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Jóvenes: educación digna para un trabajo digno

La labor de Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto, donde no gotea el agua potable y la ciudad pierde su nombre. Esta red de escuelas populares se ha expandido por 21 países, entre ellos Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Paraguay. En Europa está presente en España y en Italia —en Milán abrió un espacio para la formación educativa de los migrantes procedentes de Ecuador— e, incluso, tiene presencia en África. 

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Foto: Cortesía Fe y Alegría
Foto: Cortesía Fe y Alegría

La primera vez que Daniela Valdivia Muñoz visitó la Ciudad de México fue en un viaje escolar, cuando era estudiante de primaria. No pasaría mucho tiempo para que regresara por un asunto de trabajo. En esta ocasión, a sus dieciocho años, estaba en su primera junta ejecutiva. El hecho de encontrarse en esa sesión de trabajo significaba que había vencido dos condiciones que generan discriminación en este país: ser joven y ser mujer. Aunque podría quedarse sólo en anécdota, Daniela comparte que aquella vez escuchó términos que no sabía qué significaban ni a qué se referían. Eran palabras y temas nuevos, y ella se preguntaba: “¿Qué es eso?”.

“Al principio, cuando yo entraba en reuniones del área, no entendía nada del negocio”, recuerda esta joven. Sin embargo, después de varias reuniones ejecutivas, el constante contacto con los clientes y la experiencia al resolver problemas reales le permitieron conocer, entender y hasta participar en las juntas laborales de la empresa CompuSoluciones, donde trabaja desde que salió de la preparatoria.

Daniela está convencida de que para esto fue crucial su formación en el Bachillerato Pedro Arrupe, SJ. Ahí formó parte del grupo de alumnos que reciben capacitación en el programa Formación para el Trabajo, creado para que jóvenes estudiantes adquieran habilidades para su desarrollo laboral, y que depende del proyecto de la Federación Internacional de Fe y Alegría.

Federación Internacional Fe y Alegría Imágenes de los primeros proyectos de la escuelas Fe y Alegría en Latinoamérica, en las décadas de los setenta y ochenta. Foto: Cortesía Fe y Alegría

Trabajar en la empresa CompuSolucionesno fue algo que Daniela consiguiera por ser la hija del dueño ni porque alguien intercediera por ella. Logró tener ese empleo porque encajaba en el perfil y tenía las aptitudes que ahí buscaban para el puesto, y también porque cumplió con la larga lista de requisitos, entre ellos, acudir a varias entrevistas de trabajo. Confiesa que fueron tantos exámenes y pruebas, que pensó que no sería seleccionada.

Esta joven está emocionada por lo que ha aprendido en su primer trabajo. La suya es la primera generación de egresados del Bachillerato Pedro Arrupe, SJ (2013-2016). Al poco tiempo de graduarse, Daniela comenzó a trabajar, algo que no imaginó que ocurriría tan pronto. Ahora planea continuar con sus estudios universitarios.

 

De la periferia a la inclusión

Está sentado en un banco de madera rodeado de niños que lo miran con atención. Es la fotografía del sacerdote jesuita José María Vélaz, SJ, fundador de la Federación Internacional de Fe y Alegría. Con los marginados, con los discriminados de un sistema económico injusto, el padre Vélaz decidió concentrar sus fuerzas en enseñar. En 1960, en Venezuela, formó una red que recibiría el nombre de Fe y Alegría, un movimiento de educación popular dirigido a los excluidos y excluidas.

La historia de este movimiento recupera lo importante que fue un albañil, Abrahán Reyes, quien junto con su familia construyó una escuela por su propia cuenta. Al encontrarse con el jesuita Vélaz, la familia Reyes decidió donar el espacio y abrió las puertas para que niños y jóvenes aprendieran. “Mire, padre, yo he escuchado que usted anda buscando un local para poner allí una escuela. Si usted pone las maestras, yo pongo la casa. Es sólo un rancho grande, pero servirá si la acomodamos”, le dijo Abrahán al jesuita. Aquellas palabras, que marcarían el inicio de la primera escuela de Fe y Alegría, ahora son conservadas en las memorias de la historia de este movimiento de educación popular.

Federación Internacional Fe y Alegría

La escuela estaba construida, los muros estaban levantados. El padre Vélaz formó a un grupo de maestros universitarios para que emprendieran la aventura de la escuela popular buscando a los jóvenes de la periferia para incluirlos y que, desde la educación, fuera generándose un cambio.

Una de las frases que identifican al movimiento es la siguiente: “Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto, donde no gotea el agua potable, donde la ciudad pierde su nombre”.

A partir de ahí, esta red de escuelas populares, en diferentes niveles educativos, se ha expandido por 21 países, entre otros, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Argentina y Paraguay. En Europa está en España y en Italia —en Milán abrió un espacio para la formación educativa de los migrantes procedentes de Ecuador— e, incluso, tiene presencia en África.

“La Federación Internacional de Fe y Alegría encontró propicio hacer alianza con el Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, ya que la idea es que los egresados aspiren a hacer una carrera universitaria, pero muchos de ellos van tener que trabajar en fines de semana”, explica la directora de este colegio de Guadalajara, María de la Paz Sánchez.

A diferencia de otras escuelas, el proyecto del Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, desde su creación capacita y alienta a los jóvenes para que realicen prácticas en empresas, como Grupo Empresarial Dalton. Los estudiantes realizan trabajo de campo en sus agencias automotrices, en distintas áreas, desde la administrativa, apoyando con la organización del archivo, hasta en la atención a clientes. Como los alumnos ya contaban con estas prácticas, se sumó el programa Formación para el Trabajo, una de las iniciativas del movimiento de escuelas populares Fe y Alegría, que incluye varios cursos para que los jóvenes aprendan de manera formal habilidades para desempeñarse laboralmente.

Federación Internacional Fe y Alegría El padre José María Vélaz, SJ, fundador de Fe y Alegría. Foto: Cortesía Fe y Alegría

Responsabilidad en el estudio, responsabilidad en el trabajo

“La educación de los pobres no puede ser una pobre educación”: son palabras de José María Vélaz, SJ, quien soñó con una educación que ayudara a que las personas de escasos recursos económicos mejoraran sus condiciones de vida. Con esta misma lógica surgió la iniciativa Formación para el Trabajo.

Mientras que hay jóvenes egresados de licenciatura que no tienen experiencia laboral y pasan años sin tenerla, Daniela ya cuenta con historial para enriquecer su curriculum vitæ. “Me encanta porque empecé a trabajar a los 18, ya casi un año, así que estoy adquiriendo experiencia laboral desde muy joven”, comparte, orgullosa.

Un concepto que de forma reiterada explican en el Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, es el de la empleabilidad, que se refiere a la “capacidad de adaptarse a los nuevos cambios tecnológicos y a los requerimientos del nuevo campo laboral”.

“Formar para el trabajo es brindarles a los jóvenes habilidades y competencias, que se vayan formando junto con sus clases. Estos cursos les dan estas habilidades y competencias que el chico tiene que ir desarrollando para que, cuando salga del bachillerato y tenga la necesidad o quiera trabajar, pueda integrarse al mundo laboral de una forma más eficaz”, explica Viridiana Hernández Cerpa, responsable de Empleabilidad e inserción laboral. El profesorado del bachillerato capacita a los jóvenes “para que sepan llegar a tiempo, que conozcan la jerarquía, sepan respetar las normas, sepan quiénes son y cuáles son sus habilidades; lo hacen, lo ponen en práctica”.

En el último año de preparatoria reciben cursos puntuales, como los de Auxiliar en logística, Auxiliar de almacén, Salud y seguridad agropecuaria, Manejo de caja, Atención a clientes, entre otros.

Federación Internacional Fe y Alegría

Desempleo juvenil

Si los adultos mayores tienen problemas para encontrar trabajo porque son discriminados por su edad, los jóvenes y las jóvenes también lo son, pero a la inversa. En el informe “Perspectivas sociales y del empleo de los jóvenes en el mundo 2016, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)”,1 se advierte que el desempleo juvenil está aumentando en el mundo: 71 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años están buscando trabajo, pero no lo encuentran.

En el caso de México, el Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Conapred) ha documentado que uno de los grupos más discriminados al momento de buscar un empleo es el de los jóvenes. Si a eso se suma que los aspirantes tengan tatuajes o alguna discapacidad, o que pertenezcan a un grupo indígena, su situación se dificulta. Sin empleo y sin experiencia, parece un círculo difícil de romper. En el programa Formación para el Trabajo buscan revertir esto.

En el pizarrón que está ubicado en la puerta principal del Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, colocaron información para recordarles a los alumnos que deben entregar su curriculum vitæ. Éste será revisado por docentes, quienes les expresarán comentarios y sugerencias de cómo ser más claros y eficientes para tener un buen perfil que interese a los empleadores.

De estos consejos aprendió Luis Antonio González García, también egresado de esta preparatoria, quien, al igual que Daniela, ya tiene un empleo. Su trabajo es como mesero en el restaurante La Mitotera, los fines de semana, porque el resto de los días cursa una ingeniería con apoyo de una beca del ITESO. El hecho de haber estado en Formación para el Trabajo también le ayudó a Luis Antonio para encontrar rápidamente un empleo.

Federación Internacional Fe y Alegría

No a la explotación

Que sean jóvenes, que tengan ganas de trabajar y disposición para aprender, no significa que deban ser mano de obra barata para las empresas. Esto lo tiene claro el equipo del Bachillerato Pedro Arrupe, sj, que vincula a los jóvenes con el mundo laboral.

“La inserción al trabajo es solamente cuando terminan el bachillerato”, aclara María de la Paz Sánchez.

Por su parte, Cecilia Sahagún Calderón, responsable de inserción laboral, es quien busca espacios en las empresas explicándoles a los gerentes, dueños y encargados de recursos humanos en qué consiste el programa Formación para el Trabajo y cuáles serán los beneficios de emplear a jóvenes. Ella es quien deja claro que los egresados buscan trabajo, pero que hay ciertas condiciones de la vida de los jóvenes que deben tenerse en cuenta, como el hecho de que lo ideal es que continúen con sus estudios universitarios.

“Si regreso de una empresa y digo: ‘Esta empresa no me interesa. No me interesa tener a un chico trabajando 12 horas’, entonces a esa empresa la quito de mi lista”, enfatiza Cecilia.

Así como en los avisos de ocasión los empleadores escriben lo que buscan de los aspirantes, en el Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, presentan a sus egresados convencidos de “que están formados para el empleo y son chicos responsables”, explica Viridiana Hernández Cerpa; por esa misma formación humanista que reciben en el bachillerato, se busca que el empleo que consigan los jóvenes “sea un empleo digno, un empleo justo, un empleo que pueda mejorar su calidad de vida”.

Bachillerato Pedro Arrupe SJ La primera generación del Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, celebra el último día de clases. Foto: Cortesía Bachillerato Pedro Arrupe, SJ

“Tenemos jóvenes de 18 años que recién terminaron su preparatoria. Chicos que viven, la mayoría, en la periferia. Con ese perfil, también hay que considerar qué tipo de empleo es para ellos [...] Confiamos en ellos”, comenta la responsable de Empleabilidad e inserción laboral. Algunos de los estudiantes buscan medio tiempo, mientras que otros, que hicieron exámenes en la Universidad de Guadalajara (UdeG) y no salieron en listas, tienen la opción de trabajar tiempo completo. Considerando la diversidad de casos, el equipo de Formación para el Trabajo busca empresas que sean flexibles y permitan horarios flexibles o trabajos de fin de semana.

De los 70 egresados de la preparatoria, hay quienes continúan trabajando en aquellos lugares que les abrieron espacios a través del contacto hecho por el bachillerato. Viridiana Hernández Cerpa da seguimiento durante un año a los egresados y así mantiene contacto con jóvenes que laboran en las áreas de ventas, limpieza, mercadotecnia, restaurantes y demás espacios.

“No nos quedamos con un solo tipo de empresas, y no sólo buscamos empresas: buscamos organizaciones, asociaciones civiles, proyectos de ‘emprendurismo’”, añade la responsable de inserción laboral.

En el bachillerato son claros al decirles a los jóvenes que cada espacio laboral que se abre es un lugar que se gana, no sólo para una persona, sino para las próximas generaciones. “Tú llevas el nombre del bachillerato”, les dicen los profesores a los alumnos para motivarlos.

Federación Internacional Fe y Alegría Estudiantes de bachillerato del programa Formación para el Trabajo, que busca fortalecer y promover la formación para el trabajo mediante la educación en la tecnología, la formación en competencias laborales generales, la capacitación técnica y la educación técnica-profesional. Foto: Cortesía Fe y Alegría

De los chats al aula virtual

En tiempos de WhatsApp, de memes, de gifs, de videos de menos de dos minutos que explican noticias, de videoconferencias, emoticones y autorretratos con orejas de perro, la tecnología tiene un espacio asignado en la educación de los jóvenes que cursan el programa Formación para el Trabajo. Es por eso que los estudiantes de bachillerato refuerzan las clases y reciben materiales a través de la plataforma Moodle en lo que llaman “aula virtual”. Pero también el hecho de que la Federación Internacional de Fe y Alegría tenga presencia en América Latina permite el intercambio de experiencias con alumnos y egresados de diferentes países.

Por ejemplo, a través de un canal de YouTube es posible conocer los testimonios de jóvenes que reciben capacitación en el trabajo en Fe y Alegría, como Jessica Adamaris Rodríguez, originaria de Guatemala, que repara aparatos electrónicos gracias a que aprendió cómo hacerlo después de cursar los talleres de formación técnica en electricidad.

“La primera vez que reparé algo me sentí contenta porque nunca había hecho un trabajo tan bien; no pensé que fuera hacer un trabajo así porque es electricidad. Mi ánimo se ha levantado porque yo podría poner mi negocio. Sí puedo”, es el testimonio de esta joven que, a partir de su capacitación, encontró una opción de ingresos económicos para continuar con sus estudios y apoyar a su familia. m.

Federación Internacional Fe y Alegría Estudiantes de educación básica de la Federación Internacional de Fe y Alegría, en África. Foto: Cortesía Fe y Alegría

 

Trabajo en equipo

Algunas de las empresas que participan en Formación para el Trabajo con el Bachillerato Pedro Arrupe, SJ, son: Carnes Garibaldi,  CompuSoluciones, Moragas, Grupo Redex, La Artesanal, nieves de garrafa, Manejo Ecológico de Plagas y Beliveo.

:: Sitio web del Bachillerato Pedro Arrupe, SJ.

:: Sitio web de Fe y Alegría.

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