Equilibrios precarios

(Cortesía de Daniel Barreto)

(Crónica, día nublado)

 

Al medio día cuando vi esta foto no pude parar de reír, porque me pareció no solo divertida en su aura melodramática, sino una poderosa síntesis y metáfora de lo que estamos viviendo los mexicanos hoy. Un esquivar “agujeros”, haciendo malabares y equilibrios entre la necesidad de sostener el optimismo y un mínimo principio de normalidad y la atención puesta sobre el camino, sobre la “calle” irregular, salpicada de trampas de toda índole; sí sabemos manejar, es solo que en estos días el camino es más riesgoso que de costumbre.

Viajé tres veces en taxi y volví a ratificar que no hay mejor termómetro para tomarle el pulso a una ciudad que conversar con sus taxistas, jinetes del asfalto que se convierten en  “pulsómetros” de los imaginarios ambulantes. Un taxi es una especie de “relatódromo” dinámico y, sus pilotos, una mutación –a veces peligrosa- de Sherezada, capaces de contar los mil cuentos que esconde una ciudad.

En el primer taxi, el corazón se me estrujó y no pude encontrar ninguna palabra para compartir, así que acudí al “peligroso” gesto de tocar el hombro de Arturo, un egresado de Contaduría Pública, tres veces desempleado y hoy autoempleado en un taxi de su tío (la familia al rescate en estos tiempos de colapso institucional pre-influenza). A mi pregunta “etnográfica” sobre sus impresiones de toda este desastre y como si hubiera tocado algún disparador, Arturo se echó a llorar, literalmente, con vergüenza de su propia debilidad y tratando de recomponerse, me contó que no hay trabajo, que las calles están solas, que no logra juntar ni para la gasolina del día y que no hay dinero para atender las necesidades de su esposa y su nenita de cuatro meses, a la que alimentan con la ayuda de sus familiares, también en situación difícil. No están enfermos y se mostraba agradecido por ello, “porque ya sabe, seño, esto es como la ruleta, le toca a quien menos se imagina uno” (no tuve valor para indagar a qué se refería y la antropóloga entrenada que llevo dentro se enojó conmigo por mi falta de músculo etnográfico). Arturo está realmente preocupado y no logra imaginar el panorama futuro. De su impecable camisa blanca sacó la foto de su nena, una sonriente bebecita que mira sin preocupación el horizonte.

En el segundo taxi, Don Manuel se mostraba abatido pero confiado en que esto es “una dura prueba que nos pone Dios, que con la ayuda de la Virgencita, de nuestras autoridades y claro, de este gran pueblo mexicano” va a terminar de la mejor manera. A sus 68, Don Manuel, jubilado de una empresa metalera, maneja un taxi de un lado para otro. Desde la contingencia, trabaja doble turno,  “pa´ compensar, señito”, “al que madruga, Dios le ayuda o qué”. Un estampa de Santo Toribio, el (casi nuevo) santo de los migrantes, cuelga de su espejo, en honor a su hijo mayor, trabajador en los Estados Unidos y “legalito”, que ahora, sin trabajo en los “Iunaites”, ha dejado de mandar los dolaritos, con los que la familia de Don Manuel, compensaba las duras condiciones en estos tiempos de equilibrios precarios.

Del tercer taxi, ni les cuento. Escuché la más extraordinaria teoría sobre el origen del virus, una mezcla del Santo contra las Mujeres Vampiro y “Mini me”. Al constatar el enojo de Gerardo, manifestado no solo en su relato sino en el inminente choque que pudo evitar, maniobrando, me pregunté si en el equipo del Presidente Calderón, en ese gabinete de emergencia, alguien está atendiendo todas estas desesperanzas, imaginarios y efectos “colaterales” de la pandemia. Diría el poeta: yo no lo sé de cierto, lo supongo.

(El diccionario en confección, no paren. Gracias por su colaboración. Habrá noticias)

Postescriptum:   Hace unas semanas, nuestra otra mascota, una gata de estirpe faraónica llamada (Vede)Tina (Aco)Modoti, enfermó de enfermedad extraña. No hubo manera de entender que pasaba, aunque acudí al sabio mayor en estos menesteres gatunos, dueño de uno que lleva por nombre Miau Tse Tung y claro, al veterinario. Agravó y agravó y agravó. Aliah, que en realidad se lleva mejor con los gatos que con los perros (intuyo que la complejidad le gusta más), dictaminó una tarde, que lo que la Tina tenía, era “frío adentro”, cuando le pregunté cuál o qué era esa enfermedad, abrazó a la Tina y dijo, es “que está triste”. Me pregunto cuánto “frío adentro”, tenemos en estos días extraños.

 

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7 Responses to Equilibrios precarios

  1. Marcela Ibarra says:

    Rossana querida, arreglando mis libros acabo de encontrar uno maravilloso “La construcción simbólica de la ciudad”, que seguramente conocerás y tengo una pregunta que me dejó con “frío adentro”. ¿on ta esta sociedad organizada?, que nos pasó en esta contingencia que no respondimos como en otras catástrofes. Todos fueron días de guardar……de guardarnos en nuestras casas, de ver como peligro al otro, a los otros. ¿Cuáles son los verdaderos costos de las decisiones tomadas por el gobierno? “Frío adentro”, mucho.

  2. Juan Fernando says:

    El “frío adentro” que tan sabiamente Aliah define (me recuerda mucho a la Rendidora Sabelotodo, una sobrinita de nombre Yamira) es patente en todo lugar al que se va: las bromas irónicas sobre el virus y su contagio son, en el fondo, un temor que crece cada vez más. Coincido con usted dra. Rossana, ¿las autoridades estarán al pendiente de esa otra pandemia, llamada temor, paranoia?

  3. flor (e.) says:

    en Buenos Aires, según uno de los matutinos: ‘El Gobierno decidiría hoy el levantamiento de la polémica suspensión de los vuelos desde México dispuesta en su momento para prevenir el ingreso de la gripe porcina al país. La definición sería inminente, según fuentes oficiales, y se adoptaría en la reunión que mantendrá hoy el comité de crisis interministerial que encabeza el jefe de Gabinete, Sergio Massa’. nótese el tiempo verbal…

    y acaba de publicarse un libro de Horacio González titulado “El arte de viajar en taxi/Aguafuertes pasajeras” que, en contacto con la crónica de hoy en el Diario de la Epidemia, reflexiona acerca de un montón de asuntos a partir de los diálogos entre autor y choferes sucedidos en múltiples viajes en taxi.

  4. Flor says:

    Desesperanza: es la invitación a alimentar la fe en tiempos de crisis.
    (Conclusión un tanto alimentada en el gesto de Aliah)

  5. Jose Luis Coronado says:

    Querida, maestra, han pasado muchos años desde que me permitiste tomar tu clase en ITESO, en este tiempo veo con gusto tu evolución en esta labor de análisis y literatura social. Muchas gracias por seguir compartiendo tus líneas

    Aunque muchas veces los temas que tratas son más bien duros y preocupantes, siempre se disfruta tu relato agudo y preciso

    Efectivamente ahora la principal crisis en nuestro país es este “frío adentro” que ha quedado en muchos de los habitantes y este miedo que en gran medida hizo imposible que la comunidad se organizara y se pronunciara ante el problema. Tenemos mucho trabajo por delante para ayudar a reconstruir el tejido…

  6. Policía sanitaria: escuadrón policial en el nuevo orden mundial cuya función es detectar riesgos sanitarios en la población. Equipados con tecnología calorimétrica e infrarroja, recorren lugares públicos para salvaguardar la integridad sanitaria y evitar mutaciones adenóicas en los códigos genéticos humanos.

    Su brazo derecho lo constituye la policía sanitaria secreta, que actúa a partir de la identificación de sujetos potencialmente dañinos, así como su seguimiento y catalogación utilizando dispositivos analíticos de sustancias y partículas humanas. Una huella de labios dejado en un vaso de Whiskey, una traza de ADN de un cabello, o la saliva extraida de la boquila de un cigarrillo, constituyen elementos fundamentales para su labor secreta de protección social. Los conceptos y porcedimientos de justicia se modificaron en favor del bien común.

    La policía sanitaria encuentra sus orígenes en el denominado año cerdo, cuando las mutaciones genéticas del virus AH1N1 recombinaron las potencialidades del ácido desoxiribonucleico de aves, cerdos y humanos.

  7. Paty says:

    Pues yo aun no me he subido a ningun taxi en estos dias de epidemia, aunque concuerdo completamente con que no hay como tomar un taxi para enterarse de la ciudad, lo que si es que ahora fue mi primera incursion en el transporte publico desde que comenzo todo este asunto. Cual es mi sorpresa al constatar que en serio yo soy la unica persona con tapabocas, y no solo me gane miradas extrañas, sino hasta de reproche, intuyo que es por eso de recordarle a la gente lo que no esta haciendo o quizas solo una representacion de la incomodidad ante toda la situacion. La gente no parecia inmutarse de si se agarraban de los tubos o hasta recargaban la cara contra el vidrio, y cuando nos bajamos mi amiga y yo e insistia en ponerle gel antibacterial apesar de sus multiples quejas, recibi una sarta de miradas francamente acusadoras.

    Tambien el asunto de los cubrecobas se me hace de lo mas interesante, ayer una mesera me sacaba la lengua, mientras que otro me sonreia todo atraves de estos mini lienzos/accesorios que algunos se ven obligados por el trabajo a usar. Algunos diseños son muy ingeniosos aunque otros rayen en lo absurdo, pero es interesante que la semana pasada en la que estuvieron “agotados” fue en el tianguis cultural donde muchos se surtieron de estos dispositivos, algunos inclusive con estoperoles para remarcar, me cuido pero sigo siendo punk.

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