Un mundo con cubrebocas (palomazo de Grimson)

Blogueros…pese al silencio y los percances, parece que la epidemia, como diría mi abueltia “sigue dando de qué hablar”…va en este post, el artículo del antropólogo argentino Alejandro Grimson…cuyo valor analítico estimo fundamental…va pues, para los que no se han rendido y se asoman a este blog de la epidemia:

Grimson by Grimson

En su best seller El mundo sin fin, Ken Follet, recrea la vida cotidiana de una ciudad inglesa en el siglo XIV en pleno desarrollo de la peste negra en Europa. La peste se desplaza desde sur hacia el norte, matando a un tercio de la población europea de la época. Ciudadades enteras, como Florencia, quedan arrasadas. En la novela, puede comprenderse que la peste se mueve con los viajantes, como nuestra Influenza 1, que generó un pánico global cualitativamente superior a los terrores de contagios previos, pero cuyo impacto cuantitativo aún en el plano del no-se-sabe.

 

En realidad, sorprender lo poco que se sabe a sobre Influenza 1 a varias semanas de su aparición. Y ciertamente resulta llamativo con el desarrollo de investigación en medicina, biología y tecnología como tiene nuestro mundo. Más asombroso es, sin embargo, todo lo que se ha hecho, sin dudar, a pesar de lo poco que se sabe. A ese miedo global lo llamaremos aquí Influenza Cultural (In2). Todas las medidas apuntaban en la misma dirección: separación, distancia, ausencia de contacto, aislamiento de aquellos potenciales o supuestos nuevos condenados de la tierra.

En aquella novela de Follet una monja joven se enfrenta a los curas y a su medicina medieval. Frente a la peste negra, las ideas acerca de que las enfermedades se deben a desequilibrios en los humores del cuerpo, llevan a medidas como el “sangrado” de los pacientes para que con el goteo logren expulsar aquello que llevan dentro. Callis, la ingeniosa monja, averigua que al sur se ha empleado una tela que al cubrir la boca y la nariz protege a las enfermeras y los médicos de la infección de aquellos que atienden. El barbijo surge así como parte de una disputa para realizar prácticas científicas basadas en la evidencia y la constatación empírica, en oposición a las nociones católicas que se enseñan durante años en Oxford.

En el último mes el barbijo se ha generalizado en aviones y aeropuertos. Esas carreteras del tránsito global han sido rápidamente consideradas como los espacios del mayor riesgo de los que no se dirigen a los peligrosos territorios mexicanos, pero que al transitar se arriesgan a entrar en contacto con otros que hayan contraído el mal. Estas escenas piden diversas reflexiones.

 

En primer lugar, considerando que aproximadamente la mitad de las personas llevan barbijos y la otra mitad no, el barbijo parece más un comentario dramático sobre la situación del viaje, que una medida real de prevención. Una tela cualquiera, colocada durante horas delante de la boca, se humedece y deja de cumplir su función preventiva. Pero puede morigerar el pánico personal distribuyéndolo colectivamente. Pero como cada barbijo invita implícitamente a todos a usarlo, cuando ya todos lo tienen, la redistribución de los pánicos resulta en la paz de saber que cada boca está completamente aislada de todas las otras. ¿Sí? Una prevención real requeriría que estos miles de personas usen barbijos especiales o cambien varias veces sus barbijos en el transcurso del viaje, con el riesgo ineludible de que si llegasen a respirar durante uno de esos cambios, también podrían sufrir el contagio.

¿Cómo inventamos una racionalidad, una previsión, ante el azar del virus? Mientras comparativamente aún son escasos los contagiados por Influenza H1 N1, el contagio de In2 es varias veces más abarcativo.

 

 

En la novela de Follet, los curas, horrorizados con el intento de renovación de una monja y en función de intereses políticos contra ella, la acusan de aplicar técnicas (qué horror!) musulmanas. El estereotipo de In2 también ha sido cualitativamente más impresionante. En los imaginarios sociales, el territorio nacional mexicano ha sido identificado como una región donde el virus se mueve a sus anchas. Cualquier ser humano que sea depositado en una zona de México correría riesgos. Imágenes de la Riviera Maya vaciada y del DF como –me dijo Pablo Semán- una “ciudad postatómica”, resultan elocuentes. Sin embargo, aunque las fronteras nacionales sigan siendo tan relevantes en los modos de pensar y en las políticas públicas, no lo son para los virus y las enfermedades. Zonas de México sin contagios y multiplicaciones al norte del Río Grande son elocuentes.

La Argentina mantuvo la suspensión de vuelos a México incluso cuando en los Estados Unidos había tanto o más potencial de contagio. La suspensión de vuelos: ¿era una medida dirigida a aplacar los miedos (contra In2) aunque resultara sanitariamente inútil contra IH1N1? ¿Era una medida de salud imprescindible a pesar del enorme costo que tiene? No se sabe, porque es muy poco lo que se sabe. Pero podemos estar seguros de  que si los motivos hubiesen sido estrictamente sanitarios, los vuelos a los Estados Unidos se hubieran suspendido.

 

 

Una medida así hubiera generado conmoción porque reemplaza un miedo por otro, igualmente instalados en el sentido común: ¿cuánto dinero perdería la Argentina en negocios, turismo y buenas relaciones si suspenden sus vuelos a Estados Unidos? En la pregunta la racionalidad económica se impone sobre la sanitaria. Pero la racionalidad económica estuvo ausente con México, para no mencionar la racionalidad cultural y la pura ética respecto de un país que, parece haberse olvidado, no sólo nos compra hoy automóviles, sino que recibió a miles de exilados argentinos en los años setenta.

Así, mientras el barbijo tiene su propia dialéctica y parece su significado convertirse en lo contrario (de ciencia contra religión, en creencia masiva sin práctica científica), las memorias siguen siendo selectivas y una buena parte de las decisiones políticas se encuentran atrapadas entre antiguos estereotipos culturales.

Desarmar esos estereotipos es una batalla que se libra hoy en varios ámbitos. Pero que tiene un capítulo decisivo en el “Diario de la Epidemia”.  Allí, el incomparable Carlos Monsiváis redacta seis nueva entradas de un nuevo Diccionario epidemiológico para tiempos de emergencia. Reguillo, acompaña las definiciones de Monsiváis con imágenes de Proyecto Cartele, ya que de desconciertos análogos se trata. Para muestra basta una definición de Monsiváis: “Paranoia: el miedo que nos vuelve superiores a las generaciones ya idas.

 

Postescriptum: Aliah no quiere recoger o acomadar su cuartito de juguetes, alude a la alerta sanitaria como coartada y me muestra los restos de su tapaboca…no quiere despedirse de esta suspensión cotidiana…

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Otro blog es posible. Día D

(Crónica, último día)

 

 

Todo proyecto tiene ciclos y este culmina hoy, desde la intuición de que ha cumplido la intencionalidad productiva que le dio sentido. A lo largo de un mes he tratado de pensar, con ustedes, en voz alta, arriesgar y arriesgarme en el ensayo de un pensamiento viral, que quiere ser capaz de contagiar la voluntad de pensamiento crítico y como suelo decir, ayudar-nos a pensar el pensamiento con el que pensamos, parafraseando al gran Jesús Ibáñez.

(calendario lunar, anónimo)

Ha sido un ejercicio intenso, novedoso, “peligroso” en al menos dos sentidos.

(rápidos en Veracruz y eso que faltan las elecciones, promoción comercial, sin autor)

De un lado la velocidad e intensidad de los acontecimientos dificultan silenciar el ruido para concentrarse en aquello que es lo fundamental de un proceso; a veces, atrincherados en las certezas que da el largo plazo, los y las académicas tendemos a “aguardar” con prudente tensión la evidencia incontestable (es un decir), de nuestros análisis y acercamientos. En una lógica “sedentaria”  que espera a que el “objeto”, tome la forma precisa y asible (otra vez, Ibáñez). Mientras que, hay un tipo de antropología del acontecimiento, cuya lógica es nómada, persigue al objeto, ahí, donde este se manifiesta y emerge. Inclinada mucho más a la metodología nómada, he intentado trabajar siempre en el centro del huracán, moviéndome y desplazándome por los intersticios, rendijas, sótanos de la vida social, para tratar de entender de qué están hechos nuestros miedos, nuestras pasiones, nuestra cultura de fondo. Y este blog ha significado en este sentido, una posibilidad vertiginosa, asombrosa de un pensar al lado, contra, por,  desde y con, otras y otros en este presente frenético que no cesa de moverse. Pero es tiempo de retornar a una reflexión de fondo, de todo lo que esta pandemia con cortes comerciales, ha significado y representará en la futura geopolítica de nuestros miedos.

 

(UNAM/La Jornada)

De otro lado, la “peligrosidad” se deriva, eso lo he ido aprendiendo a ritmos acelerados, de que este es un dispositivo que transforma la relación normalmente jerárquica (aunque digamos lo contrario) entre el observador y el observado, y ahora deberé decirle a mi amiga, la antropóloga Rita Segato (deben leerla, es una inteligencia deslumbrante), que he encontrado un espacio, que ella había decretado inexistente, aquel en que “el nativo se convierte en el etnógrafo de su antropólogo”. Los nativos digitales que le han dado sentido a este blog, han desafiado los principios de operación antropológica y he sido “obligada” a recomponer aceleradamente mis supuestos, mis análisis, he sido “etnografiada” por ustedes.  Y quizás, modestamente, he logrado acercarme al sentido más profundo que podría tener una antropología de la comunicación: aprehender la teoría del otro sobre el mundo. El blog (el bló de la epidemia, como la hemos bautizado entre el circuito cercano a esta bloguera), ha sido un taller acelerado en la necesaria “suspensión de juicios” que requiere la investigación social. Por ello, gracias a todas y todos, a los que participaron con comentarios, a los que aparecieron en mi buzón de correos, a los que se asomaron, a los que criticaron, a los que reflexionaron también a campo abierto.

(sin autoría, pero se parece a lo que Jabaz hacia cuando era el diseñador más chido de la pradera, antes de ser el humorista más fino del vecindario grande, aunque ha sido siempre mi “enamorado”, como dirían los brasileños…él aguantó vara, mientras me deslicé por los rápidos del bló, gracias Jabaz)

Quedan varios pendientes y tareas (no se me olvida), la elaboración del Diccionario Epidemiológico Colectivo, en el que estamos trabajando un equipo de insurrectas e insurrecto, Paty, Tania, Fernando y yo, del que habrá noticias a través de la página de Magis. Y, me toca volver con calma sobre cada uno de los comentarios (que leí siempre con atención y cuidado) para intentar extraer de ahí, cuáles fueron los lugares más densamente cargados de sentido, preocupación y posibilidades. El blog quedará abierto unos días.

 

(Proyecto Cartele, batofcors)

La epidemia sigue su curso errático; por ello es urgente volver a la historia, a la memoria, a lo aprendido, para encarar desde ahí, la pregunta por el futuro que queremos.

En un juego de humor, quise titular este “posteo”, con esa expresión de los movimientos sociales (otro mundo es posible, otra globalización es posible), que me parece que ha terminado por desgastarse al deslizarse peligrosamente hacia un “universal vacío”. Lo posible, pienso,  son las acciones que cada una y uno de nosotros, emprenda desde las trincheras cotidianas, desde ese lugar que estalló con la epidemia, volviendo evidente la fragilidad de un orden social, político y económico que se agota.

 

(sin autoría, pero que bonita)

Dejo testimonio aquí, aunque las olas del ciberespacio terminen por barrer la arena de los bytes, de mi más profundo agradecimiento a Carlos Enrique Orozco, porque me animó, por estar ahí; a Elvira Maldonado, que como siempre, se dio cuenta antes que todos de lo que esto significaba; a Carlos Monsiváis, por su generosa inteligencia y su capacidad para hacerse cargo de los “rituales del caos”; a Marcial Godoy, mi más cercano cómplice; a Daniela Gutiérrez y Flor Enghel (mis comadras argentinas por su sabio y delicado acompañamiento en este viaje complicado); a Pedro Lemebel (que prometió un palomazo para este blog, pero ya no vamos a alcanzar); a George Yúdice, Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Alejandro Grimson, mis escuchas y apoyos fundamentales; a toda mi banda latinoamericana, que supo estar al pie del cañón en esta guerrilla semiótica, porque son muchos y muchas, no hay manera de nombrarlos, ellas y ellos, saben quiénes son; a Benjamin Arditi, mi cuate-colega, porque desde el “reverso de la diferencia”, ha sido un interlocutor triple A; a los estudiantes, a los que conozco y a los que no, por su deslumbrante manera de colocar lo central de modos tan vivos y fundamentales. Y, un reconocimiento y gratitud de fondo a Humberto Orozco, José Miguel Tomasena, José Soto, maestros pacientes de esta torpe bloguera, responsables y culpables de todos los aciertos (las fallas fueron todititas, cortesía mía).

Día D, de despedida. Volveré de otras formas, seguramente, o en otro blog y espero que en otras circunstancias, cuando haya una epidemia de sensatez y democracia. Otro blog es posible ¿por qué no?

(de Rossana Reguillo, en su personalidad de Abu)

Postescriptum: Cuando Aliah tenía casi cuatro años, le dio por observar todo a su alrededor, guardar silencio momentáneamente para después comentar: ¡que loco, ¿vedá?!!! Así me siento hoy, después de observar los efectos de esta comunicación viral, ¡que loco, vedá?!!!

Aliah y yo, nos despedimos. En el próximo pastel ficticio, ustedes serán los invitados, los vamos a extrañar. Cambio y fuera.

 (de mi autoría. Títulé esta foto “volviendo a casa”, en la frontera de San Diego/Tijuana, con mis amigotes: George Yúdice, Pablo Vilas, Sergio Caggiano y Miguel Huezo. Nunca he querido hacer U turn…menos ahora)

 

 

 

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¡Noo, pusss ya qué!

(crónica de los últimos días)

 

 

Los casos de contagios por el virus aumentan en esta zona de nuestra fracturada geografía, además se desata otro “virusito”, de otra cepa, que anda paseando por este espacio público ya castigado por largas y nocivas epidemias de malos gobiernos, narcos “endémicos” e intolerancias sexuales, religiosas y de género; saturado al extremo de increíbles acciones de “gobierno”, que azotan nuestro ya muy inmunodeficiente sistema ciudadano.

 

Mientras intentaba descifrar el sentido de un “diario de la epidemia”, en un contexto en el que regresa poco a poco y con  risa nerviosa, como insinué ayer, una tensa normalidad, conversé largo rato con “mi” zapatero (la expresión me remonta a un período pre-capitalista que no aplica para nada en estos tiempos estallados). Don Alex, un artesano como pocos, mago capaz de revitalizar lo inútil en estos tiempos de lo desechable, se despachó, para el gozo de sus clientes y para esta “bloguera” ya casi curtida de sorpresas,  en estos tiempos locos de la influenza, la mejor hipótesis complotista que he oído, leído, atestiguado ¡y ha habido varias!.

 

Reproduzco, el diálogo por su valor etnográfico, una lección antropológica que pone en crisis “el enigma de don” (de Godelier) que me saltó en los apuntes cotidianos, por el comentario de mi colega antropóloga Rocío (pero de eso les cuento luego, porque es un tema en sí mismo).  

Don Alejandro dijo:

-todo esto lo inventó el “negrito” (he analizado el uso del diminutivo peyorativo mexicano, en muchas ocasiones)

 (Es decir Obama)

          y cuando le pregunté qué como para qué, contestó con total aplomo:

           ah,  pos para reactivar la economía! – (esa palabra empleó) y a mi siguiente pregunta:

          y en qué le beneficia a la economía gringa todo este desastre, Don Alex contestó:

           ah, pos porque Calderón pidió una indemnización a la OMS (también lo dijo así);

          pero en todo caso -argumenté yo- esa lana (dinero), sería para México, ¿no?

Y él contestó:

           Es que ahí está el detalle (recordé a Cantinflas), Calderón le va a prestar esa lana de la OMS, al negrito!!!, ese era el plan, dijó mientras con su martilllo castigaba un clavo en los zapatos de la joven que iba antes que yo.

Las señoras en la fila celebran el comentario  y asienten entre sí.  

Voilá,  fin de la conversación!  lógica cerrada. Todo esto fue para que Calderón pudiera prestarle dinero a su nuevo “cuate”,   Obama. Los imaginarios parecen moverse más rápido que los virus. La novedad estriba en el neo-poder mexicano que ahora está en condiciones de vender su vulnerabilidad, derivado de un virus que sirve para muchas cosas.

Recogí mis zapatos arreglados y me topé en la caminata con Don Memo, un lavador de coches que vive en nuestro barrio. Lo vi leyendo el periódico concentradamente.

-¿Tons qué, don Memo, todo bien?, dije-

– No seño, dijo, pussss ya qué, nos vamos a morir toditos de este rebrote de la gripa, pero ojalá y ahí se les haiga, se mueran primero los cabrones políticos, así y nos dan chance de gozarla.

 – ¿le lavo el carrito?- añadió, haciendo a un lado el periódico, -ándele-, no le hace que mañana llueva, al cabo y ya ¡pus, nos vamos a morir de esta caraja gripa, pero eso sí, señito, ¡todos muy limpiecitos!, dijo.

 

Postescriptum: Aliah no quiere ir a su curso de verano, me manda cortés mensaje a través de su mamá: gracias Abu, no quiero.

 Imagino que el calendario, ese que alcanza precariamente a descifrar, se asoma amenazante en su mapa-niño que no logra incorporar el estallido de lo cotidiano. Me quedo pensando en cómo diseñar un instrumento a la altura de lo que se ha movido en estos días prolongados de suspensión de las certezas. ¿Cómo recuperar un mínimo de imaginación futura?

 

 

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La pandemia explicada a los argentinos (palomazo antropológico)

(Crónica dubitativa)

Les conté hace varios días, que tengo muchos amigos argentinos que son parte de mi biografía y muchos de ellas y de ellos, compañeros fundamentales de ruta. Uno de ellos es Federico Tabachnick, un antropólogo de pura cepa que ha hecho, desde hace poco, de México, su casa. Hemos hablado por teléfono y justo nuestra última conversación telefónica, fue el día del temblor en el DF., gocé, con perversidad amistosa, su relato de la alerta en su institución por el temblor, que él contemplaba asombrado desde la ventana de su cubículo: veía bajar gente corriendo por la escalera, apresuradamente, me dijo. Pensé que se trataba de una manifestación estudiantil por las medidas en torno a la Influenza, narró. Tardó un rato en darse cuenta de que la gente salía asustada por el temblor. Menos mal, que esta ocasión su propia cultura política, no le jugó una mala pasada y el Sr. Richter, se portó amable. Federico, ha escrito sus impresiones en torno a todo este periplo epidemiológico y me ha parecido importante, compartir con ustedes de un argentino en el DF, en medio de elecciones, terremotos y epidemias.

 

Así que aquí va y veremos las reacciones: Federico Tabachnick por Federico Tabachnick (el título de la crónica es de su autoría…yo no me atrevería)

 

 

El viernes 24 de abril, apenas se declaró la emergencia, aproveché el cambio de agenda para ir de mi trabajo al gimnasio y tomar, de paso, un baño de vapor. Éramos varios los “suicidas” que parecían no haber hecho carne la alarma que se había accionado. Cuatro días después, sinceramente arrepentido, me puse un barbijo (o sea, cubreboca, traducción cortesía de la R…ossana): no usarlo era desafiar al mismo tiempo una naciente etiqueta y el mandato de cuidar la vida propia y ajena. Desde el 1 de mayo, al menos en Coyoacan, y a pesar de las fotografías de La Nación (periódico de amplia circulación en la Argentina, otra nota de la R), on line del lunes 4,  se ven menos barbijos en la ciudad (bueno, sí, he visto que un joven lo usaba para protegerse del sol del mediodía, como si fuese una kipá -se aceptan traducciones, la R-, colocada, de un modo tal vez azteca, sobre la frente).

 

Cuando se recuerden estas semanas se harán comparaciones desmitificadoras: que la “pandemia” mata menos que el tránsito, el narcotráfico, o ciertos focos epidémicos circunscriptos a las zonas más pobres de la Argentina. Con la perspectiva que da apenas un poco de tiempo, este episodio que pareció confundirse con una de las señales del Apocalipsis, obliga a algunos comentarios que si no son distanciados, sirven para construir un parapeto contra la inmediatez, masividad y prepotencia con que se presentan los fantasmas y los hechos que ellos disparan.

 

 

1-La pandemia de un virus para el que no se ha generalizado la disponibilidad de métodos de análisis, una entidad oscura, resulta ella sí, eficazmente iluminadora de una sensibilidad sospechosamente selectiva: a diferencia de las enfermedades ligadas a la pobreza la infección no está, al menos todavía, enclavada socialmente y, tal vez, solo tal vez, estén distribuidas democráticamente las posibilidades de enfermarse y las de morir por ella (de ahí buena parte de la explicación de la alarma). Si solo se tratase de una enfermedad de subalternos, las alarmas y la histeria disminuirían y la enfermedad se convertiría, como el dengue, de un terror en una oportunidad para pobrólogos (pobretólogos, en México, la R). Y más que nada, en la posibilidad de capitalizar la invocación de la preocupación por los “más pobres”, como sucedió en las semanas en que se esperaba con vigilia, procesión y novena el “caso autóctono” de dengue en Buenos Aires, para llorar un grado mayor del acabose que la multitud de replicantes de Marcos Aguinis (explicación, por favor, la R), que puebla la capital podría imputar con rabia legítima al Kirchnerismo. El problema es que esta enfermedad, por ahora, ataca a gente que viaja en avión y vive en hoteles y todavía no está clara una manera sistemática de cura para identificar y tratar a los eventuales infectados. Resueltos dichos enigmas será una enfermedad mas de aquellas cuya prevención o conocimiento figuran en los requisitos migratorios de algunos destinos turísticos y migratorios -: fiebre amarilla, paludismo, malaria que, cuando matan, toman por blanco a desnutridos y descuidados (o a blancos alienados por su profesión de voluntario, sacerdote, antropólogo o turista político).

 

 

2- Durante varios días el toque de queda sanitario se impuso y el DF parecía Nosferatu. La ciudad de escala monumental, caracterizada por el hormigueo constante ha perdido su densidad y, teniendo en cuenta las causas de la parálisis, se imponían los marcos del eternauta para interpretar la imagen de las autopistas y viaductos de 14 carriles casi libres durante días. Pero la procesión fue por dentro y algo explica la reacción de los días posteriores en que el barbijo se tono kipá (¿diadema sería, Dorix, la R).

La epidemia esta(ba) muchísimo menos presente que las prevenciones: (no conozco gente infectada y no conozco a alguien que conozca a alguien que haya sido infectado). Cuando nos encontramos hablamos de la epidemia, de los cuidados, de las previsiones de reapertura de la vida laboral, pero también, y mucho más, conforme pasan los días, de canalladas sufridas, niños, vinos y medicina alternativa. Todos nos cuidamos pero nadie esta aterrorizado ni mucho menos.

 

 

 (Fotografía de Tania González Suro)

Además muchísimos enunciaban razones para dudar de la epidemia o explicársela por razones que contradecían al gobierno que comanda la campaña sanitaria. El mismo sujeto que se uniforma para la guerra con barbijo y guantes, puede decirte que él no cree que haya una epidemia, que es todo una tapadera para encubrir la venta secreta de Yucatán a Obama que repone en el siglo XXI el fantasma de la amputación territorial del siglo XIX. Entre los desafiantes del gobierno, pero no de la epidemia, los que creen que la pandemia tiene un origen inconfesable pero es real: los laboratorios, la manipulación serían para ellos los responsables de la difusión del maldito bicho en una saga de la que pueden formar parte el plan comercial, el accidente, el descontrol aéreo. Las contradicciones que no pueden suturar la incertidumbre, están presentes en niveles que van más allá del corrillo cotidiano: una revista de opinión que apunta al público universitario, pone el ojo en el desmantelamiento del aparato científico sanitario y sus efectos en la incapacidad de reaccionar bien y a tiempo. Pero esa misma revista subraya en otro artículo la precariedad tecnológica mundial frente a este virus. No existen las brujas pero las hay, así que no dejemos de criticar al neoliberalismo, no dejemos de desconfiar del poder, pero no olvidemos el alcohol en gel.

 

 

 

3-La tensión entre vivir normalmente y obsesionarse con la epidemia se alimenta de lo mismo que en Buenos Aires hace temer a los familiares de emigrados argentinos en México, o a todos los que salieron a buscar el barbijos a cinco pesos: ¿la incertidumbre? Sí, pero más allá de ella, la dimensión adrenalínica de la vida global. Es curioso y puede que placentero para alguno, ser parte de una situación nunca vista y mundialmente observada (sobre todo si como vengo diciendo, difícilmente nos pase algo).

Esta dimensión se activa acarreando consecuencias diversas: el juego entre la difusión de noticias y su consumo, el tributo de la paranoia local a la circulación global,  hace llover rótulos sobre los países: aquel tiene riesgo financiero, el otro es peligroso sanitariamente y el de mas allá ofrece oportunidades increíbles para el turismo político o es gay friendly. Esta dinámica, entre otros factores, hace que cualquier víctima mortal de esta epidemia tenga una capacidad de conmoción nacional y global que, a su vez, origina la posibilidad de sobrerreacción de los gobiernos. Los diversos niveles de gobierno mexicanos se las ven negras optando por el costo de evitar victimas conmocionantes con medidas recesivas que traerán impopularidad, ante el riesgo de autorizar la actividad sin saber que esperar (ya que la detección no es rápida pero cualquier reporte hunde al país en la lista negra del turismo y al gobierno, otra vez, en la impopularidad).

Pero en todo esto hay, como negarlo, algo de estupidez alucinada e ignorante, para la que sobran las interpretaciones: un periodista argentino le pregunta a un jugador que reside en México: pero usted, ¿besa a su mujer?

 

 

4- La epidemia revelas formas de imaginación y dinámica política local: no es que, como en Argentina, no se cultiven la desconfianza y la denuncia respecto del gobierno. Pero la sociedad es más vertical y el alineamiento con la escena del terror es más fuerte y más obligado: además existen algunas nociones de límites que transforman la fisiología de la escena pública. Los periodistas no actúan como si supiesen más que el ministro y sus preguntas prescinden de la suposición de inutilidad del funcionario – una suposición permanente de inutilidad de la política y el estado-. Es así que el lugar de expresión de las dudas, diatribas y los chistes (si esto es PANdemia PRIdemia o PRDemia) es, generalmente, la opinión calificada, el interior de los diarios, las cadenas de mails y el “focus group de clases medias mas verdadero del mundo” constituido por esos resumideros que son los foros de internet.

 

5-Los guardapolvos blancos, la medicina, la ciencia y la solidaridad internacional son objetos casi intocados de la iconoclastia mundial, el escepticismo y el periodismo. Y está bien que así sea con tanto médico del mundo ayudando en tanta epidemia, con tantos africanos y tantas necesidades de remedios. Pero habrá que preguntarse, sino hay un parecido de familia entre una dimensión del funcionamiento de esos complejos internacionales y las agencias calificadoras de riesgo financiero. Miden los riesgos de acuerdo a parámetros abstractos y centrados en sus expectativas y de acuerdo a ello refuerzan jerarquías nacionales en las que sus problemas pasan a ser los nuestros. Nosotros que ya sabemos de que se habla cuando se habla del riesgo país deberíamos tener en cuenta que la aparición de estas emergencias no es inocua ni casual y que la concesión a las imágenes apocalípticas, a la vía de transmisión de los augures internacionales que es la lógica periodística, tampoco es sin consecuencias. Es difícil pero es necesario discriminar para no ceder, ni a la ansiedad que lleva a creer en el Armagedón en todo, ni a la ignorancia suicida que, ciega, lo rechaza todo al grito de “no a la magia blanca”.

 

6-Malditas sean las agendas encontradas de un gobierno atrapado en los círculos contradictorios de responsabilidad que desencadena la posibilidad de la epidemia y de otro que expía sus problemas/pecados sanitarios en los de la Nación cuyo pueblo y estado han sido una patria adoptante y adoptiva para todos los argentinos de buena voluntad que no pudieron habitar el suelo argentino.

 

7-El virus rebota, dicen que con mas peligrosidad. Prepárense en todos los sentidos: compren barbijo, lávense las manos, y solo escuchen música.

 

 

(hasta aquí, Federico)

 

Postescriptum: No he visto a Aliah, pero recibí un  correo, en el que su mamá me comparte un poema dictado por ella, del que le sorprende la expresión “por tanto”. No reproduzco el poema completo, pero sí el párrafo aludido. “por tanto dejaron huellas” (alude a una arañas en un closet). “Por tanto´” expresa un motivo de lo que se dirá a continuación, mientras que “por lo tanto” expresa una consecuencia. Me quedé pensando al leer el poema de cocodrilos y arañas, que “por tanto”es difícil aún evaluar lo que la influenza nos dejó. 

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Los tres nombres del gato

La ciudad volvió a su ritmo habitual. El retorno a la calle de oleadas de niños y jovencitos, mamás apuradas con rostros tensos por el tráfico (y no por la influenza); vendedores ambulantes que sonreían otra vez ante el paso inacabable de los autos; payasos y malabaristas que tuvieron tiempo de perfeccionar rutinas (el payaso jovencito que se instala en uno de los semáforos cercanos a mi casa, hace un número extraordinario, pero nunca calcula el tiempo del semáforo y pierde la oportunidad de recibir la recompensa a su labor de animador urbano); hoy, noté que pudo recolectar con suficiente tiempo y que muchas manos salieron de las ventanillas para acercar festivas y no infectadas monedas). A las páginas de los periódicos han vuelto los narcos y su ya pasmosa saga de decapitados y ejecutados, vuelve la estadística del horror. Empiezan los conteos nerviosos de “lo que la influenza nos dejó”, como pérdidas económicas, desempleo, turismo colapsado y una larga lista de percances que se suman a nuestra ya vertiginosa crisis.

El nombre de la entrada de hoy, se la debo a mis estudiantes del seminario de “teoría y análisis sociocultural” de la Maestría en Comunicación del ITESO. Hemos venido trabajando un proyecto colectivo sobre la ciudad, cuyos resultados tendríamos que haber expuesto durante la fase aguda de la contingencia y que ahora preparamos como galería virtual. Fueron meses de trabajo intenso (y debo decir que brillante y comprometido por parte de mis estudiantes), desde diferentes perspectivas y una sola consigna: hacer hablar a la ciudad. Sus esperanzas, sus dolores, sus protestas, su vida cotidiana, en fin, su devenir espacio habitado y nombrado por los millones diferentes que cabalgan sus calles. En el programa-guía que diseñé para este ejercicio académico, propuse a los estudiantes que:

“Basándome en el inteligente juego que García Canclini realizó en torno a los tres nombres que tienen los gatos (T.S. Elliot), para pensar América latina: el genérico, el propio y el que solo el gato conoce; la pregunta a develar es cuál es el nombre que nombra esta ciudad después del ejercicio analítico y reflexivo que la interroga”.  

Hay un nombre genérico: la ciudad

Hay un nombre que la designa, que la nombra: Guadalajara

Y un nombre, que solo la ciudad conoce: ese será el nombre del proyecto

El proyecto lleva por título, hoy: Urbanografías: la ciudad translúcida

(Diseño del proyecto Sandro Espinoza)´

 

Borrosa y transparente, opaca y luminosa: translúcida, la ciudad como sinécdoque (licencia retórica para nombrar la parte por el todo), de un país que deberá enfrentar su reconstitución, ojalá que con los aprendizajes debidos.

Hoy coloqué afuera de mi oficina un cartelón con moños y listones, con el letrero de Influenza Free ¡Bienvenidos! (no traía cámara, si no se los mostraba), del puro gusto que sentí de ver que el miedo no nos había paralizado (del todo) y que pese a todo, hemos podido surfear por las olas. Pero les muestro aquí el extraordinario trabajo de Ericx888, que generosamente me autorizó para utilizar este poderoso esténcil en el blog y que es testimonio de que los artistas urbanos, andan activos. Gracias Eric!!!

 

 

 

 

 (las instrucciones para entrar a su página, están en su comentario a Arte e Intervención…)

 

Postescriptum: Los listones de mi letrero festivo, provienen de la piñata de muñecas que hicimos el sábado con Aliah. Una vez rota la piñata (de princesas, sigo disculpándome), con dulces de a deveras, nos sentamos a comer un ficticio pastel (que simulé con mangos con chile, para el calor) con sus muñecas. En la conversación con los invitados, también ficticios, Aliah, comentó hacia el aire, no se preocupe, ya, ya, no esté triste, que falta mucho para que venga la influenza otra vez. Ojalá tenga razón.

 

 

 

 

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“Ensayo sobre la epidemia”

(Crónica referencial)

“Aquella noche el ciego soñó que estaba ciego”

Saramago

El título de hoy alude al libro del Premio Nobel José Saramago Ensayo sobre la ceguera (Alfaguara, 2001), que luego fue llevada al cine, por el extraordinario director brasileño Fernando Meirelles, director de la ya legendaria Ciudad de Dios (que logré ver ayer por recomendación de Rebeca).

En los temas postapocalípticos que van apareciendo tanto en la literatura como en el cine, hay claves importantes para comprender nuestra contemporaneidad.

Dejo, por este fin de semana, que los efectos socioculturales de nuestros miedos apocalípticos, apenas anunciados por este virus, sean “hablados” por Saramago y Meirelles.

“Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que se expande de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse con lo que existe de más primitivo en la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Ensayo sobre la ceguera es la ficción de un autor que nos alerta sobre «la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron». José Saramago traza en este libro una imagen aterradora -y conmovedora- de los tiempos sombríos que estamos viviendo, a la vera de un nuevo milenio. En un mundo así, ¿cabrá alguna esperanza?…José Saramago nos obliga a parar, cerrar los ojos y ver.

Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, también, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad” (contraportada).

Y la reacción emocionada de Saramago:

Postescriptum: He descubierto algo que no sabía, aprender a mirar el mundo a través de los ojos de los niños es una extraordinaria lección de lógica y sabiduría. Aliah, escenificó un noticiero de “televisia” (así lo dijo) y a sus cambiantes cifras de casos, casos, casos de influenza y de muertos, declarados con la propiedad de presentadora de noticias, iba intercalando comerciales de papitas y refrescos, haciendo con toda naturalidad un switch entre ambos tonos y lenguajes, en una perfecta solución de continuidad. Vi el noticiero por la noche y mucho más allá de todos los análisis que he hecho, entendí lo que Aliah está viendo: ¡una epidemia con cortes comerciales!

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¿Zonas de riesgo cero?

(Crónica interrogativa)

 

 

En lo que nuestro diccionario avanza y tratamos de recomponernos del “frío adentro”, hoy,  seremos un poco serios, por no decir “académicos”, nosotras y nosotros, ellas y ellos. Dudé entre sí enfrentar el tema de lo siniestro (aquello familiar que se vuelve extraño y por ello se convierte en motivo de extrañamiento y de miedo, según Freud), un tema, a todas luces, pertinente dado que el cuerpo (propio, el cercano) ha devenido amenaza y severa mutación. El tema da, no lo podrán negar y, traigo el músculo –más o menos entrenado-, porque acabo de ocuparme de elaborar un análisis crítico para un libro, inminente, de fotógrafos latinoamericanos en torno a “Políticas del Cuerpo”, que debiera presentarse en Buenos Aires por lo que urgen noticias (de Flor (e), nuestra “corresponsal” en Buenos Aires), en torno al levantamiento de “veda” a los cuerpos mexicanos;  o, consideré, deslizarme- a la manera de nuestro vehículo de ayer-, hacia los territorios de la seguridad  y sus múltiples efectos en nuestra cotidianidad.

Y, frente a las experiencias de hoy, las noticias, sus intervenciones en este “blog de temporada”, opté por ir a la seguridad (para los interesados, en Alambre, una revista electrónica que dirige Anibal Ford, escribí una  versión “hard”), porque me pareció más pertinente la  “securitización”, una palabra que no existe en español, pero mis colegas norteamericanos ya usan con comodidad, era un tema para conversar en este espacio.

El primer asunto que detona la pregunta en torno a la seguridad es la relación (colapsada) entre seguridad y libertad. “Sacrifiquemos libertad en aras de la seguridad” fue la consigna derivada del septiembre norteamericano del 2001. Este asunto, fue “reflotado” (porque es un tema de alma antigua) por Zygmunt Bauman, un sociólogo de presumir, un pensador de primera de lo contemporáneo, pese a que en sus últimas incursiones editoriales en castellano, abuse de lo “líquido”. Todo conspira, desde Guantánamo y Abu Grahib hasta las medidas de aislamiento domésticas, nacionales e internacionales, de que es posible y necesario construir las zonas de riesgo cero que los poderes necesitan para garantizar y perpetuar su poder.

( Fotografía REUTERS/Tomás Bravo)

Si ya la sociedad global parece haber aceptado severas restricciones a su libertad, que han significado violaciones constantes a los derechos humanos, me pregunto, cómo modificará este virus y su manejo político y mediático, nuestra comprensión del mundo. ¿Es realmente el dilema hoy aislar a quien se percibe como amenaza para la seguridad, sin considerar los costos para la libertad y los derechos humanos? ¿cuáles serán las nuevas zonas de riesgo cero derivadas de la pandemia.

Postescriptum. Hoy me morí. Sobre mi propia cama, vendada con papel higiénico que me impidió hablar (pero no reír, pese a los severos regaños de la autodenominada “Dra. Santorini”, o sea, Aliah). Morí de un “caso, caso, caso de influenza”.  Y pese a mi muerte, tuve que aguantar ser ungida –en mi calidad de cadáver-, de un bálsamo para los pies, en todo el cuerpo. Cuando su abuelo “Mi Pepe”, le preguntó de qué  me morí, Aliah, contestó: ¡Fue de caso de influenza!, que, explicó con absoluto aplomo,  “me dio, porque me atropelló un coche con el virus,  que a su vez contagia nubes y paletas.  (Su mamá me explicó que en la calle, vieron un auto con tapabocas gigante).

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Equilibrios precarios

(Cortesía de Daniel Barreto)

(Crónica, día nublado)

 

Al medio día cuando vi esta foto no pude parar de reír, porque me pareció no solo divertida en su aura melodramática, sino una poderosa síntesis y metáfora de lo que estamos viviendo los mexicanos hoy. Un esquivar “agujeros”, haciendo malabares y equilibrios entre la necesidad de sostener el optimismo y un mínimo principio de normalidad y la atención puesta sobre el camino, sobre la “calle” irregular, salpicada de trampas de toda índole; sí sabemos manejar, es solo que en estos días el camino es más riesgoso que de costumbre.

Viajé tres veces en taxi y volví a ratificar que no hay mejor termómetro para tomarle el pulso a una ciudad que conversar con sus taxistas, jinetes del asfalto que se convierten en  “pulsómetros” de los imaginarios ambulantes. Un taxi es una especie de “relatódromo” dinámico y, sus pilotos, una mutación –a veces peligrosa- de Sherezada, capaces de contar los mil cuentos que esconde una ciudad.

En el primer taxi, el corazón se me estrujó y no pude encontrar ninguna palabra para compartir, así que acudí al “peligroso” gesto de tocar el hombro de Arturo, un egresado de Contaduría Pública, tres veces desempleado y hoy autoempleado en un taxi de su tío (la familia al rescate en estos tiempos de colapso institucional pre-influenza). A mi pregunta “etnográfica” sobre sus impresiones de toda este desastre y como si hubiera tocado algún disparador, Arturo se echó a llorar, literalmente, con vergüenza de su propia debilidad y tratando de recomponerse, me contó que no hay trabajo, que las calles están solas, que no logra juntar ni para la gasolina del día y que no hay dinero para atender las necesidades de su esposa y su nenita de cuatro meses, a la que alimentan con la ayuda de sus familiares, también en situación difícil. No están enfermos y se mostraba agradecido por ello, “porque ya sabe, seño, esto es como la ruleta, le toca a quien menos se imagina uno” (no tuve valor para indagar a qué se refería y la antropóloga entrenada que llevo dentro se enojó conmigo por mi falta de músculo etnográfico). Arturo está realmente preocupado y no logra imaginar el panorama futuro. De su impecable camisa blanca sacó la foto de su nena, una sonriente bebecita que mira sin preocupación el horizonte.

En el segundo taxi, Don Manuel se mostraba abatido pero confiado en que esto es “una dura prueba que nos pone Dios, que con la ayuda de la Virgencita, de nuestras autoridades y claro, de este gran pueblo mexicano” va a terminar de la mejor manera. A sus 68, Don Manuel, jubilado de una empresa metalera, maneja un taxi de un lado para otro. Desde la contingencia, trabaja doble turno,  “pa´ compensar, señito”, “al que madruga, Dios le ayuda o qué”. Un estampa de Santo Toribio, el (casi nuevo) santo de los migrantes, cuelga de su espejo, en honor a su hijo mayor, trabajador en los Estados Unidos y “legalito”, que ahora, sin trabajo en los “Iunaites”, ha dejado de mandar los dolaritos, con los que la familia de Don Manuel, compensaba las duras condiciones en estos tiempos de equilibrios precarios.

Del tercer taxi, ni les cuento. Escuché la más extraordinaria teoría sobre el origen del virus, una mezcla del Santo contra las Mujeres Vampiro y “Mini me”. Al constatar el enojo de Gerardo, manifestado no solo en su relato sino en el inminente choque que pudo evitar, maniobrando, me pregunté si en el equipo del Presidente Calderón, en ese gabinete de emergencia, alguien está atendiendo todas estas desesperanzas, imaginarios y efectos “colaterales” de la pandemia. Diría el poeta: yo no lo sé de cierto, lo supongo.

(El diccionario en confección, no paren. Gracias por su colaboración. Habrá noticias)

Postescriptum:   Hace unas semanas, nuestra otra mascota, una gata de estirpe faraónica llamada (Vede)Tina (Aco)Modoti, enfermó de enfermedad extraña. No hubo manera de entender que pasaba, aunque acudí al sabio mayor en estos menesteres gatunos, dueño de uno que lleva por nombre Miau Tse Tung y claro, al veterinario. Agravó y agravó y agravó. Aliah, que en realidad se lleva mejor con los gatos que con los perros (intuyo que la complejidad le gusta más), dictaminó una tarde, que lo que la Tina tenía, era “frío adentro”, cuando le pregunté cuál o qué era esa enfermedad, abrazó a la Tina y dijo, es “que está triste”. Me pregunto cuánto “frío adentro”, tenemos en estos días extraños.

 

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Palomazo Monsivarita (o sea, Monsiváis en este blog)

(Crónica, un día como hoy)

Este blog se viste de gala y se pone de pie para recibir la visita de Carlos Monsiváis, quien se suma a la confección colectiva del Diccionario Epidemiológico para Tiempos de Emergencia (estuve a punto de escribir epistemológico, pero corregí a tiempo mis obsesiones profesionales) y nos aporta nada menos que 6 entradas 6. Una contribución que podría llevar por sub-título: “Nuevo diccionario para infectados remisos”.

Decidí  acompañar estas entradas con fotografías del estupendo proyecto Cartele (www.proyetocartele.com), y a pie de cada foto, doy los créditos a los autores. (Ojo, si no conocen Cartele, les sugiero una asomada para estos tiempos de exilios domiciliarios)

Blogueras y blogueros, ahora en su propia voz,  Carlos Monsiváis:

Querida Rossana:

Aquí van mis contribuciones al diccionario epidemiológico: 

Salvador de la Humanidad, dícese de aquel todavía piensa en términos locales.

 
Fotografía de Tono Valdivieso

Contingencia, anuncio de venta de temporada de votación por el PAN.


Fotografía de Corina Sturna

Paranoia, el miedo que nos vuelve superior a las generaciones ya idas.


Fabián Salamagnon

Confusión, dícese del resultado de ver mensajes en horario triple A.


Fotografía de Pablo Carosella

Aritmética, ciencia infusa cuyas reglas no pueden ser manejadas por secretarios de salud.


Vanina del Castillo

Secretario de salud, dícese de la distancia entre la cifra y el vacío.


Fotografía de Eduardo Marino

Hasta aquí las contribuciones de la conciencia nacional, a quien le agradezco su contribución a este trabajo colaborativo y en proceso. “Disculpe las molestias, diccionario en construcción”. Gracias Carlos…

Postsescriptum: Le conté a Aliah que estoy intentando hacer un diccionario colectivo y traté de explicarle lo que significa, creo que muy fallidamente. Jugó con Priscila, su sufrida muñeca (ahora preferida, que ya tiene un tapabocas que logré implementar; lo que se tradujo en una brevísima  tregua al sitio que Aliah me tiene colocado en torno a todo este desastre, por lo que asumo, ella percibe como una distracción imperdonable de mi parte) y mirando seriamente el resultado artesanal del tapabocas de Priscila, comentó, más para ella misma: ashhh, cómo se dice que horrible en tu dicionario, Abu!, acto seguido procedió a retirar el tapabocas de Priscila y maniobró con mi invento  sobre la pobre Tábata, la gorda labradora chocolata que funge de mascota (no le va el papel) en esta casa.  

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Collage

(Crónica, ¿Qué día?)

1. Durante este extraño fin de semana, mi bandeja de correos se saturó (casi) de los más variados mensajes. Hubo muestras de preocupación, de angustia, cadenas de chistes, reflexiones, peticiones y demás. De entre el conjunto de cosas que pude revisar (estamos en cierre de semestre escolar, ese es un factor que añade tensión a la tensa situación), me encantó esta recreación de El Grito de Edvard Munch (1893), que recibí de mi amiga Esperanza y que se ha convertido en un emblema de la angustia y la desesperación del hombre (en genérico) moderno y ha sido utilizado repetidamente, justo por su potencia para expresar la paradoja de la modernidad, que trataré de expresar esquemáticamente: conquista absoluta de la autonomía (liberada del yugo de las creencias mágicas), frente a la soledad y los riesgos derivados del progreso moderno. Muy a tono con “El sueño de la razón, produce monstruos” de Goya, un aguafuerte de 1799 y que he usado a lo largo de estos diez años de investigar los miedos como imagen para evidenciar las “trampas” de la racionalidad y colocar como un eje de análisis fundamental la centralidad de la historia en nuestra comprensión del mundo.

Aunque esta intervención al grito, anónima, hasta ahora, es realmente genial, abusa de algunos elementos. Creo innecesarios los mocos en el cerdo que emula al andrógino de Munch. Ya me dirán.

2. Estoy en absoluta sintonía con “Dorix” y Alejandro, que colocan en sus comentarios asuntos nodales para tratar de generar un mínimo de intelección a los tiempos que corren: volver sobre la literatura, el arte, el cine, no es solamente un ejercicio preciosista en tiempos en que no sobra el optimismo colectivo. A lo largo de mis caminos por los laberintos del miedo (miedos, en plural, mejor), he intentado analizar los escenarios tanto apocalípticos como postapocalípticpos. He escrito varios análisis y ensayos sobre estos escenarios y les juro, que siempre imaginé que el epicentro de las catástrofes estarían en lugares como Nueva York, no en esta ciudad que hoy se convierte en el epicentro del re-brote, del silencio, de los miedos gaseosos y al mismo tiempo, de la necesidad de recuperar la normalidad. Recibo correo intenso del colega Alejandro Grimson, de Argentina sobre sus reflexiones en torno al “barbijo” (así le dicen allá al tapabocas) y quedo enmudecida de su capacidad. Lo recibo minutos antes de leer a Nájera y a Dorix y veo la sintonía. Quedo maravillada de la “episteme” (no se asusten) foucaultiana, esa red de saberes y sentires que nos vuelven contemporáneos y me surge una idea: ¿qué tal que invito a mis amigos académicos, comunicólogos, antropólogos, sociólogos, periodistas, musicólogos, estetas (no es albur), historiadores, etc., a echarse “un palomazo” en este blog?, es gente muy chida y muy pensante…y de muchos lados del mundo…se aceptan opiniones…ya invité a algunos…pero faltan voces de apoyo…¿cómo va a ser posible que blog del falso debate argenmex, tenga 46 comentarios y nosotros, no superemos los 12 en cada entrada? Anímense… acá andamos, a campo abierto.

3. Declaro instaurado hoy, día fulano de la crónica (la angustia de todo las secuelas de esta epidemia están aquí y hay tanto por resolver que no acabo de hacer “check” a la agenda desbordada) la elaboración colectiva del DICCIONARIO EPIDEMIOLÓGICO PARA TIEMPOS DE EMERGENCIA…Una especie de wikipedia acorde con los tiempos.

Aquí una propuesta de entrada:

S
Sanitarización: dícese del proceso que en el siglo XXI, transformó todas las formas de socialidad conocida y colocó a México en el centro de los rechazos globalizados .

Otra, que le debemos a Cristina Castellano que escribió desde Paris (y de quien copio, con su autorización, su propia crónica en un comentario a este posteo)

F
Frontera Bucal: alude a la distancia establecida a partir del contagio posible y probable de un virus de procedencia extraña…

En fin son sugerencias, para armar un ejercicio colectivo, si nos sale bien, hasta podemos proponerlo a publicación. Espero sus revires

Postescriptum: Varios (iba a decir muchos, pero me ganó la proporción), están pidiendo certificación de la existencia de Aliah, mi comadre-cómplice-bruja-agorera-nieta-maravilloso ser-, entonces, va como evidencia, una fotito que intenta mostrar la existencia real del personaje que “motoriza” mis reflexiones.
Saludos y nos vemos mañana, espero sus entradas para nuestro diccionario colectivo

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