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El empleo y la crianza en una historia muy mexicana

Además de luchar por abrirse un lugar en la vida laboral, las mujeres mexicanas que son madres de familia libran otra batalla sin cuartel: la del cuidado de sus hijos. Y es que en México no hay una política laboral que permita conciliar de manera medianamente armónica el desarrollo profesional con la atención de los infantes.

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La madre suplicante: “Por favor, escriba que mi niño es apto para la guardería del IMSS”. El médico del Seguro Social, indolente, menea la cabeza, encoge los hombros, señala el moco que se asoma por la nariz del bebé de cinco meses —un moco típico de niño de guardería—, muestra la salida del consultorio público y, por fin, da señales de voz: “¿Para qué tuvo hijos si no tiene quién se los cuide?”. Es el comienzo de esta historia sobre la vida laboral y la crianza.

En México, sus protagonistas se cuentan por millones: alrededor de 26 millones de madres —un cuarto de ellas sin pareja—, de las cuales 10.4 millones salen a trabajar. Y de los hijos de menos de cuatro años de estas mujeres —casi tres millones de criaturas—, sólo medio millón acude a alguna guardería pública, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social (CEIDAS), y el Consejo Nacional de Población (Conapo).

A mediados de abril de 2011, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) le puso pimienta a la historia: los mexicanos estamos más atareados que los vietnamitas, estadunidenses, nigerianos, alemanes —que el resto de la humanidad. En promedio trabajamos diez horas diarias, entre las labores remuneradas y las del hogar, dice la ocde, y sus cifras se quedan cortas en comparación con las estadísticas mexicanas. Desde 2007, la Encuesta Nacional de Empleo advertía que de cada diez mexicanos, tres trabajan más de 48 horas a la semana, y muchos de ellos hasta 56 horas (sin contar el trajín de la casa).

A las criaturas de estos mexicanos tan rebosantes de horas laborales, la Convención sobre los Derechos del Niño les asegura, teóricamente, “todas las medidas apropiadas para […] beneficiarse de los servicios e instalaciones de guarda de niños…”. En el mejor de los casos, la práctica les regala una infancia entre la guardería y la pantalla del televisor; entre la casa de un familiar y la casa propia, mientras su madre se entiende con el diseño de alforjas, la confección de artesanías, la redacción de textos. En los peores casos, la práctica les regala el encierro bajo llave. De vez en cuando, estos encerrados se asoman por las rejas de la nota roja del país: envenenados, quemados, ahogados. En Noruega, dicen, es difícil que sucedan horrores así. En 2010 ese país fue calificado por la organización Save the Children como el mejor del mundo para ser madre. Para elaborar su ranking, la organización evaluó la esperanza de vida, el nivel educativo y la remuneración de las progenitoras, así como los espacios para la crianza y el tiempo de cesantía por maternidad.

Sólo en los últimos temas, la comparación entre México y Noruega provoca envidia: mientras aquí una madre está obligada a dejar de trabajar 42 días antes y 42 días después del parto, una escandinava puede tomarse alrededor de once meses con el sueldo íntegro o unos catorce meses con 80 por ciento de su salario. En México, las empresas e instituciones de avanzada permiten que los padres recientes conozcan a su bebé dos días; en Noruega, los varones se quedan en casa a cuidar a su bebé casi un mes y medio sin que su quincena disminuya. Desde 2009, la infancia noruega tiene, por ley, derecho a una estancia infantil y las guarderías privadas cobran, como máximo, el equivalente a 4,300 pesos; en México no hay espacio para todos y una guardería particular puede costar hasta seis mil pesos mensuales.

En las cunas de los noruegos, los cambios en favor de la maternidad comenzaron en 1977. Los últimos logros se le atribuyen a Anniken Huitfeldt, que entre 2008 y 2009 fue ministra de Infancia, Igualdad y Asuntos Sociales. El suplemento El País Semanal del 22 de agosto de 2010 cita a Huitfeldt: “Todas las medidas las tomamos a pesar de la recesión. Le vimos muchas ventajas económicas […] No es un proceso natural […] Lo que tenemos es el resultado de decisiones políticas”.

En la lista de Save the Children, que puso a Noruega como la tierra prometida de las madres, las naciones se dividen en tres categorías: los prósperos, los regulares y los pobres. Los ricos también lloran: Estados Unidos ocupa el lugar 28 (de 43) en el primer grupo. En el segundo, de 77 países, Cuba está en la cabeza y Nigeria en la cola —México ocupa el sitio 23—. En el tercero, el peor de los peores es Afganistán.

 

Se solicita madre matada

“Las empresas europeas son las mejores… pero nomás en su tierra”, ironiza Andrea Muro, el seudónimo de una contadora de 37 años de edad que encontró el primer obstáculo para ser madre y profesional a la vez, en la sucursal mexicana de una tienda europea… de artículos para maternidad. Andrea fue la jefa de recursos humanos durante cuatro años, durante los cuales su desempeño recibió elogios; pero su vida cambió en 2002 con la llegada de su hija. Durante el último año de servicios, a la contadora le dieron la “oportunidad” de llegar más temprano que sus compañeros, trabajar a la hora de la comida, salir a las cuatro de la tarde para recoger a su hija de la guardería, cruzar la ciudad, dejar a la bebé con la abuela, volver a cruzar la ciudad, llegar a la oficina a las 17:20 y trabajar hasta las siete, media hora más que sus colegas.

La oportunidad caducó en 2003. Su jefa le informó que ya no podría recoger a la nena de la guardería. “Intenté negociar el horario, salir más tarde, trabajar los sábados. No hubo modo. Renuncié. Las condiciones de las empleadas de la misma empresa en España y Portugal son de ensueño, pero aquí preferían reclutar a madres solas y en situaciones de crisis emocional —son más responsables— que estuvieran dispuestas a no cuidar de sus hijos”.

El mal sabor de boca se diluyó en su siguiente empleo, como contadora de una pequeña empresa de sistemas de cómputo, pero volvió a mediados de 2010, cuando Andrea renunció para mejorar sus ingresos. Las compañías que recibieron su currículo le preguntaron quién lleva a su hija a la escuela, quién la recoge, quién la cuida cuando se enferma, cómo repercutía su maternidad en sus labores profesionales. “Puras advertencias”, dice. En la última, una empresa de servicios, debió responder tres veces, ante tres reclutadores, la causa de su maternidad en soltería. “Llegaba a mi casa deprimida, después de confesar cosas que no le cuento ni a mis amigas. Lo peor fue que me quedé con ese empleo. Desde julio de 2010 dejo a mi hija en la escuela a las ocho de la mañana y vuelvo a verla a las siete de la noche. La televisión la educa”.

Le pregunto por qué aceptó esas condiciones y Andrea me mira como si preguntara cuáles son los colores de la bandera mexicana: “Échate un clavado a las páginas de internet de las bolsas de trabajo”.

Internet/Bolsas de trabajo/Administradores/Últimos 30 días: “Se solicita contadora soltera”. “Requisitos: hombre, 30-40 años”. “Requisitos: buena presentación y medidas (enviar foto en la solicitud)”. En tres de las doce primeras vacantes, las madres son discriminadas con discreción o descaro. Quizá las ofertas de trabajo en el país son un método anticonceptivo eficaz y barato. “¿Para qué tuvo hijos si no tiene quién se los cuide?”, diría el médico indolente.

Equidad, un comienzo

“No todos son iguales”, consuela Jocelin de Alba, la jefa de Asesoría y Auditoría para el Modelo de Equidad de Género (MEG) del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres). El plan nació en 2002 con el auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Ante los vacíos legales para evitar la discriminación laboral, pretende que las organizaciones públicas y privadas adopten políticas que concilien la vida familiar con la laboral, entre otros temas.

La servidora define al MEG como “un sistema ISO, pero en bonito; busca la calidad de la vida de las y los empleados y, para lograrla, sistematiza y reglamenta todos los procesos”. Una empresa que pretenda certificarse jamás establecerá como requisitos para una vacante el sexo, estado civil, edad, número de hijos, complexión, estado de ingravidez. La certificación es válida durante un par de años, al término de los cuales el Inmujeres hace una auditoría para renovarla.

El MEG es un oasis de protección para las mujeres trabajadoras. El detalle es que los oasis están en los desiertos: de las 540 organizaciones certificadas en México entre 2003 y 2010, sólo un tercio es de empresas privadas y su distribución en el país es disímil: Puebla está en primer lugar, con 134 certificaciones; del lado contrario, Durango tiene dos.

Otros detalles: el programa del Inmujeres es voluntario, no otorga estímulos fiscales y cada una de las empresas decide cuáles políticas de género llevará a cabo.

La Secretaría del Trabajo y Previsión Social de Jalisco está entre las 49 empresas certificadas en el estado, así que es obligado visitar una de sus sedes: una casona centenaria de dos pisos en el primer cuadro de Guadalajara. Abogadas van, abogados vienen, pero sus hijos no aparecen por los pasillos ni hay un módulo de columpios en el edificio. “Todos y todas cuentan con tres días al año para asuntos personales, con un par de días si se cambian de casa, y los hombres pueden faltar dos días cuando nacen sus hijos”, explica la coordinadora de Equidad y Género de la institución, Gabriela Carrillo. ¿Es todo? “Hicimos convenio con centros de recreo para que los y las empleadas tengan descuentos”.

Gabriela Carrillo promete que en el próximo edificio de la Secretaría, para el cual ya existe un terreno, habrá una estancia infantil y áreas para lactancia, pero desconoce la fecha de inicio de la construcción.

Desde el Inmujeres, Jocelin de Alba menciona a otras empresas del país que tienen políticas relacionadas con el género: Kraft contrata a mujeres con cinco o seis meses de embarazo; en Seguros GNP hay salas para que las madres recientes amamanten a sus bebés; en Hewlett Packard funcionan los horarios flexibles...

 

Una Disneylandia laboral

En el corazón de Hewlett Packard de Guadalajara, desde donde se mueve la nómina de más de 65 mil empleados de esta trasnacional en América, el director regional, Julio Acevedo, habla de las políticas de la compañía: reducción del impacto ambiental, privacidad, honestidad en los negocios, diversidad... género.

Ejemplos: los trabajadores de HP nunca llegan tarde. Los checadores no existen y las “horas nalga” tampoco. La mayoría puede acceder al esquema de medio tiempo. A las mujeres recién paridas, la empresa les otorga un día extra, libre y pagado, por cada dos días de vacaciones, aparte de los 42 días de cesantía que les da la ley. Las madres pueden faltar por el festival del 10 de mayo o cuando sus niños tengan fiebre. El lunes de la semana santa de 2011 es posible ver por los corredores impecables de la compañía a una nena de un año en los brazos de su madre.

—¿Qué gana HP con estas medidas? —le pregunto a Julio Acevedo.

—Estabilidad. Trabajar en un lugar así es padrísimo y, por lo tanto, el capital humano se fortalece. El compromiso y la lealtad de los trabajadores son altísimos. Las madres pueden seguir trabajando, lo cual le da un valor agregado a la institución.

—¿Nadie abusa?

—Es que no somos Disneylandia. Todos trabajamos por objetivos y exigimos alto desempeño; mientras se cumplan, es problema de cada quien dónde y a qué horas trabaja. Muchas madres vienen la mitad del día y la otra mitad trabajan desde casa.

Busco guardería.

Algunos requisitos que deben cumplir las guarderías y estancias infantiles son:

1. Investiga si la guardería está registrada ante la Secretaría de Salud en tu entidad.

2. La Norma Oficial Mexicana 167-SSA1-1997 obliga a las guarderías a tener, como mínimo, una educadora, una enfermera, una asistente educativa, una puericultista, una trabajadora social y una dietista.

3. Protección Civil o Bomberos deben certificar que el establecimiento tenga equipos contra incendios y personal capacitado en emergencias.

4. Las estancias deben tener control de las vacunas, el peso y la talla de los pequeños.

5. Que cuente con personal capacitado y suficiente que atienda por separado a los usuarios.

En las guarderías del IMSS, los parámetros son:

• Una persona a cargo de cuatro niños de menos de un año de edad.

• Una persona por cada cinco niños de entre 13 y 18 meses de edad.

• Una persona por cada 12 niños con entre 19 meses a tres años.

• Una persona por cada 14 niños de entre tres a cuatro años.

Fuente: Dirección de Guarderías de la Delegación Jalisco del IMSS.

 

Diseñamos alforjas y tiempo

Los días en los que la madre suplicante del primer párrafo no puede pagar la guardería privada de su bebé con mocos y debe cuidarlo en casa, se atasca su trabajo como redactora. El bebé come, eructa, hace caca y reclama atención todo el día.

Lo mismo le ocurre a Alejandra Escobar, diseñadora gráfica de 30 años y madre primeriza de un bebé de diez meses. Al principio de la charla se echa porras. Dice que trabajar en casa le da oportunidad de jugar con su hijo, salir a dar un paseo, darle el pecho, preparar su comida, verlo crecer…

Hasta hace un par de años trabajaba en un estudio de diseño y gozaba de prestaciones sociales. Justo cuando planeó su embarazo, el despacho se cambió de ciudad y ella decidió quedarse en Guadalajara. Entonces emprendió con su pareja un negocio de creación de alforjas y otros artículos para bicicleta. El tema es que el negocio no le da para pagar una guardería privada ni tiene derecho a una del Seguro Social.

Resumen: diseña cuando su pequeño duerme… y duerme poco. Dos siestas, a lo sumo. Alejandra aprovecha la primera para revisar su buzón de correo electrónico y hacer llamadas. En la segunda planea lo que continuará durante la madrugada y aventaja los quehaceres domésticos. Cuando recibe clientes, hace malabares para bañarse, recoger su casa-oficina-sala de juegos y atender al niño mientras atiende a sus clientes.

El trabajo nocturno acumulado es directamente proporcional al insomnio del bebé. “Entre la casa, el trabajo y mi hijo, tengo poco tiempo para mí”, admite con cierta culpa. “Lo bueno es que ya pronto va a caminar”, suspira con una inocencia que dan ganas de abrazarla.

 

Guarderías, la balanza de la desigualdad

La gateada y los primeros pasos son motivo de la saturación de las salas que atienden a los pequeños de entre siete meses y dos años de edad en los centros de desarrollo del Seguro Social —en México, la mayoría de los percances de los menores de cuatro años ocurre en el hogar. Acá reciben niños desde los 45 días de nacidos hasta los cuatro años. “Cuando nacen, todos se ofrecen a cuidarlos. Cuando comienzan a gatear y caminar, nadie los aguanta”, afirma Fabiola Avelar, la jefa de Guarderías de la delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Jalisco. Tiene experiencia en el asunto. Por lo menos, experiencia institucional. La historia de las guarderías en México comenzó con las que el imss abrió alrededor de 1960 para las trabajadoras de la institución y desde 1974 para la infancia asegurada de México.

Los usuarios reciben alimentación balanceada, siguen un plan de salud, tienen un programa pedagógico y un espacio de pocos riesgos. Desde 2009, la seguridad se volvió una obsesión tras el incendio que mató a 49 pequeños de la estancia ABC, en Hermosillo, Sonora, afirma Avelar. Pero otros creen que lo de la abc ocurrió precisamente porque el IMSS evade su responsabilidad al subrogar a particulares el cuidado de la infancia. “No es subrogación”, jura Fabiola, “es la prestación de servicios de un particular que por 2,500 pesos mensuales por niño, pone la infraestructura y paga al personal mientras el imss lo supervisa”.

Pero la paga es poca. En algunos casos, unos 1,200 pesos quincenales a las “puericulturistas que tienen al cuidado a la infancia mexicana” durante ocho horas diarias.

—El IMSS verifica la atención de los niños, no los sueldos. No tiene la facultad de exigirle a los particulares que aumenten los salarios.

En 2009, el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social (CEIDAS) hizo una radiografía de las estancias infantiles en México y lamentó que 85 por ciento de los 214 mil niños que atiende el imss reciba atención subrogada. En las estancias del ISSSTE, 75 por ciento de los 34 mil usuarios está al cuidado directo de la institución, que hace un par de años invertía tres mil pesos mensuales en cada nene.

En cambio, el Programa de Estancias Infantiles de la Secretaría de Desarrollo Social, que gasta en promedio 500 pesos mensuales por familia beneficiada —lo mismo si atiende a uno que a tres niños—, es la única opción para la mayoría: un poco más de 221 mil hijos de trabajadores sin prestaciones laborales. Resulta que los hijos de los más pobres tienen menos derechos: los progenitores pagan la diferencia de la colegiatura, cuyo monto no está regulado.

La madre suplicante opina que, con todo, la guardería del imss es una de las mejores cosas que le han ocurrido. Tras el encuentro con el médico indolente que suspendió a su hijo, la mujer recurrió a una estancia particular para un estatus económico medio-alto. No hay control del ingreso y la salida de los nenes, ni de sus alimentos ni de sus nuevos aprendizajes.

El pero es que el servicio que prestan el IMSS y el ISSSTE es limitado. En un país donde la familia es una institución diversa y miles carecen de prestaciones sociales, los hombres no tienen derecho a una guardería para sus hijos —a menos que obtengan la custodia legal por viudez o divorcio—, muy pocas estancias atienden a pequeños con discapacidades, los niños que viven con vih son rechazados. Nadie atiende a los vástagos de las mujeres que trabajan por la noche. Nadie se hace cargo de los hijos de los padres rebosantes de horas laborales.

Para que la casa sea una oficina segura

•  Una oficina, un estudio o taller en casa están llenos de objetos peligrosos. Ponlos en un lugar con llave cuando no los uses.

•  Enseña a tus hijos a no tocar las cosas de tu escritorio y guárdalas en un lugar con llave cuando dejes de trabajar.

•  Ponle tapas plásticas o portavasos a las ruedas de los muebles, para que queden anclados al suelo.

•  Mantén los cables fuera del alcance de los pequeños, con multicontactos y cinturones de velcro.

•  Son mejores los tomacorrientes con tapas incorporadas, que se cierran automáticamente; las tapas quita-pon pueden representar un riesgo de asfixia.

•  Los juguetes mantendrán a los infantes ocupados un rato mientras trabajas.

•  Las tazas de café y vasos deben estar alejados de las orillas y del alcance de los niños.

•  Mantén las tijeras, engrapadoras, los clips, ligas y tachuelas en un lugar seguro. Prescinde de la trituradora de papeles.

•  Recuerda que los pequeños tratarán de imitar cómo utilizas las cosas, pero no están capacitados para hacerlo solos.

 Fuente: Revista en línea de la Procuraduría Federal del Consumidor, 21 de mayo de 2010.

 

Beneficios probados

En general, la psicoanalista y académica del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara, Xóchitl Romo, encuentra ventajas en que los pequeños vayan a la guardería. “La mayoría aprende a separarse de sus padres sin un sentimiento de tragedia; confía en otros adultos; es más independiente y responsable…”.

—Muchos creen que estos niños se trauman...

—Al contrario. Valoran que su madre tenga deseos por otra actividad que no sea el cuidado de sus hijos, así ellos también desarrollan deseos propios. No significa que las amas de casa están equivocadas; el problema surge cuando están todo el tiempo con sus hijos. A ellos les viene mejor una madre contenta que una harta.

—En el otro extremo, muchos pasan doce horas en una estancia...

—Es una desventaja que pasen más de ocho horas en la guardería. Los niños necesitan ver a sus padres, ir al parque, estar en casa. Cuando no hay de otra, es importante que los padres aprendan a despedirse en vez de escabullirse; si es posible, que alimenten a sus hijos o coman con ellos, y que tengan una excelente comunicación con los cuidadores para estar al tanto y establecer acuerdos. Por ejemplo, si las nanas son las abuelas, hay que dejarles claro que algunas decisiones sobre el cuidado deben ser consultadas con los padres. Es importante que las madres eduquen aunque estén lejos: que estén presentes en la palabra de los cuidadores… Y un básico: cuando pasan mucho tiempo lejos de sus hijos, los adultos deben dejar de preocuparse por los quehaceres de la casa durante sus días libres.

—Algunas madres tienen actos compensatorios por el tiempo fuera...

—Eso ocurre porque culturalmente las madres tienen una imagen virginal, según la cual su único deseo debe ser el cuidado de sus hijos. Los actos compensatorios, que pueden ser dañinos, ocurren cuando una madre se tortura porque sus deseos no se adaptan a esa imagen virginal, y quiere hacer cosas sin sus hijos. Los niños necesitan una madre orgullosa de lo que hace cuando no está con ellos.

En el tema de las guarderías, la psicoanalista tiene una carrera teórica y práctica. Parió durante una estancia en España, en 2008, y su hija fue a la guardería un semestre, entre 2008 y 2009. ¿Algunas diferencias entre las políticas de maternidad de los dos países? Los españoles reciben un cheque del gobierno para pagar guardería y discuten ajustes legales para que las madres recientes reciban en casa a una especialista en crianza. Los cuidadores de las estancias tienen mucha comunicación con la familia. Los hombres participan activamente; algunas guarderías tienen cámaras web para que los padres puedan ver qué hace su hijo y cómo lo tratan.

Justo así se imagina el director de HP, Julio Acevedo, el futuro en México: “Ojalá en unos años los mexicanos digan: ‘no estoy dispuesto a trabajar en una empresa que no tenga políticas que me permitan tiempo con la familia’”.

La madre suplicante quiere ser una de esas mexicanas exigentes. Por ahora, se conforma con que su hijo regrese a la estancia del imss. Mientras teclea las últimas letras de una historia muy mexicana sobre empleo y crianza, su bebé juega tendido en una cobija. Es hora de limpiarle el moco. m

 

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