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Pensiones, un problema de jóvenes

En un mercado laboral precarizado e inestable, los trabajadores, en especial los jóvenes, tendrán que trabajar más para alcanzar una jubilación medianamente decente, pero también para tratar de garantizar, en colectivo, las pensiones de una población cada vez mayor

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Los más afectados por el cambio del sistema de pensiones son los jóvenes. Foto: EFE
Los más afectados por el cambio del sistema de pensiones son los jóvenes. Foto: EFE

Estudia, saca tu licenciatura y tu maestría, consigue un trabajo que te permita jubilarte y disfrutar los últimos años de tu vida. En resumen, éste era el horizonte laboral de millones de personas que crecieron conforme la lógica capitalista del siglo XX. Pero la promesa se rompió. El nuevo milenio trajo la expansión de otras formas de contratación “flexibles”, como el outsourcing o el trabajo independiente, porque las nuevas dinámicas laborales convirtieron el empleo permanente y la posibilidad de obtener una jubilación decente en especies en peligro de extinción. Para colmo, el propio sistema que soporta financieramente las pensiones está también en problemas, de manera que se advierten más nubarrones para el futuro, en especial de los jóvenes trabajadores.

Hay un antes y un después en la crisis de las pensiones. En 1997, el gobierno de Ernesto Zedillo introdujo cambios en la Ley del Seguro Social vigente desde 1973. Con la ley anterior, un trabajador tenía derecho a una pensión al cotizar como mínimo 500 semanas ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), mientras que los del sector público lo hacen ante el ISSSTE y el gobierno canaliza los pagos. El monto de la pensión se calcula según el salario promedio que tuvo durante los últimos cinco años el trabajador. En la nueva ley hay que cotizar mil 250 semanas y la pensión depende del monto acumulado por el solicitante en la cuenta que lleve en una Administradora de Fondos para el Retiro (Afore), que son entidades privadas.

Los trabajadores de más edad se jubilan por el sistema del año 1973, los jóvenes por el de 1997, y en medio hay una generación llamada “de transición”: 19.8 millones de personas que venían cotizando desde antes de la reforma y a las que se dio la oportunidad de escoger entre los dos sistemas. Los más afectados por el cambio del sistema de pensiones son los jóvenes, porque tendrán que trabajar más y probablemente obtendrán pensiones más bajas que los que se jubilan por la ley de 1973, pero al final todos los pensionados enfrentarán problemas, porque crecen las dificultades financieras para garantizarles este derecho.

Pensiones

“Es un antes y un después muy notorio y grave, si lo vemos desde el punto de vista de los jóvenes. Antes, la ley permitía el retiro manteniendo el nivel de vida de los últimos años trabajados. Habrá que decir que luego se puso un tope en el imss de 25 salarios mínimos y en el ISSSTE de 10 salarios mínimos: así empezó la dinámica para limitar las pensiones. Pero incluso con el tope, un retiro o pensión con 25 salarios mínimos, en el contexto nacional de los ingresos, es bastante interesante”, explica el doctor Enrique Valencia Lomelí, académico de la Universidad de Guadalajara especializado en estudios laborales y desigualdad social.

Aun con el tope, el trabajador puede recibir una pensión de entre 21 mil 912 y 54 mil 772 pesos con el régimen de 1973. Mientras que ahora, los trabajadores, sobre todo los jóvenes “que se integran al mercado laboral, difícilmente van a obtener una pensión cercana al nivel de vida de sus últimos cinco años de trabajo, probablemente obtengan una pensión cercana a 40 por ciento de sus ingresos. Es un impacto muy severo, especialmente para quienes ganan entre uno y tres salarios mínimos, como están muchos en el sector industrial, son los que entran y salen del mercado laboral. Según estudios, tendrán que cotizar alrededor de 40 años, no 22 años y medio como prevé la ley, para poder mantener más o menos una pensión cercana a los salarios de los últimos años trabajados”.

Cotizar mil 250 semanas en un país donde cada vez es más difícil obtener un contrato de trabajo permanente, en un empleo en el que se paguen correctamente todas las prestaciones sociales y, además, en el que los patrones no maquillen los salarios de los empleados para pagarle menos al IMSS, se antoja complicado. La inestabilidad ha crecido con las políticas que benefician la llamada flexibilidad laboral.

Egresados ITESO

Ahorrar en la inestabilidad

Un informe de la agencia de personal Manpower, publicado en 2015, señala que entre 2010 y 2015 creció 31 por ciento el outsourcing (subcontratación o tercerización) en México, y agrega que, según datos del Censo Económico 2014 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los empleados dentro de este rubro representan 16.6 por ciento de las más de 29 millones 642 mil personas ocupadas a escala nacional, es decir, cerca de tres millones de personas están subcontratadas. En esta forma de empleo, los contratos suelen ser temporales, con duraciones de hasta un mes, lo que reduce sus posibilidades de cotizar o ahorrar para el retiro. La contratación por outsourcing “genera que los trabajadores entren y salgan fácilmente del mercado laboral”, advierte Valencia.

El sector de los trabajadores independientes o que emprenden y se hacen cargo de una actividad por su propia iniciativa y riesgo, como freelancers o profesionales que prestan sus servicios por cuenta propia, llegó a 13.2 millones de personas en el primer trimestre de 2016, según el INEGI, lo que representa 1.6 millones de personas más que hace diez años. A ellos también se les dificulta obtener una pensión, pues dependen de lo que logren ahorrar en su vida laboral, en una economía en la que los salarios se mantienen estancados y sigue cayendo el poder de compra de los trabajadores, hasta 72 por ciento en los últimos 36 años, según un estudio del Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Pensiones  Foto: launion.com.mx

En la “Primera Encuesta Nacional de Trabajadores Independientes/Por su Cuenta: Llamada de Alerta”, elaborada por la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), se advierte que “a casi 10 años de que la Ley de los Sistemas de Ahorro para el Retiro (LSAR) permitió a los trabajadores independientes/por su cuenta abrir una cuenta en una Afore, únicamente 261 mil 165 (de un universo potencial de 28 millones de mexicanos) se han registrado en alguna administradora para comenzar a ahorrar para su futuro”.

Aunque 87 por ciento de los trabajadores que entrevistó la Consar en su estudio dijo que le gustaría ahorrar para cuando ya no pueda trabajar, la realidad es que apenas 15.8 por ciento de ellos lo esta haciendo. De hecho, casi ninguno de los consultados (91.2 por ciento) ha calculado cuánto debe ahorrar para poder retirarse.

El doctor Ignacio Román Morales, investigador del ITESO, advierte que sólo 18.7 millones de los 52.9 millones que conforman la población económicamente activa de México dispone de seguridad social. “En otras palabras, sólo 35 por ciento de los mexicanos y 41 por ciento de los jaliscienses estamos en condiciones de llegar a jubilarnos algún día”. Pero la incertidumbre por el futuro también incumbe a las personas que sí logren jubilarse, por las condiciones que encontrarán al llegar a esa etapa.

Piensa en el retiro desde la universidad: Hanna, estudiante

Muchos jóvenes comienzan a trabajar desde sus años de formación universitaria y, algunos de ellos, como Hanna Trejo, ya piensan en el futuro más allá de los años de ejercicio profesional. A sus 20 años de edad, estudia el sexto cuatrimestre de Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac (Univa) y compagina el aula con actividades de voluntariado en Radio Universidad de Guadalajara, donde participa en la conducción y la generación de contenidos web para el programa Punto 5. También hace prácticas en Radiorama, donde escribe guiones y propuestas de contenidos para las redes sociales. Antes de estos ejercicios profesionales, “preparaba cupcakes y los vendía, con eso ganaba algo de dinero”.

Hanna quiere ejercer su profesión “en algún medio de comunicación, especialmente en radio, en producción, conducción y grabar spots promocionales y, en un futuro, tener mi propio estudio de grabación”. Pero también ha analizado cómo serán sus años de retiro: “He pensado en el futuro, pero con miedo, porque obviamente quiero estar amparada con algo. Actualmente, creo que es difícil siquiera que te empiecen a pagar en un trabajo. No sé ni cómo hacerle, supongo que al entrar a una empresa podrás ahorrar, pero no sé si entraré a una empresa o me estaré autogestionando con un fondo de ahorro para cuando esté viejita. No creo que sea fácil de ninguna de las dos maneras, creo que es tener mucha paciencia, disciplina, porque cuando eres tú sola con tu negocio tienes que tener cierta habilidad para poder administrar y, aparte de los pagos que tengas que hacer, hay que guardar un poco para el fondo de ahorro”.

Por su edad, los planes de jubilación de Hanna dependerán de cuánto logre ahorrar en su Afore durante su etapa productiva. Su padre trabajó como ingeniero en Petróleos Mexicanos (Pemex), donde se jubiló, por eso cuando se retiró, “no se las vio negras, le ayuda con los gastos para la familia. Ahí es cuando pienso en entrar a trabajar a una empresa como de esa magnitud, para asegurarme el futuro”.

Pensiones bajas, más desigualdad

La incertidumbre radica, por una parte, en el factor demográfico, ya que “cada vez menos gente tendrá que financiar las pensiones de cada vez más gente. Es otra población en edad de jubilación que por avances tecnológicos y médicos tiene más esperanza de vida: hace años la expectativa era de 72 años y se jubilaban a los 65, eran siete años de sostener a la persona; ahora, si la persona va a vivir hasta los 80 años [el sistema], tendrá que sostenerla durante 15 años”.

Aquí surge otro problema, con las reformas legales y la introducción del esquema de las afores, “ya no se trata de contribuir todos a sostener a una colectividad de trabajadores jubilados, sino de que cada quien pueda rascarse con sus uñas. Si los grupos de población de más alto ingreso pueden salirse de un esquema de reparto colectivo a uno individualizado, tenemos problemas muy fuertes” para sostener las pensiones de todos en el futuro. A ello se suma el que los trabajadores son contratados con ingresos cada vez más bajos, “lo que implica cotizaciones proporcionalmente más bajas a la seguridad social”.

Recientemente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), organismo que emite directrices económicas que asumen los países miembro, advirtió que, de no concretarse las reformas hechas al sistema de pensiones en México, éstas pueden conducir a una fuerte presión fiscal a mediados de la década de 2030, ya que el aumento en el número de jubilados representa un riesgo para los instrumentos financieros del Estado. Según el Consejo Nacional de Población (Conapo), para ese año existirán cerca de 22.2 millones de adultos mayores.

Con este diagnóstico, la OCDE recomienda a México aumentar la tasa de contribución obligatoria de los trabajadores a su ahorro y eliminar la fragmentación del sistema (hay más de 100 sistemas, con tabuladores diferentes).

Cubierto, pero no confiado: Ramón Wonchee, emprendedor

Ramón Wonchee es afortunado, no sólo porque hace pocos meses se convirtió en papá por primera vez, sino porque su vida laboral ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) comenzó desde que era muy joven: a los 18 años fue dado de alta por primera vez en esa institución, y desde entonces se ha mantenido vigente; además, se ha podido respaldar con aportaciones propias a su cuenta de Afore. Aunque está en su etapa de madurez productiva con cierto respaldo, no se confía, porque sabe que aún debe trabajar casi 30 años más para alcanzar la jubilación y, en ese tiempo, “pueden ocurrir muchas cosas, como otra crisis que afecte a los ahorros”.

A los 18 años, Ramón Wonchee comenzó a trabajar en una agencia automotriz, donde sus patrones lo dieron de alta ante el IMSS. “Me han dado de baja mis patrones, con los cambios de trabajo que he tenido, pero mi número social sigue ahí. Cuando entraba a otra chamba, me volvían a activar en el IMSS”. Hoy tiene 34 años de edad, es licenciado en Negocios Internacionales por la Universidad de Guadalajara (UdeG) y trabaja en una aerolínea de carga; también acaba de emprender un negocio propio, de autotransporte de carga y representaciones comerciales de empresas de logística.

Hace poco, los recursos en su Afore le sirvieron para salir de un aprieto: “Tuve que solicitar un seguro de desempleo para invertir en el negocio a través de la Afore, y eso es como un derecho que da el gobierno para ayudarte. Ese seguro te lo dan dependiendo de lo que tengas de ahorro para el retiro en la Afore. Lo que me dieron lo invertí en capital de trabajo para el negocio, aunque es mi ahorro para la vejez”.

Afortunadamente, Ramón puede seguir ahorrando en su Afore. “Lo correcto sería retirarme a los 65 años, es el límite, y ya dependerá de que lo que tenga me alcance o no para retirarme; variará si hay una crisis económica y se afecten los ahorros, como con el Fobaproa, y aparte está el problema de la inflación. De cualquier manera, no es suficiente lo que tengo para pensar en retirarme, seguro necesitaré otra fuente de ingresos en el futuro”.

En su opinión, falta una mayor cultura de ahorro en el país, en especial entre los más jóvenes.

“El sistema de pensiones es un ejemplo extraordinario para ver cómo institucionalizamos la desigualdad, tenemos esta competencia que se da entre algunos sectores por mantener sus viejos sistemas”, explica Enrique Valencia y pone como ejemplo de esta fragmentación, el hecho de que el IMSS y el ISSSTE son dos sistemas separados y dentro de cada uno existe el sistema de la ley de 1973 y la de 1997; además, cada estado y cada municipio tienen sus propios sistemas, al igual que el poder Judicial, las universidades, las empresas paraestatales como Pemex, etcétera. Por ello, mientras las pensiones promedio en el imss son menores a 5 mil pesos al mes, los trabajadores de la banca de desarrollo, “que son los que han reformado nuestro sistema económico”, tienen una situación muy distinta: “en Bansefi, la pensión es de entre 50 mil y 60 mil en promedio; en Bancomext es de poco menos de 40 mil; en Banobras, de entre 20 mil y 30 mil pesos”.

La tercera recomendación de la OCDE afecta a la llamada generación de transición, la de las personas que cotizaban desde antes de 1997 y que pueden escoger entre pensionarse por la ley anterior o la nueva. “Un individuo que haya trabajado y contribuido un mes antes de la introducción del nuevo sistema, recibirá un monto de pensión bastante mayor que un individuo que entró un mes después, habiendo contribuido lo mismo y con la misma experiencia laboral. Esto llevará, evidentemente, a un desencanto y un desprestigio del nuevo sistema”, reconoce el organismo.

La OCDE propone “resolver este problema mediante un esquema de prorrata. Todos los derechos adquiridos por los trabajadores hasta el día de hoy quedarían garantizados y a partir de mañana todos los individuos acumulan pensiones en el nuevo sistema”. De esta manera, los adultos jóvenes que cotizan por el régimen previo a 1997 también serán sacudidos.

Ignacio Román señala que en el mercado del trabajo y las pensiones “termina habiendo una especie de guerra de la selva entre edades, que se convierte en una discriminación contra todos. Por ejemplo, hay que sacar a los que tienen 35 o 40 años de las empresas, porque una persona de 20 años puede entrar a trabajar, también con nivel universitario, por la mitad de lo que gana el mayor. Es un proceso de exclusión brutal”.

Profesional con experiencia y sin ahorro para el retiro: María, arquitecta

La historia de María es similar a la de miles de profesionistas en México: ha trabajado buena parte de su vida ejerciendo su carrera, Arquitectura, pero a sus 43 años de edad jamás ha sido dada de alta ante el IMSS, porque siempre le han pagado “en negro”, es decir, en efectivo. Tampoco ha podido ahorrar por su cuenta para el retiro, porque sus ingresos diarios apenas son suficientes para mantener a su familia.

María, quien pide que se le mantenga en el anonimato para no tener problemas en su trabajo, comenzó a trabajar en un pequeño despacho de arquitectura desde muy joven, cuando aún cursaba la carrera en el ITESO. Después de graduarse, trabajó en otro despacho haciendo diseños, proyectos y dibujos. “Ahí fueron como dos años y medio de chamba, sin nada de prestaciones ni IMSS. Pagaban en efectivo, ni siquiera pedían recibos de honorarios”.

Luego de una pausa laboral de algunos años, se incorporó a otro despacho de arquitectura, “donde he estado trabajando los últimos once años y siempre ha sido pago en efectivo. Aquí sí pagan aguinaldos y utilidades, pero no estamos formalizados ante el IMSS. La mayoría de los trabajos en arquitectura son así, a menos que sean empresas muy grandes. En situaciones de emergencia sí me han ayudado mis jefes, pero ahora que siento más cercana la jubilación, me preocupa mucho mi situación”.

María, madre de tres niños, explica que tampoco ha podido ahorrar por su cuenta. “Es que me cuesta mucho, con lo que me pagan es apenas lo justo para los gastos en la casa, salgo rayando siempre al final del mes. ¿De dónde saco para ahorrar? Es muy difícil. Incluso he visto algunas opciones de seguros privados que ofrecen planes para el retiro, pero están por las nubes, no los puedo pagar, sobre todo por mi edad; no puedo solventar ese pago y que realmente me dé algo que valga la pena para el retiro”.

A pesar de su situación, María tiene una esperanza, ya que “parece que este año nos formalizarán en el despacho ante el IMSS”, lo que le traería “un respiro”. Con su experiencia, reconoce que “me faltó informarme más sobre las afores y planes de retiro. Como que no le di tanta importancia, me consumía el día a día, pero ahora que ves más cercano el tiempo de la jubilación, pues vienen las preocupaciones. Creo que además de informarse sobre las opciones de ahorro, también es importante exigir en el lugar donde trabajes que respeten tus derechos”.

¿Qué hacer?

Es posible que se presente una nueva reforma al sistema de pensiones, el problema es que hay poca información sobre el contenido, dice Ignacio Román, quien recuerda que frente a la “crisis de los sistemas individualizados” de pensiones, como el que se introdujo en México, otros países como Argentina o Chile han optado por “volver al sistema de reparto, modificar la lógica de los fondos individualizados y dar posibilidad de financiamiento al conjunto de la población. No es un asunto técnico, es político”. Por ejemplo, en el país “tenemos una elusión fiscal que permite que grandes corporativos no paguen impuestos”, pero si se erradicara esa práctica, la seguridad social dispondría de más dinero para las pensiones. También se podría exigir a los poderes públicos “que exista un sistema de seguridad social efectivamente digno, pero no faraónico, que se corresponda con la situación del país”.

Enrique Valencia recomienda a los trabajadores, sobre todo a los más jóvenes, que vigilen bien sus cotizaciones y se aseguren de que sí corresponden con su salario, “y no que trabajen con un salario y al imss [sus patrones] le reporten la mitad o menos, porque si aceptan eso, estarán hipotecando aún más su futuro”, tanto en lo individual como en lo colectivo. El mismo consejo va para el caso del ahorro en una Afore. “No aceptes que la empresa te diga: ‘Vamos a negociar, te conviene y a mí también porque es pagar menos impuestos’, eso es terrible para el futuro”.

Pensiones Foto: EFE

Otro consejo es aprender a ahorrar desde muy jóvenes para obtener un fondo para el retiro. La tercera recomendación de Valencia es abordar como sociedad el debate acerca del futuro de las pensiones, pues “no podemos contar con seguridad social en un sistema jerarquizado e hipersegmentado”.

Ignacio Román aconseja no olvidar que la jubilación y la atención de los pensionados “no es cuestión de los viejos, es un problema de los jóvenes. El tiempo pasa para todos y es muy importante, tanto en definición de posturas políticas como sociales, poder ir ubicando qué tipo de garantía de derechos se puede tener para los jóvenes a largo plazo, porque alcanzar esas mil 250 semanas de cotización de la ley del 97 es una quimera. Sería tener que trabajar 50 años, por la enorme irregularidad de las formas de contratación”. m.

Se acerca al retiro y está preocupada: Nora, obrera en la industria electrónica

Con 24 años trabajando como obrera en la industria electrónica, Nora ha visto cómo las condiciones laborales en el sector empresarial con mayores exportaciones en Jalisco se han deteriorado. Ahora es viuda, madre de tres hijos, y se prepara con preocupación para afrontar los años del retiro, que se aproximan.

Nora, quien pide mantenerse en el anonimato, comenzó a trabajar hace 25 años haciendo labores “a destajo” en Mazapán de la Rosa, pero después de unos meses se pasó a AT&T, una de las trasnacionales insignes en aquella etapa de la industria electrónica de Guadalajara. “En ese tiempo, estar ahí era un privilegio, porque tenía buenas prestaciones, se cerraba la planta tres veces al año y esos días nos los pagaban. A los que tenían vacaciones les daban su bono. Hoy pide uno un permiso y hasta te descuentan las vacaciones”.

Después de cuatro años se retiró de ese trabajo (para entonces, la planta ya era de Lucent Technologies) y pasó a otra trasnacional electrónica: Solectron. “Ahí creían mucho en el trabajador, si los movían de una posición a otra, les daban su sueldo”. Fue en este tiempo cuando Nora conoció lo que entonces era una nueva forma de contratación, el outsourcing, que con el tiempo se expandió al resto de las industrias.

“Cuando entré a Solectron ya comenzaron las agencias [de outsourcing], fue como en 1997. En AT&T era por contrato directo y aquí ya fue contratación por agencia, era algo nuevo para mí”. Con la experiencia, explica que los trabajadores subcontratados tienen más dificultades para poder ahorrar en una Afore. Después trabajó en otras dos compañías del mismo sector, hasta que hace diez años se incorporó a Sanmina, donde labora actualmente, los primeros dos años contratada por agencia y los siguientes ocho con contrato directo o de planta.

Cada año recibe en Sanmina un fondo de ahorro como prestación. “Si quisiera irlo guardando para largo plazo, pues sí podría, pero con los sueldos tan bajos y por la necesidad, más bien esperamos a que llegue ese dinerito cada año para cubrir los gastos pendientes”.

Para el futuro, cuenta con las aportaciones que le hacen a su Afore gracias a que está afiliada al IMSS. “La primera vez que entré a una Afore fue cuando salí de AT&T. En la Afore me llega el estado de cuenta del SAR (Sistema de Ahorro para el Retiro). Sí alcancé a ahorrar una parte antes de la ley del 97; con ese régimen me puedo jubilar a los 60 años, ya me quedan como diez años”.

Nora piensa que, a pesar del cuarto de siglo que lleva trabajando y de que pudo ahorrar conforme el sistema previo a la reforma de 1997, no obtendrá una buena pensión. Para cubrir las necesidades básicas de la familia necesita “unos 12 mil pesos al mes, y me voy corta, pero de aquí a diez años tal vez sea más”.

Una compañera de trabajo, un poco mayor que Nora, “anda viendo lo de su pensión, tiene mucho tiempo trabajando, pero antes ganaba mejor que ahora. Dice que se va a esperar otros seis años para que se pueda jubilar al cien por ciento, pero recibiría como cuatro mil o cinco mil pesos. Pienso que una pensión así apenas es para sobrevivir. Ella misma me sugirió que cuando ya fuera a cumplirse mi tiempo para jubilarme, unos cinco años antes de ese momento, metiera a mi Afore aportaciones voluntarias para que el salario pueda aumentar un poco más, aunque no me estén dando el salario que se va a cotizar en ese tiempo. Ahora digo, ‘quizá sería bueno hacer las aportaciones voluntarias a la Afore’”.

Para evitar recibir una pensión que no llega ni a la mitad de los ingresos que necesita, tendrá que trabajar unos años más para poder hacer más aportaciones voluntarias a su Afore. Sin embargo, Nora tiene otro respaldo: “Mi marido murió hace siete años, él tenía más (recursos) en el retiro que yo, porque había empezado a trabajar antes. Por eso recibo una pensión por viudez”. Su esposo cotizó casi 800 semanas durante sus años laborales, “y a mí me están dando como 30 por ciento de lo que él ganaba de su salario mensual. Ese 30 por ciento de su salario de hace siete años son 2 mil 300 pesos actuales. He tenido compañeros de trabajo que se han jubilado, no sé cuánto tendrían en su Afore o cuántas semanas tendrían cotizadas, pero les están dando una pensión muy bajita, ni de 2 mil pesos al mes”.

Nora incluso corrió el riesgo de recibir una pensión por viudez menor, porque su esposo estuvo tres años desempleado antes de fallecer por enfermedad. “Él quiso cobrar el seguro de desempleo, se fue a hacer los trámites, pero algo pasó; si uno saca el desempleo, bajan las semanas cotizadas en el IMSS, entonces no lo tramitó. Si lo hubiese sacado de la Afore, yo no habría alcanzado pensión”.

Mientras analiza sus opciones para el retiro, Nora piensa con más preocupación en el futuro de sus hijos, quienes ya están incorporándose al mundo laboral, pero se regirán por la ley de pensiones de 1997. “Creo que ellos ya tienen que jubilarse hasta los 65 años, creo que ya no hay cotizaciones, será según lo que tengan acumulado en la Afore, eso es lo que les van a entregar. Pienso que es una desventaja, porque a los 60 años, quién sabe si pueda uno trabajar y más siendo mujer, es una carga más pesada”.

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