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Pasos firmes para vivir dignamente

Un grupo organizado de pobladores de Atemajac de Brizuela, Jalisco, busca ejercer con dignidad uno de los derechos fundamentales del hombre: el derecho a la vivienda

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¿Se puede ejercer el derecho a la vivienda en equipo? ¿Se puede lograr este fin y, al mismo tiempo, hacer comunidad entre los pobladores de una región? Eso es lo que busca Pasos Firmes para una Vivienda Digna, iniciativa que forma parte del Proyecto de Aplicación Profesional (pap) denominado Construcción de Ciudadanía en Zonas Rurales, impulsado por el Departamento de Educación y Valores (Deva) y el Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano (hdu) del iteso. Los resultados comenzaron a verse en el periodo primavera 2011. 

Atemajac de Brizuela es una población con poco más de seis mil 600 habitantes y mil 437 viviendas, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Pasos Firmes para una Vivienda Digna está integrado por alrededor de diez personas de escasos recursos, la mayor parte mujeres, y tiene el cobijo de la Unión de Apicultores de Atemajac de Brizuela. El objetivo es que los participantes puedan ejercer el derecho a la vivienda digna, ya sea construyendo o remodelando sus casas. Son personas de escasos recursos, por lo que para cumplir con esas metas hay procesos que van desde la integración al grupo hasta la búsqueda de estrategias para generar los fondos y realizar las adecuaciones.

En este sentido, la constitución de una adobera fue uno de los logros más importantes, debido a que además de la cuota mensual que pagan los integrantes —200 pesos— la venta de adobes puede generar recursos para comprar materiales.

Trabajo en equipo

En primavera de 2011, el equipo estuvo integrado por los estudiantes de Arquitectura e Ingeniería Civil. La líder del pap fue Ana María Berea, académica del Deva, y como asesor estuvo Gerardo Cano, académico del hdu. En verano se sumaron más estudiantes de Arquitectura.

En el trabajo no sólo participan el iteso y los habitantes de Atemajac de Brizuela. Rafael Barragán, estudiante de Arquitectura y colaborador de Tu Techo Mexicano de Occidente, explica: “Nosotros partimos del Deva, pero tenemos vínculos muy fuertes con la Cátedra Unesco, el Centro de Investigación y Formación Social (cifs) y la Alianza Ciudadana para el Desarrollo Regional del Sur de Jalisco (Acdra-Surja). Además, están Tu Techo Mexicano de Occidente y el Centro de Investigación y Producción de Tecnología Ecológica para la Vivienda, que nos ayudó con la capacitación de los voluntarios de la  American School”.

También se cuenta con la colaboración de Acdra-Surja, con quien se ha “asesorado a la gente de 22 municipios del sur de Jalisco”, explica Manuel Sánchez, coordinador del Programa de Desarrollo Regional del Sur de Jalisco, por parte del cifs del iteso. Juan Munguía Suárez, de 51 años e integrante de la Unión de Apicultores en Atemajac, explica que trabajan en “el estudio de los derechos ciudadanos, que no puede estar despegado de la organización”.

 

Facilitar, no imponer

El trabajo que se hace desde el pap tiene como objetivo propiciar “que la gente se organice, genere sus propias ideas. De eso ha surgido la creación de la adobera y va a ayudar en el futuro a generar ingresos, una convivencia, la constitución de un grupo”, explica Paulina Vergara, estudiante de Arquitectura y participante en el pap tanto en el periodo primavera como en verano. Ana María Berea, líder del proyecto, complementa: “No venimos a imponer. Propiciamos que haya procesos, que la gente reflexione, tome conciencia. Ellos definen qué hacer”.

Cano explica que durante el semestre de primavera 2011 se hicieron “acciones demostrativas, en donde queremos poner ejemplos de cómo la comunidad puede colaborar en colectivo para realizar acciones y llevar a cabo objetivos en común. Hemos hecho talleres, acciones demostrativas y un trabajo técnico de levantamiento de las viviendas”. 

Trabajo y ciudadanía

La primera reunión del grupo fue en junio de 2010 y con el paso de los meses se tomó la decisión de “trabajar en un grupo para hacer adobe y venderlos, y que ese dinero caiga al fondo que empezamos dando nuestras cuotas”. De este modo, la cooperativa y la adobera contribuyen a “crear fondos, que es lo que nos hace falta. En el pueblo hay mucha gente que necesita, pero lo quieren a la fácil”.

Las labores realizadas desde 2010 no sólo afectan en la constitución del grupo y en la búsqueda de un fin común, sino también en el ámbito personal de los participantes. Para Antonia Hernández Gutiérrez, el trabajo realizado le ha ayudado a “valerme un poquito más por mi cuenta”.

Para Juan Munguía, estos procesos de acompañamiento son cruciales para la formación de ciudadanía, debido a que los participantes “poco a poco descubren que tienen derechos como personas o ciudadanos y que tienen que ser respetados. Las personas tienen que hacer valer sus derechos. Así como tienen obligaciones, como pagar impuestos y cuidar el orden, también tienen derecho a que se les respete. Buscamos que exijan sus derechos a la vivienda, trabajo, salud y a organizarse”. m

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