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"La energía nuclear no alcanzó a mostrar su faceta positiva"

La crisis de la central nuclear de Fukushima, Japón, reabrió el debate sobre la seguridad de esta forma de energía. Enrique García, que trabajó en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) en Viena, Austria, reflexiona sobre la pertinencia de analizar la información y quitar mitos en torno a la energía nuclear.

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El 12 de marzo de 2011, un día después del terremoto de nueve grados Richter y del tsunami que destrozaron el noreste de Japón, los periódicos y noticieros del mundo no sólo mostraban la destrucción, sino que también informaban que la central nuclear de Fukushima, dañada por el tsunami, estaba seriamente dañada.

Como si estuvieran a punto de cumplirse las profecías apocalípticas de Akira —la serie manga japonesa creada por Katsuhiro Otomo—, la alarma internacional crecía de manera alarmista. Un nuevo Chernobyl, decían unos. Se fusionará el núcleo, advertían otros. ¿Ya ven? Cerremos las plantas nucleares...

En ese contexto, Enrique García y García, un físico nuclear mexicano avecindado en San Miguel de Allende, Guanajuato, usó su perfil de Twitter  para comentar los informes que emitía el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) —donde había trabajado años atrás—. Explicaba términos técnicos, medía el grado de peligro, aclaraba asuntos confusos.

“La información que se daba era por demás alarmista e inexacta, y de allí que decidí hacer algunas precisiones básicas, partiendo de que conocía el tipo de reactores accidentados”, explica García. “Me parecía injusto que se alarmara a la población nacional e internacional, con noticias de segunda y tercera mano, de ahí que a través del Twitter empecé a comentar los hechos haciendo una serie de precisiones que llamé ‘Aclaraciones Pertinentes’, numerándolas para tener un fácil acceso y evitar repeticiones”.

La respuesta en la red fue inmediata: su número de seguidores creció drásticamente, personajes influyentes lo citaron, fue invitado a varios programas de radio: “No imaginaba tener esa respuesta y menos aún tan rápida; sin embargo, es explicable por la falta de información en la materia”.

Enrique García desconfía de las entrevistas telefónicas. Prefiere que le envíe un cuestionario por correo electrónico y responde por escrito. Luego, cuando hablamos por teléfono se muestra tan meticuloso como en sus tuits: corrige sus propias respuestas, elimina una frase, cambia una preposición. Lo entiendo: los medios de comunicación no siempre se caracterizan por la exactitud de la información que publican. Y para los científicos como Enrique García, la precisión lo es todo. Cada palabra cuenta. Los detalles importan… Sobre todo si hablamos de energía nuclear.

¿Por qué piensa usted que la gente tiene tanto miedo a la energía nuclear?

Es la pregunta recurrente. Porque nació sin estrella. Porque se dio a conocer con su fuerza destructiva. Porque no tuvo tiempo de mostrar su faceta en pro de la paz y el progreso. Comentaba el símil de que si la energía eléctrica hubiese hecho su debut con la silla eléctrica, nuestra tecnología sería la de finales del siglo XIX.

Algunos críticos de la energía nuclear ven en Fukushima la confirmación de lo que han sostenido desde hace tiempo: que la energía nuclear es peligrosa, que el almacenamiento de sus residuos es una bomba de tiempo y que los criterios para su uso dependen del peso geopolítico de los países (caso Irán, por ejemplo). ¿Cómo evalúa estas objeciones?

Yo respeto las aseveraciones en contra de la energía nuclear, algunas de las cuales tienen poco sustento. Hay críticos que ni son científicos ni menos han publicado artículos en revistas serias. El peligro de las radiaciones existe cuando no se toman las debidas precauciones. Así, la exposición al sol es peligrosa, como lo es la electricidad, cuando no se atienden las medidas de protección adecuadas. Hay reglamentación suficiente y comprobada para que no representen peligro alguno para la población, ya sea para quien la aplica como para quien la recibe, como en el caso de las radiografías médicas.

Respecto al almacenamiento de residuos, desde hace 50 años se ha trabajado intensamente en ello. Cada país ha adoptado su solución siguiendo los lineamientos internacionales en la materia. Tuve oportunidad de visitar en Alemania una mina de sal abandonada que se acondicionaba para la guarda de dichos residuos. A la fecha no ha habido accidentes graves en el almacenamiento de combustible agotado.

Pero la objeción es más honda, porque aunque los residuos sean almacenados de manera segura, no hay una solución de fondo sobre qué debemos hacer con ellos en el futuro. Es como guardar la basura debajo de la alfombra…

Sin embargo, se sigue trabajando en diversas líneas de investigación que incluyen la vitrificación de residuos, guarda en minas abandonadas e incluso en depósitos submarinos. Es cierto que no se tiene una solución cien por ciento segura, como tampoco la tienen muchos materiales tóxicos —como baterías de uso común, o el silicio que se utiliza para la fabricación de celdas solares, que causan una franca contaminación. Señalo con énfasis que toda aplicación tecnológica tiene un riesgo y repercute en el medio ambiente. Así como no podemos renunciar al uso de las radiografías médicas e industriales que usan fuentes intensas de radiación, creo que tampoco debemos cancelar el uso de la energía nucleoeléctrica en razón de no tener resuelto al cien por ciento el tema de la disposición final de los residuos radiactivos. Éstos se reintegrarán a la naturaleza, pero el proceso es muy lento.

Con respecto al peso geopolítico de los países en la toma de decisiones que repercuten en todo el orbe, ésta es una realidad absoluta; y no nada más en el uso militar o pacífico de la energía nuclear,  sino también en el aspecto ambiental. Uno de los primeros tratados que promovían la no proliferación de armas nucleares fue el de Tlatelolco. Es cierto que en un principio hubo reticencia a firmarlo por las grandes potencias; no obstante, los estados miembros del oiea se han sumado a la firma de esos protocolos que salvaguardan el uso pacífico de la energía atómica. Hay negativas para hacerlo, como es el caso que comenta.

Cierta crítica filosófica ve en la energía nuclear el paradigma último de “la racionalidad técnico instrumental”. Es decir, del abuso en la explotación de la naturaleza y del hecho de que el hombre no puede prever los efectos nocivos que tiene el desarrollo técnico.

Quisiera comentar que en la actualidad la verdadera amenaza que se cierne sobre la humanidad es el uso intensivo de los combustibles fósiles, ya que son los causantes del efecto invernadero y su consecuencia inmediata en el cambio climático, cuyos estragos ya los vemos hoy día. Yo me pregunto: ¿qué tan ético es para los países el seguir usando esos combustibles cuando sus efectos nocivos son tan inminentes? ¿Cómo se justifica el uso exhaustivo del carbón en diferentes países cuando se comprueban miles de muertes y daños irreversibles en las poblaciones aledañas?

Los daños que quisieran ver los detractores del uso de la energía nuclear para la generación de electricidad, no llegan. De Fukushima no se ha reportado ni una sola muerte por causa de una sobre-exposición a la radiación. Aunque hay preocupaciones en la materia, que han quedado manifiestas como consecuencia del accidente, es absurdo pensar en la clausura inmediata de las centrales nucleares en operación. Sería un suicidio económico injustificable.

¿Considera usted que esta crítica es fundada? ¿Dónde estarían los límites a nuestro desarrollo?

Yo no soy autoridad para juzgar. Una solución válida el día de hoy, puede no serlo el día de mañana. En el momento que se diseñó la central de Fukushima, los criterios de seguridad eran satisfactorios y cubrían una amplia gama de eventualidades que lamentablemente fueron rebasadas. Hay ciertos procesos predecibles, como la generación de gases contaminantes y su efecto en el cambio climático; sin embargo, en el caso que nos ocupa, no se consideró la magnitud del efecto tsunami después del sismo.

¿Qué lecciones nos ha dejado Fukushima? ¿Considera que esta crisis cambiará las reglas del juego internacionales en materia nuclear?

Una lección importante que parece obvia es que los procedimientos, sistemas, equipos y personal, fallan. Hay que sentarse a revisar los criterios de diseño de las plantas nucleoeléctricas futuras haciendo planteamientos más severos en materia de seguridad. La tecnología de Fukushima es modelo 1960 y no ha habido innovaciones, por lo que es imperativo que se refuerce la investigación para tener diseños del siglo XXI. A partir del accidente, queda manifiesto que es necesario profundizar en los problemas de remoción de calor cuando los reactores ya están apagados. Éste es un problema que sigue causando gran preocupación. Todos los actores deberán participar, ya que por el momento la generación de energía eléctrica vía reactores nucleares sigue siendo una opción para cubrir la demanda de energía y evitar la contaminación por el quemado de combustibles fósiles. Otros aspectos que se deberán revisar son los criterios de la escala INES, para evitar confusiones y alarma a la población.

Niveles de riesgo

La Escala Internacional de Accidentes Nucleares, conocida como INES por su nombre en inglés (International Nuclear and Radiological Event Scale), es emitida por el OIEA para comunicar el nivel de riesgo de determinada situación. La escala tiene siete niveles: N1: anomalía; N2: incidente; N3: incidente importante; N4: accidente sin riesgo fuera del emplazamiento; N5: accidente con riesgo fuera del emplazamiento; N6: accidente importante y N7: accidente grave. Además, la escala señala características adjetivas de los niveles. En el caso del N7, se indica que es una “emisión grave de materiales radiactivos con amplios efectos en la salud y el medio ambiente, que requiere la aplicación de contramedidas previstas y de otras”.

“La confusión y la alarma que se suscitaron semanas después del accidente fueron ocasionadas porque las autoridades japonesas solicitaron al OIEA elevar el nivel de éste de N5 a N7, aduciendo que se deberían sumar los efectos de todas las unidades”, explica Enrique García. “Así, al accidente se le reclasificó como un conjunto y no separadamente. Por otro lado, el haber diseñado un plan de medidas de protección a la población y trabajadores desde que sucedió el accidente, implicaba elevar el nivel, pues esas acciones son supuestos del nivel 7. No obstante dicha reclasificación, la evolución del accidente era de franca mejoría”.

De ahí que el profesor García recomiende  abrir categorías en cada uno de los siete niveles de la escala, lo que permitiría tener matices más precisos, porque la clasificación actual sólo consiguió “crear alarma sin sustento alguno”.

¿Qué cosas debería hacer la comunidad internacional, a través del OIEA, para garantizar la seguridad de los reactores nucleares?

Pedir informes más detallados a los inspectores salvaguardias del OIEA y publicar los resultados de cara a la comunidad internacional. Ésta es una práctica común y la mayoría de los estados miembros del organismo la respetan; sin embargo, hay algunos que no, pues aducen que atenta contra su soberanía.

El caso Fukushima se ha sumado como un elemento más al complejo debate sobre el futuro energético del planeta. ¿Qué alternativas a los combustibles fósiles ve en el corto y el mediano plazos?

Nadie hacía notar que la generación nucleoeléctrica no emite gases contaminantes con repercusiones en el efecto invernadero. Ahora el problema es cómo evitar los combustibles fósiles sin el componente nuclear. Asunto difícil. ¿Qué dirá Francia que contribuye al daño ecológico con dos por ciento, igual que México? Si los grandes contribuyentes, China y Estados Unidos, no hacen algo, tendremos problemas en el corto plazo. El asunto es muy complejo, pues China es un mega maquilador para todo el mundo, por lo que no es justo cargarles a ellos la factura completa.

 ¿Qué opina del desarrollo de energías alternativas, como la eólica y la solar? ¿Son viables en un contexto como el nuestro?

Todas son bienvenidas. El problema es que tenemos una demanda energética tal que no se cubre con las llamadas fuentes renovables de energía probadas (FRE), que incluyen las que menciona. La energía proviene de biocombustibles, biomasa, viento, geotermia, caídas de agua, mareas y del Sol. Todas ellas, salvo la hidráulica, tienen una contribución marginal en el corto y el mediano plazos. Varias de ellas tienen eficiencias de transformación energética muy bajas, como la solar, que se usa eficazmente en iluminación; otras sólo son rentables en muy baja escala, como la eólica o biomasa, y en menor medida la geotérmica. Para efectos de calefacción de agua, la energía solar ha probado ser una alternativa muy rentable. Dado lo ocurrido en el Japón y la inminencia de los efectos del cambio climático, es importante reforzar el desarrollo de todas esas tecnologías.

Respecto a la energía hidroeléctrica, pienso que deben reconsiderarse de manera urgente sitios que en su momento fueron descartados por no ser rentables. La razón por la que recalco tanto lo anterior es porque las presas y los embalses tienen otras bondades además de la generación de electricidad. Son clave para regular avenidas de agua, distribuir agua para riego agrícola y abastecer de agua potable a la población en las zonas aledañas.

¿Qué otras acciones deberíamos tomar para mitigar los gases de efecto invernadero?

Señalo solamente una: promover intensamente las campañas de ahorro de energía que tienen una doble repercusión: benefician a la economía familiar y coadyuvan a disminuir la demanda global de energía. Hace años yo mismo la consideraba como una fuente alterna de generación renovable de energía. Ya comentaba que dos países concentran 56 por ciento de la generación de CO2 para satisfacer la demanda de los mayores consumidores per cápita, en donde se incluyen las diez grandes potencias económicas del mundo. Esto es una llamada de atención urgente a la comunidad internacional. m

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