¡Noo, pusss ya qué!

(crónica de los últimos días)

 

 

Los casos de contagios por el virus aumentan en esta zona de nuestra fracturada geografía, además se desata otro “virusito”, de otra cepa, que anda paseando por este espacio público ya castigado por largas y nocivas epidemias de malos gobiernos, narcos “endémicos” e intolerancias sexuales, religiosas y de género; saturado al extremo de increíbles acciones de “gobierno”, que azotan nuestro ya muy inmunodeficiente sistema ciudadano.

 

Mientras intentaba descifrar el sentido de un “diario de la epidemia”, en un contexto en el que regresa poco a poco y con  risa nerviosa, como insinué ayer, una tensa normalidad, conversé largo rato con “mi” zapatero (la expresión me remonta a un período pre-capitalista que no aplica para nada en estos tiempos estallados). Don Alex, un artesano como pocos, mago capaz de revitalizar lo inútil en estos tiempos de lo desechable, se despachó, para el gozo de sus clientes y para esta “bloguera” ya casi curtida de sorpresas,  en estos tiempos locos de la influenza, la mejor hipótesis complotista que he oído, leído, atestiguado ¡y ha habido varias!.

 

Reproduzco, el diálogo por su valor etnográfico, una lección antropológica que pone en crisis “el enigma de don” (de Godelier) que me saltó en los apuntes cotidianos, por el comentario de mi colega antropóloga Rocío (pero de eso les cuento luego, porque es un tema en sí mismo).  

Don Alejandro dijo:

-todo esto lo inventó el “negrito” (he analizado el uso del diminutivo peyorativo mexicano, en muchas ocasiones)

 (Es decir Obama)

          y cuando le pregunté qué como para qué, contestó con total aplomo:

           ah,  pos para reactivar la economía! – (esa palabra empleó) y a mi siguiente pregunta:

          y en qué le beneficia a la economía gringa todo este desastre, Don Alex contestó:

           ah, pos porque Calderón pidió una indemnización a la OMS (también lo dijo así);

          pero en todo caso -argumenté yo- esa lana (dinero), sería para México, ¿no?

Y él contestó:

           Es que ahí está el detalle (recordé a Cantinflas), Calderón le va a prestar esa lana de la OMS, al negrito!!!, ese era el plan, dijó mientras con su martilllo castigaba un clavo en los zapatos de la joven que iba antes que yo.

Las señoras en la fila celebran el comentario  y asienten entre sí.  

Voilá,  fin de la conversación!  lógica cerrada. Todo esto fue para que Calderón pudiera prestarle dinero a su nuevo “cuate”,   Obama. Los imaginarios parecen moverse más rápido que los virus. La novedad estriba en el neo-poder mexicano que ahora está en condiciones de vender su vulnerabilidad, derivado de un virus que sirve para muchas cosas.

Recogí mis zapatos arreglados y me topé en la caminata con Don Memo, un lavador de coches que vive en nuestro barrio. Lo vi leyendo el periódico concentradamente.

-¿Tons qué, don Memo, todo bien?, dije-

– No seño, dijo, pussss ya qué, nos vamos a morir toditos de este rebrote de la gripa, pero ojalá y ahí se les haiga, se mueran primero los cabrones políticos, así y nos dan chance de gozarla.

 – ¿le lavo el carrito?- añadió, haciendo a un lado el periódico, -ándele-, no le hace que mañana llueva, al cabo y ya ¡pus, nos vamos a morir de esta caraja gripa, pero eso sí, señito, ¡todos muy limpiecitos!, dijo.

 

Postescriptum: Aliah no quiere ir a su curso de verano, me manda cortés mensaje a través de su mamá: gracias Abu, no quiero.

 Imagino que el calendario, ese que alcanza precariamente a descifrar, se asoma amenazante en su mapa-niño que no logra incorporar el estallido de lo cotidiano. Me quedo pensando en cómo diseñar un instrumento a la altura de lo que se ha movido en estos días prolongados de suspensión de las certezas. ¿Cómo recuperar un mínimo de imaginación futura?

 

 

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6 Responses to ¡Noo, pusss ya qué!

  1. Disulpas…no bien posteo esta entrada cuando recibo correo de un amigo ex neoyorquino ahora en Miami, que me dice, al pasar, comentando el texto de nuestro mutuo amigo Federico: además de estos tiempos de Barbaries y Barbijos, nos brinda….y calló lo que sigue…
    pero me pareció una redonda definciión para nuestro diccionario:
    Barbaries y barbijos: dícese de…
    gracias a todos por aparece…vamos en la cuenta menos 24…

  2. perdón, perdón es y callo (o sea yo, no él) lo que sigue…y es gracias a todos por aparece (o no)…estoy como lo que narra mi amiga Diana, padeciendo un severo ataque de alzheimer y bulimia, enfermedad severa que consiste en que como y se me olvida vomitar!!!
    ánimos y nos amanecemos…menos 23:56

  3. Dorix says:

    Y entre las teorías del complot sobre la influenza y hasta en las cadenas que en estos días saturan las bandejas de correo con “no registres tu celular”, el denominador común es la total desconfianza hacia el Estado. Tienes razón, tenemos el síndrome de inmunodeficiencia ciudadana.

  4. Juan Fernando says:

    Había escuchado y leído la teoría de que todo esto era una maniobra estadounidense para reactivar la economía, pero no que !se trataba de SU economía! según la teoría de don Alex. Cada vez aparecen más enredos, más posibles motivos, más peroratas, más elucubraciones, más líneas explicativas que intentan ser conclusiones.

  5. aki aportando una traducción para el asunto de la kipá. como ves, a uno le sale por los poros esta vena de investigador (y sufridor posmoderno) de lo religioso. aki va pues:

    La kipá (del hebreo “cùpula o parte superior”, plural kipot; también conocida por su nombre en yídish, yarmulke) es una pequeña gorra ritual (ver archivos adjuntos plis) empleada para cubrir parcialmente la cabeza, usada tradicionalmente por los varones judíos, y últimamente aceptada también por las corrientes no ortodoxas para uso femenino.

    La kipá – o cualquier otro sombrero, gorro o prenda que cubra total o parcialmente la cabeza – es de uso obligatorio (incluso para no judíos o gentiles) al entrar y permanecer en determinados lugares de culto judío, como sinagogas, cementerios o lugares sagrados, o en situaciones de plegaria, celebración o estudio canónico. Los varones judíos observantes, sin embargo, visten kipá durante todo el día y en toda ocasión.

    La kipá es de tela o lana bien tejida, y se confecciona hoy en día de los más diversos colores, tamaños y diseños, para todos los gustos, situaciones y modas. Así y todo, aún se estila usar kipá blanca para celebraciones de regocijo, como shabat, fiestas o bodas, y negra en señal de duelo. Es posible ubicar a un judío practicante dentro de determinada rama o corriente del judaísmo, en base al color, al tamaño o al material del que está hecha la kipá que lleva puesta.

    La costumbre de llevar kipá no proviene de un precepto o mandamiento propiamente dicho, a diferencia del talit o chal ritual, o de los tefilín o filacterias. aunque se ha arraigado con el correr de los siglos, al punto de convertirse en uno de los atributos más emblemáticos del judaísmo. Aun así, sus orígenes son igualmente milenarios, y se remontan al Talmud (Maséjet Kidushín, “Tratado de casamientos”, 31:1), simbolizando la necesidad de tener presente en todo momento que Dios está por encima de los hombres y las cosas; y solo pretende que la cabeza no quede descubierta ante Dios.

    En el servicio del Templo de Jerusalén los sacerdotes Cohanim tenían prohibido trabajar con la cabeza descubierta, este es uno de los orígenes de esta costumbre.

    El catolicismo ha adoptado y resignificado la kipá, llamándola “solideo”, como símbolo de autoridad, y es usada, con variaciones de color, por abades mitrados (negra), algunos monseñores de alto rango (roja oscura), obispos (roja oscura), arzobispos (morada), cardenales (roja púrpura) y papas (blanca).

    Decir que un tapabocas es usado como kipá significa que la persona se lo pone sobre la cabeza al estilo de un solideo. Osea que esta epidemia tiene efectos presbiteriales al permitir a todos los laicos de cualquier denominación, poder ser reconocidos como “ministros oficiales seculares de la influenziología” Mira nomás por dónde nos ibamos a imaginar que la “epidemia de influenza” iba a tener un efecto de masificación de lo sacerdotal¡¡¡¡

    Saludos.

    Javier

  6. Rossana:

    aki aportando para el asunto de la kipá. (que refiere nuestro amigo antropólogo argentino y que rossana pide aportaciones de interpretación) como ves, a uno le sale por los poros esta vena de investigador (y sufridor posmoderno) de lo religioso. aki va pues:

    La kipá (del hebreo “cùpula o parte superior”, plural kipot; también conocida por su nombre en yídish, yarmulke) es una pequeña gorra ritual (ver archivos adjuntos plis) empleada para cubrir parcialmente la cabeza, usada tradicionalmente por los varones judíos, y últimamente aceptada también por las corrientes no ortodoxas para uso femenino.

    La kipá – o cualquier otro sombrero, gorro o prenda que cubra total o parcialmente la cabeza – es de uso obligatorio (incluso para no judíos o gentiles) al entrar y permanecer en determinados lugares de culto judío, como sinagogas, cementerios o lugares sagrados, o en situaciones de plegaria, celebración o estudio canónico. Los varones judíos observantes, sin embargo, visten kipá durante todo el día y en toda ocasión.

    La kipá es de tela o lana bien tejida, y se confecciona hoy en día de los más diversos colores, tamaños y diseños, para todos los gustos, situaciones y modas. Así y todo, aún se estila usar kipá blanca para celebraciones de regocijo, como shabat, fiestas o bodas, y negra en señal de duelo. Es posible ubicar a un judío practicante dentro de determinada rama o corriente del judaísmo, en base al color, al tamaño o al material del que está hecha la kipá que lleva puesta.

    La costumbre de llevar kipá no proviene de un precepto o mandamiento propiamente dicho, a diferencia del talit o chal ritual, o de los tefilín o filacterias. aunque se ha arraigado con el correr de los siglos, al punto de convertirse en uno de los atributos más emblemáticos del judaísmo. Aun así, sus orígenes son igualmente milenarios, y se remontan al Talmud (Maséjet Kidushín, “Tratado de casamientos”, 31:1), simbolizando la necesidad de tener presente en todo momento que Dios está por encima de los hombres y las cosas; y solo pretende que la cabeza no quede descubierta ante Dios.

    En el servicio del Templo de Jerusalén los sacerdotes Cohanim tenían prohibido trabajar con la cabeza descubierta, este es uno de los orígenes de esta costumbre.

    El catolicismo ha adoptado y resignificado la kipá, llamándola “solideo”, como símbolo de autoridad, y es usada, con variaciones de color, por abades mitrados (negra), algunos monseñores de alto rango (roja oscura), obispos (roja oscura), arzobispos (morada), cardenales (roja púrpura) y papas (blanca).

    Decir que un tapabocas es usado como kipá significa que la persona se lo pone sobre la cabeza al estilo de un solideo. Osea que esta epidemia tiene efectos presbiteriales al permitir a todos los laicos de cualquier denominación, poder ser reconocidos como “ministros oficiales seculares de la influenziología” Mira nomás por dónde nos ibamos a imaginar que la “epidemia de influenza” iba a tener un efecto de masificación de lo sacerdotal¡¡¡¡

    Saludos.

    Javier

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