidades. Además, si el programa es un éxito se debe a cómo fue hecho”.

Para zanjar el asunto, Pablo Ilabaca pone como ejemplo uno de los temas más conocidos de la serie: “Tangananica - Tangananá”. El músico dice: “¿Qué son Tangananica y Tangananá? No son nada. Es como decir carne y verdura. Son dos cosas antagónicas, pero no son nada en Chile ni en México, y entonces por eso se entiende”.

La regla primordial

Tulio, Bodoque, Juanín y compañía triunfaron en Chile. Triunfaron en México. Triunfaron en todas partes. Basta echar un vistazo en Google para darse una idea de la cantidad de elogios que es capaz de generar un programa de televisión infantil.

¿Cuál es la clave del éxito? Álvaro Díaz dice que todo se debe a que el programa “tiene una cosa genuina, medio ingenua. No está hecho con estudios ni con focus group. Es producto del trabajo de un grupo de gente que cree que así hay que hablarles a los niños. Hay una influencia clara de Los Muppets, El Chavo, Plaza Sésamo”. Durante su ya referida visita a Guadalajara como parte del programa de Dsemboca 2011 en el ITESO, Pedro Peirano también explicó que uno de los problemas recurrentes en programas infantiles es que “muchos buscan teorizar, pero la teoría no funciona para nada con los niños”.

En la misma línea va la opinión de Pablo Ilabaca. Para él, la razón del éxito estuvo en que todo el equipo de producción se puso en el lugar de los niños, para luego poner a los niños en el lugar de los adultos. “Algo que les falta a los programas infantiles es no tratar a los niños como si fueran estúpidos. Un niño también va a ser adulto, entonces vamos tratándolos de forma adulta porque ya van a crecer”.

Para el crítico de televisión Omar Rincón, el éxito de 31 Minutos se cimienta en el hecho de que sus productores “crearon un formato propio, que se ha podido adaptar a diferentes realidades. Apelan a un nuevo concepto de televisión infantil que busca no tanto contenidos sino formatos que se adapten”. Rincón, director del Centro de Competencia en Comunicación para América Latina de la Fundación Ebert, añade que, además de lo novedoso del programa, el noticiero de títeres también ha servido para que “los productores de televisión infantil de América Latina se junten. Ha promovido la discusión colectiva sobre un tema tan difícil como lo es la televisión infantil”.

Rincón identifica tres claves para el éxito: “Trabajan en pequeños fragmentos, y eso lo hace súper interesante. Tienen sentido del humor, no son serios como pretende ser la televisión educativa. Y tratan a los niños como sabios, no como tontos. Los respetan”.

Dime títere, porque soy un títere

Según Pedro Peirano y Álvaro Díaz, durante la vida que ha tenido el proyecto 31 Minutos han creado cerca de 300 personajes. Sin embargo, se puede considerar como principales a los siguientes títeres:

Tulio Triviño
Es el conductor del noticiario. Engreído, sólo sabe meterse en problemas por su ignorancia y su megalomanía. Cree que el Universo gira a su alrededor, aunque no sabe bien a bien qué es el Universo.

Juan Carlos Bodoque
El reportero estrella y titular de la Nota Verde, sección en la que aborda problemáticas medioambientales. Tiene su lado oscuro: es ludópata y no duda en apostar todo lo que le pongan enfrente.

Juanín Juan Harry
Es el pilar del noticiario. Tulio y Bodoque lo encontraron en el bosque por accidente cuando eran niños. Es el último de su especie, los juanines, y es el oscuro objeto del deseo de Cachirula, una coleccionista de especies exóticas.

Policarpo Avendaño
Tiene a su cargo el Ranking Top, donde da cuenta de los éxitos musicales del momento. Cada vez que una emoción lo desborda, se traba y sólo puede decir “Top top top top top…”.

Guaripolo
Es, según sus propias palabras, “el personaje favorito de los niños de 31 Minutos”. Siempre está acompañado por su amigo Sopapiglobo, un amarillo y sonriente globo.

Calcetín con Rombos Man
Vive en una cómoda cómoda de Ciudad Cómoda. Si alguien tiene problemas, él acude para arreglar las cosas tomando como referencia la Declaración de los Derechos del Niño.

Diente blanco, no te vayas

A pesar su popularidad, la vida de 31 Minutos fue relativamente breve: sólo se grabaron tres temporadas. Pablo Peirano y Álvaro Díaz han explicado en repetidas ocasiones que no fue casual: desde que planearon el noticiero —antes de que llegaran la fama y la fortuna—, ya estaba decidido que sólo harían tres entregas, grabadas entre 2003 y 2005.

No obstante, los títeres tenían otros planes: además de las tres temporadas, también grabaron un especial de Navidad y han aparecido en diferentes campañas para la Unicef. En 2008 dieron uno de sus saltos más arriesgados: el estreno de 31 Minutos, la película. La idea, explica Álvaro Díaz, surgió durante la tercera temporada. Y fue prácticamente una necesidad. “Nos entró el bicho de la película porque empezaba a bajar la intensidad y necesitábamos hacer cosas nuevas”, dice el productor.

Así, realizaron un largometraje en el que se invirtieron más de 2.5 millones de dólares, convirtiéndose en una de las películas más costosas de la cinematografía chilena. Durante su primer fin de semana en cartelera, la cinta reunió a 55 mil espectadores. El sitio Cine Chile documentó que, al final de su tiempo de exhibición, la cinta fue vista por 218 mil 376 personas, colocándose como una de las tres películas más vistas en la primera década del siglo XXI. Su estreno en México se programó para 2009, pero la cinta se topó con un enemigo: el cerco sanitario por la influenza aH1N1. Tras varias reprogramaciones, la película se proyectó en octubre, pero no tuvo mucho éxito.

Cuando todo el mundo creía que ya no se podía ir más lejos, los títeres volvieron a hacer de las suyas: tras los terremotos de febrero de 2010 en Chile, salieron a dar funciones al aire libre en las zonas más afectadas por los temblores. Cuando llegó el invierno modificaron el show para presentarlo en foros pequeños. Así nació Resucitando una estrella, obra de teatro en la que un grupo de artistas caídos en desgracia busca recuperar la fama que alguna vez tuvo. La obra pronto viajó al que es —podría decirse— su segundo hogar, México, para ofrecer una temporada en el foro Shakespeare de la capital del país. En Guadalajara ofrecerán funciones los fines de semana de julio en el Teatro Experimental de Jalisco.

¿Les parece mucho? Pues los títeres no tienen llenadera: en fechas recientes —31 de marzo y 1 de abril de este año— hicieron lo que nunca antes: tocar en directo, como parte de la versión chilena del Festival de rock Lollapalooza. Y aún hay más: en 2010 se lanzó el libro Montaña bazofia y un año después comenzó a circular Mburu, con ilustraciones de Alen Lauzán.

Y aunque siguen surgiendo proyectos, Álvaro Díaz dice que cada vez es más difícil trabajar cosas de 31 Minutos, porque ya todos andan en asuntos diferentes. No obstante, se le escucha emocionado cuando menciona la posibilidad de que el noticiario viaje a México a finales de año para sumarse al programa que traerá Chile como parte de su participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Los títeres se resisten a decir adiós de manera definitiva. ¿Por qué?

Pablo Ilabaca ni siquiera lo piensa: “31 Minutos se niega a morir porque es muy bueno, y las cosas que son buenas siempre se niegan a morir. Ve a Michael Jackson, Stanley Kubrick, Diego Rivera. Cuando estuve en el df, fui a la unam y es increíble ver los murales de Rivera. Es increíble: todavía está vivo. Se niega a morir Rivera. Se niega a morir Jackson. Se niega a morir Kubrick. Y, obviamente, 31 Minutos también se niega a morir”. m

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