Voz, casi recuperada

Pacientes lectores, la tecnología nos ha jugado una mala pasada (pero yo tuve todiditititita la culpa), luego les cuento. Estoy en “modo oral”, todavía no podemos recuperar el “modo visual”, pero en esas andan mis cómplices en esta aventura José Miguel Tomasena y José Soto, de Magis y claro al Jefe de todos nosotros: Humberto Orozco, por quienes hago una ola entusiasta y les doy las gracias… Estamos a un tris de poder aparecer… hay tanta cosa de que hablar…

En el inter les dejo un regalito. Les conté en el único comentario que pude hacer por el percance, que habían “posteado” (así se dice, Soto?), mi entrada sobre el virus militar en un blog de Clarín de la periodista y escritora Cristina Civale (aqui el link), pues los comentarios subieron a 46 (según yo son muchos, no?), y el tema se puso rete candante.

Les copio aquí el último de los comentarios, para que empecemos a discutir de qué manera estas situaciones límite, se convierten en reveladores de procesos de fondo, sedimentaciones históricas de los imaginarios.

No hago más comentarios, para seguir en la componedera de este “admíniculo” diabólico, que es el bló!

Nos leemos en un rato, (les recuerdo el link, por si quieren echarse una ilustrativa vuelta a cómo se dió la “discusión” allá): http://weblogs.clarin.com/itinerarte/

Va

ESTA PESTE ES UNA MUTACION DE VARIOS VIRUS,NO HAY VACUNA PARA FRENAR ESTA ENFERMEDAD,Y CADA VEZ SE HACE MAS RESISTENTE A LOS RETROVIRALES,AUN SE DESCONOCE SI LAS PERSONAS BAJO TRATAMIENTO,PODRIAN SUFRIR UNA RECAIDA ,YA QUE LOS VIRUS TIENEN LA CARACTERISTICA DE MUTAR Y ATACAR AUN CON MAS FUERZA,BAJO ESTAS CIRCUNSTANCIAS EL GOBIERNO ARGENTINO HIZO LO CORRECTO AL CORTAR LOS VUELOS DESDE MEXICO,CABE ACLARAR QUE ESTE FLAGELO SE EXPORTO DESDE MEXICO A TODOS LOS PAISES QUE HOY YA CUENTAN CON CASOS AUTOCTONOS,QUIZAS SI LOS PAISES QUE HOY TIENEN AFECTADOS HUBIERAN TOMADO LA MISMA MEDIDA QUE ARGENTINA ,EL MAL NO SE HUBIERA PROPAGADO EN TODAS DIRECCIONES COMO ESTA SUCEDIENDO HOY,BAJO ESTAS CIRCUNSTANCIAS ME PARECE DE MUY MAL GUSTO QUE EL GOBIERNO DE MEXICO Y MUCHOS MEXICANOS SE SIENTAN OFENDIDOS POR NO HABERLES PERMITIDO COMPARTIR ESTA ENFERMEDAD,OBVIAMENTE NO TODOS ELLOS ESTAN INFECTADOS,PERO EL RIEZGO ES MUY GRANDE COMO PARA TOMAR MEDIDAS A MEDIAS!,ME PREGUNTO COMO PRETENDEN LA LIBRE CIRCULACION POR EL MUNDO,CUANDO EN SU PROPIO PAIS HAY UN ESTADO DE SITIO,Y NISIQUIERA PUEDEN REUNIRSE EN EVENTOS DE SU PROPIA NACION…,Y NO SE EQUIVOQUEN SI USA NO HIZO LO MISMO QUE ARGENTINA ES PORQUE NO TENDRIA NINGUNA RAZON CERRAR SUS AEROPUERTOS,LA MAYORIA PASA POR TIERRA, Y NO SIEMPRE POR PASOS FRONTERIZOS!…
RESPECTO DE LOS ARGENTINOS QUE ELLOS RECIBIERON EN EL TIEMPO DE LA DICTADURA,NO SE DE NINGUN POBRE TIPO QUE NO TUVIERA PARA COMER QUE SE HALLA ASILADO ALLI,LA MAYORIA TENIA UN ALTO NIVEL CULTURAL E IBAN CON DINERO…
Y A LOS QUE HABLAN ACERCA DE LA RECIPROCIDAD COMPARANDOLO CON EL DENGUE,ESTE NO SE PROPAGA DE PERSONA A PERSONA POR LO TANTO NO SE A DONDE SE QUIERE LLEGAR CON LA COMPARACION!…

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Contrarrestar la incertidumbre

(Crónica, día 14)

 

 

Escribo con la preocupación compartida por las noticias y las medidas tomadas hoy en todo el estado de Jalisco y en concreto en mi ciudad, Guadalajara. 26 casos comprobados de enfermos por el virus y tres muertos, no son un dato agradable en la vida de ninguna comunidad. Por medidas oficiales, las escuelas y los centros de encuentro público, vuelven a cerrarse hasta el día 18 de mayo, una semana más de semi-aislamiento, una semana más de bombardeo mediático, una semana más de miedos y sospechas y una semana más de puntos suspensivos. No sé si lo que más me preocupa es el miedo que se vuelve más difuso cuando re-emerge frente a una amenaza que se creía (medianamente) conjurada o, esta incertidumbre y desconcierto que secuestra la imaginación.

Todo se apaga y vuelve el silencio, acompañado ahora de unas lluvias torrenciales que nos llevan del estupor a la melancolía y viceversa.

Frente al clima casi festivo de ayer (que Mary Hernández, describe bien en su comentario en el post anterior y que agradezco mucho), volvemos a convertirnos en testigos y en protagonistas sorprendidos de la espectral amenaza que nos recluye y nos aísla, ratificando así, los imaginarios que tienden a mirarnos (a los mexicanos y mexicanas) de dos formas básicas: con desprecio temeroso y mágico (apartarnos, prohibirnos la entrada, negarse a jugar fut bol con equipos mexicanos, les lleva a creer que un virus es aislable en estos tiempos globales, de intensísisima migración y movilidad) o, con una cierta conmiseración culposa, que se lava “las manos”, una vez que ha expresado su solidaridad. Hay muchas y maravillosas excepciones, claro está.

Pero en realidad, más que compartir una reflexión, quiero hacerme presente para mis estudiantes, los de hoy (que tienen atiborrada mi bandeja de correos con sus desconciertos e incertidumbres) y los de ayer, los locales y los foráneos, que han sido el motor de mi trabajo y cómplices fundamentales en la aventura de pensar. Quiero recordarles a todos que frente a toda esta incertidumbre y ominoso aviso de que la sociedad del riesgo global no es una entelequia beckmaniana (no el jugador, sino el sociólogo alemán) y en momentos en que el biopoder es más que un concepto difícil, una realidad que se vuelve espesa y natosa, es fundamental mantener el optimismo realista y ya lo saben, “el músculo pensatorio” trabajando y activo. Nunca ha sido tan fundamental, volver sobre la metodología de Leonor, el Señor de los Thunder Cats: espada del augurio, déjame ver más allá de lo evidente.

Dos breves notas:

1. Para aligerar la espera, un chiste de una serie interminable que me llegaron por 5 distintas vías hoy:

“Con el virus A, los mexicanos hemos olvidado el virus del Debola: debola luz, debola tarjeta, debola hipoteca!

2. La periodista argentina Cristina Civale, del periódico Clarín de Argentina, subió a su blog, mi comentario sobre el virus militar y mi crítica a la medida del cierre de frontera hacia México, cosa que le agradezco muchísimo. Los comentarios no se hicieron esperar y la polémica se puso candente. Si tienen ganas, asómense, es ilustrativo, leer los comentarios; pero más allá, el blog de la Civales, es una delicia, va el enlace:

http://weblogs.clarin.com/itinerarte/

Postescriptum:

Hace un par de meses, veía en mi estudio este video (que me sigue pareciendo maravilloso) mientras Aliah se afanaba con plasti y su libro de dinosaurios; al principio no hizo caso, pero se fue acercando, suavecito, como ella sabe, y sin darme cuenta, estaba sentada en mis piernas, intentando tararear el estribillo en inglés. Después de un ratito, se bajó decidida a continuar sus actividades, minutos después dijo: lo bueno, Abu, es que ahora podemos cantar desde muchas partes, ¿tú no cantaste en ese video?  Me encantaría cantarlo ahora

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Ahora Singapur, ¿quién más?

 

Crónica, día 13)

 

Hoy volvimos a clases después de casi dos semanas de suspensión forzada, para mi sorpresa y la de algunos de mis colegas, los estudiantes no parecían en absoluto atemorizados y pese al severo “instructivo” sanitario que nos fue entregado (incluidos botes de gel antibacterial, líquidos y trapos para la limpieza constante de superficies), que insiste en aquello de no besar y no abrazar, lo que vi, fueron jóvenes en plena normalidad, sonrientes y efusivos con sus cuerpos. En lo que caminé de mi oficina, a mi salón de clases, recibí no menos de 20 besos y una proporción similar de abrazos. Así que si él A H1N1, anda rondando los pasillos y járdines, encontrará un gran caldo de cultivo en nuestros afectos (nuestro himno nacional podría “mutar” temporalmente e introducir un nuevo estribillo: en vez de “un soldado en cada hijo te dio”, bastante bélica, podríamos cantar –de pié y con la formalidad que nos caracteriza-, “un virus en cada abrazo te dio”). Celebré la ausencia de miedo y a diferencia de lo que muestran insistentemente, reiterativamente las fotografías de los periódicos, hoy tuve la impresión en mis andanzas por la ciudad, de que “los raros” eran los que usaban tapabocas.  Y no es que haya que bajar la guardia y tampoco que las noticias sean muy alentadoras (se confirman casos cada día), quizás lo que sucede, es que la fuerza de lo cotidiano nos lleva a desafiar el riesgo a fin de preservar una mínima franja de certezas. Nadie puede vivir en puntos suspensivos por demasiado tiempo.

Y justo, cuando es posible constatar que nos “vuelve el alma al cuerpo”, como hubiera dicho mi abuelita, es que aumentan las noticias y los informes sobre la ola (no sé cómo llamarla), de rechazos y medidas “sanitarias” en contra de los mexicanos. Se nos informa en un boletín de la Cancillería, que “es recomendable no viajar a Singapur” (y yo que pensaba irme mañana, pero lo voy a considerar). Singapur, exigirá visa a los mexicanos (antes no lo hacía) y “escuchen” bien, se abroga el derecho de “someternos a cuarentena y a quién se niegue, la posibilidad de cárcel o de multa” (http://www.eluniversal.com.mx/notas/596566.html).

Apestados, discriminados, expulsados (miren el video abajo, es largo, pero vale la pena) y ahora hasta con riesgo de cárcel. Creo que no les he contado, pero entre las nuevas medidas de seguridad aeroportuarias en territorio nacional, está la instalación de unos aparatitos que miden el calor del cuerpo y si tu temperatura es “sospechosa”, te apartan. En fin, se van sofisticando los dispositivos de seguridad y aún no hemos visto lo peor.  

 

 

Pero en realidad, lo que no he dejado de pensar, es en la vergüenza que siento frente al comportamiento de las autoridades mexicanas en relación a sus fronteras. Su dócil asunción del papel de “cadenero” (en México, los jóvenes llaman al que controla el ingreso al “antro”, es decir, al bar, a la discoteca, al lugar de diversión, con ese descriptivo nombre), que nos convierte por la vía de los hechos, en un “filtro”, por hablar en términos sanitarios, de todos aquellos no considerados ciudadanos adecuados, viajeros con luz verde. Quizás, valdría la pena, que México, contestará a esta oleada de vejaciones (increíbles en el siglo XXI), con una total y limpia apertura de sus fronteras y se dejara de controles que no nos van. Un buen momento para aprender que hay muchos tipos de “virus” que requieren de una política fronteriza, acorde con los tiempos.

Solidaridad preocupada con el connacional que quedó enfermo en un hospital en China.

 

Postescriptum: Hay un juego que a Aliah le gusta mucho: vender. Me vende todo, desde las latas de la despensa hasta los libros de mi biblioteca. Hoy afortunadamente me vendió: Rizoma, de Deleuze y Guattari. Lo hizo pasar como un libro de sirenas. Mientras efectuaba el acto de compra, en lo que ella sumaba mi adeudo, pude re-leer: “el rizoma conecta un punto cualquiera con otro punto cualquiera…y pone en juego regímenes de signos muy diferentes” (como los destiempos en nuestros miedos). Cuando le pagué, me preguntó, si los billetes ficticios que guardo en mi cajón a efectos de este juego repetido, tenían “influencia”.  

 

 

 

 

 

 

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Arte e intervención en tiempos oscuros (Un homenaje a las Las Yeguas del Apocalípsis)

(Crónica, día 12)

La fotografía es de Tania González Suro, que a estas alturas sería ya egresada de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por el ITESO, si no fuera por esta contingencia, que prolongó una semana más nuestro calendario escolar. Además, es mi becaria de investigación y tenemos ya un rato trabajando juntas en diversas pistas sobre los miedos, las identidades urbanas, el narco, la violencia y otros temitas.

La foto fue tomada en el centro de Guadalajara y, además de su evidente sentido del humor, me gustó el inteligente uso del “esténcil en coyuntura”, es decir, la intervención del espacio urbano a partir de problemas de actualidad, de asuntos que preocupan u ocupan a una ciudad. En momentos en que la ciudad está atiborrada de “tags” (etiquetas, firmas), que parecen haber renunciado a la tradición más combativa, políticamente hablando, que inauguraron en esta ciudad sus “hermanos” mayores, los grafiteros de finales de los 70 y principios de los 80, es viento fresco, atestiguar la emergencia de un arte urbano capaz de dialogar con lo que sucede. Reviso la prensa nacional, la local, navego torpemente por internet y no encuentro a estas alturas, una clara y abierta participación de los artistas en esta crisis de miedos, de “puntos-pánico” que crecen y decrecen como los IMECAS. Y si hay algo de lo que estoy convencida, es de la centralidad de la arte, de la poesía, de la literatura, del cine, para enfrentar la adversidad y hacernos volver la mirada hacia lo que dejamos de ver, por ver lo obvio.

No pude dejar de recordar a Pedro Lemebel y a Francisco Casas, ese colectivo que en el Chile devastado por la dictadura militar, los estruendos de la concertación democrática y los estragos evidentes de la pandemia del SIDA, asumieron, travestidos en Las yeguas del apocalipsis, la intervención performativa, netamente urbana, de una situación compleja y dura que requería de otros lenguajes para ser hablada. Fue el arte, fue la imaginación de estas dos figuras emblemáticas y provocadoras, el que contribuyó a ventilar, a darle aire a los muchos asuntos que Pinochet había sepultado. Quien mejor lo expresa, es la escritora Pía Barrios: “Las acciones no podían durar más de cuatro minutos, eran situaciones relámpago con las que obligabas a la gente a tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo en el país, anestesiado por los medios de comunicación, saturado de desinformación”.

Las dos Fridas

Nada más actual, en tiempos de desinformación, el papel del arte para detonar procesos reflexivos es fundamental. ¿Dónde están los artistas?

Postscriptum: He notado que Aliah dibuja sin parar cuando está más tensa o preocupada; es un modo en el que exorciza y “negocia” con sus preocupaciones. Un ejercicio de dibujo colectivo, una gran intervención urbana (como las que se dieron durante los procesos del 22 de abril de 1992), no nos vendría mal. No sé ustedes pero yo sigo sintiendo la atmósfera muy pesada…como si el tiempo hubiera sido abducido por un OVNI…

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Virus militar JRV

(Crónica, día 11)

No, se equivocan con el título, en absoluto me quiero referir a las nuevas derivas de las teorías complotistas, como que el virus A, “es bioterrorismo de estado en confabulación con una farmacéutica y la Fundación Rockefeller” (que según sé, ya no tienen mucho dinero para financiar los estupendos y necesario proyectos que patrocinaron generosamente en América Latina, por ejemplo, la poco sospechosa (de vínculos con Darth Vader y el Imperio) y hoy, lamentablemente, extinta revista Crítica Cultural, que dirigió Nelly Richard en Chile, con páginas memorables y fundamentales para la memoria cultural de nuestro trozo de mundo o, el Proyecto Memoria, que por varios años dirigió la estupenda socióloga Elizabeth Jelin en Argentina y que ayudó a formar varios investigadores de primer nivel y logró la publicación de varios libros, hoy fundamentales para entender la memoria vinculada a las dictaduras; y podría seguir citando casos, pero no es el tema).

En realidad, estoy triste y más que enojada, preocupada. No logro descifrar el comportamiento del Gobierno Argentino y peor aún, el de algunos de sus ciudadanos “de a pie”, frente al cierre (de facto) de su frontera a los mexicanos. Yo suelo asomarme por aquellos territorios, una o dos veces al año, tengo vínculos profundos con ese país, de a poco y torpemente he aprendido fragmentos de su historia y hoy, tengo en mi archivo de afectos fundamentales a muchos argentinos y argentinas, que son mis amigos, mis colegas, mis compañeros de travesía en esta contemporaneidad caótica que nos ha tocado compartir. Presencias imprescindibles a las que no quiero y no voy a renunciar. De Argentina, vuelvo siempre revitalizada, estimulada por los debates y discusiones con colegas y estudiantes; y aunque casi siempre regreso enferma -suelo traerme una gripa y una bronquitis descomunales-, piso tierra mexicana con la sensación de haber estado en el lugar correcto, ratificada en mi mexicanidad, orgullosa, sin falsos nacionalismos, de lo bien que somos vistos los mexicanos en el fin del hemisferio.

Hoy, mientras leía noticias, recordé que mi amigo Sergio, un argenmex de pura cepa (haría una nota de pie de página, pero no domino la tecnología del todo, pero para los más jóvenes: un “argenmex”, es un argentino que vivió (o aún vive) el exilio provocado por la feroz dictadura argentina de 1976 a 1983 y que desarrolló una filia mexicana y una identidad nacional doble, de esas que dan envidia), manda, sin faltar, un correo colectivo cada 15 de septiembre con los colores de la bandera mexicana y la leyenda: ¡Viva México, cabrones! Pensé que pensaría Sergio y su hija mexicana del rechazo ya casi xenofóbico hacia los mexicanos; pensé en los tantísimos argenmex, ya mexicanos naturalizados, que han hecho de esta matria su hábitat por elección. Pensé si el Virus A, además de sus estragos a las vías respiratorias, afectará de algún modo la memoria.

Cuando el “virus militar” de 1976 azotó las tierras argentinas, no hubo un pedazo de territorio mexicano que no quedara abierto para recibir a los cientos, miles (no tengo el dato a la mano, ni ganas de buscarlo; en serio, estoy triste y preocupada) de exiliados que encontraron refugio para sus vidas destrozadas por la letalidad y brutalidad de un “virus”, que tampoco hizo distinciones, tan es así que logró “desaparecer” 30 mil cuerpos argentinos. Cuando el Virus JRV (General Jorge Rafael Videla), México, estuvo ahí, frontera y casas abiertas.

Y no es nacionalismo “trasnochado”, es apenas, una sorpresa entre las muchas que se van desgajando cotidianamente de esta “epidemia”, mostrando no lo mejor de nuestra sociedad del riesgo. Y aunque son situaciones distintas, algo de los memes (a los que ya aludí) de la reciprocidad, debería estar operando ahora.

Postescriptum: Aliah empieza a dominar su comprensión de lo que es un calendario; jugamos a llenar casillas en mi agenda y pegamos etiquetas de “princesas” (perdonarán lo cursi, cuestión de mercado, pues) los días del calendario en que estamos juntas. Se dio cuenta de la gran cantidad de días en que ha faltado a la escuela y me preguntó. Abu ¿con que etiquetas llenamos lo que está vacio?

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La distancia de nuestros miedos

(Crónica, día 11)

 

El aviso nacional (a reserva de lo que dirá en un rato más el presidente Calderón, en su mensaje a la nación), es que habrá un regreso escalonado a clases a partir del 7 de mayo. Los estudiantes de nivel medio superior y los universitarios volverán a las aulas el 7, mientras que los alumnos de secundaria y primaria, lo harán hasta el día 11, un día después de que en México celebramos el día de la madre, que seguro en este año tendrá un valor o por lo menos una connotación particular. Una semana más de “vacaciones” forzadas, en las que se habrán acumulado, cantidades industriales de gel antibacteriano, de gastos en renta de videos (una de las noticias colaterales del día es que Blockbuster, duplicó sus ventas ante la contingencia. Nada mal para el negocio del entretenimiento a domicilio) y kilómetros de aburrimiento ante los puntos suspensivos que ha colocado esta emergencia sanitaria a la vida cotidiana.

Pero más allá de las medidas oficiales, las osciladoras estadísticas, el miedo que muta a una pesada sensación de hartazgo (este es un tema sobre el que tengo que pensar con calma: en qué momento y debido a qué, el miedo deriva en otras emociones contrapuestas o derivadas), lo que más me impacta es imaginar el nuevo mapa de nuestras relaciones sociales.

Distintos funcionarios, en los distintos “manuales” que formarán parte de nuestra venidera cotidianidad, señalan que la distancia prudente para tratar-negociar-querer-saludar-interactuar con el otro, con la otra, es de 2 metros. Me parece un exceso, los mexicanos ¿a dos metros?, una distancia inaudita para quienes el contacto, cara a cara, cuerpo a cuerpo, no es solamente un dato cultural, sino una práctica de vida, un gesto tan natural y asumido que pocas veces lo ponemos en cuestión.

Debo confesar en voz baja (si me citan, lo negaré) que uno de mis “experimentos culturales” favoritos es probar cuanta distancia social toleran las personas. Y debo decir que los mexicanos salimos “ganones” en proximidad. Para los que necesiten datos, he probado el “truco de la distancia”, en España, en Argentina (que pese a sus dos-besos-dos, son bastante intolerantes a la cercanía del cuerpo del otro), en Colombia, en El Salvador (que se parecen a nosotros, pero son más formales), en Puerto Rico (que pese a su desborde caribeño, son más cuidadosos), en Brasil (con pocos datos), en Ecuador (que despliega su cultura andina y seria). Y puedo dar testimonio comprobado, de que los mexicanos somos un grupo bastante “tocador”, “cercano”, “próximo”. Nuestra distancia es mínima, casi invasiva, o quizás debería decir ¿era?

Antier y ayer se habló del “aislamiento social” como medida preventiva y hoy, nos indican que nuestra geografía cultural de cuerpos en contacto, deberá cambiar sus patrones. Me quedó pensando que los niños, casi siempre mocosos y pegosteosos, no merecen, no deben sufrir el castigo de los dos metros. Tampoco quiero renunciar al contacto estrecho con mis amigas y amigos, de los que puedo repetir “su olor” y “su textura”. ¿Cuántas cosas más tendremos que aprender a manejar en esta epidemia loca que mata poco pero asusta mucho?

Postescriptum: Hoy me despedí de Aliah y sentí tan cerca su aliento-niño, su confianza básica, elemental, en mi propio cuerpo y en mi beso,  que pensé que los dos metros, serán una medida aleatoria, que crecerá o disminuirá, al margen de los manuales. Anoche, mientras Aliah se dormía, me dijo, Abu (así me dice) ¿Qué es un muerto sospechoso?.  

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Empatía selectiva

(Crónica, día 10)

 

En el país, según datos oficiales, hay 36 mil soldados desplegados, es decir, fuera de sus cuarteles, ocupados se nos informa en el combate al narcotráfico. Ello no parece significar un proceso de reducción, ni de “estabilización” de la violencia vinculada al narco. Hoy, mientras las cifras de la OMS subían a 898 contagiados por la influenza A (el nombre si importa) en 18 países y las del país, en ese reagueton de números y categorías que nomás no acaban de cuadrar, se informa de 22 muertos, ¿confirmados?, ¿sospechosos? ¿en total?, qué se hizo de los 282 muertos, que se convirtieron en 81, de la noche a la mañana? ¿se arrepintieron de estar muertos?

En cambio los muertos del narco, están bien muertos, de muerte inexorable e irreversible, sin lugar a dudas. Una bala calibre 9 mm, por ejemplo, es un “agente patógeno” bastante letal y se les encuentra con facilidad, no hay que andar mandando muestras a Atlanta, ni comprobando si el muerto es sospechoso o confirmado, los muertos del narco, se elevan a la categoría de dato incuestionable.

Y sin embargo, con el libro de Roberto Saviano, Gomorra, bajo el brazo, con el que subo y bajo escaleras, voy de la computadora a la cocina, al teléfono, pienso en voz alta que pese a esta contundencia de mortandad, los cuerpos del narco, los cadáveres arrojados a la estadística cotidiana del horror, permanecen en una condición fantasmagórica, eludible, tolerable porque al fin y al cabo, se nos dice, se trata de “mafiosos”, mientras que los caídos en esta ya denominada pandemia, adquieren un espesor y una dimensión, que los vuelve pesados, pesada evidencia de nuestra fragilidad. Los muertos del narco, suelen tener apodos, es fácil reconocerlos y olvidarlos; los muertos por el “agente A”, son “femeninos”, “masculinos”, jóvenes o viejos, vocabulario médico que disciplina nuestra comprensión sobre la muerte. Y vuelvo a lo que me ha traído ocupada hace rato: la diferencia entre los muertos “buenos” y los muertos “malos” y el conjunto de dispositivos culturales que “confabulan” para convencernos de que es posible, sin dudar, establecer esta diferencia.    

Por ejemplo, mientras conversaba con una amiga, sobre su declarada incapacidad para intuir o imaginar el impacto que este virus mutado tendrá en nuestras vidas, no hacía otra cosa que pensar en la calidad mortuoria de los 7 ejecutados que aparecieron hoy en Guerrero, en bolsas de plástico negro, despedazados, frente a la particularidad de los 3 nuevos cadáveres derivados de la epidemia. Toda la gente que con la que conversé hoy, virtual y presencialmente, aludió a los 3 de la influenza, ninguno mencionó a los 7 del estado de Guerrero y los otros tantos que se acumularon en el fin de semana (porque parece que el narco, miedo al contagio, no tiene).

Saviano, nos ofrece en su libro-crónica-sociología del presente, sobre la camorra italiana, es decir la mafia napolitana, una espléndida pieza para asomarnos a un mundo cuya fortaleza ha sido justamente, la de construirse una condición fantasmagórica, inasible.

La relatividad de nuestros sistemas de percepción es un asunto muy complejo. Por lo pronto, considero que la condición “espesa” de los muertos y de los contagiados por la influenza, es su enorme capacidad para “hablarnos al oído”, para transformarse en espejos de una realidad que no podemos imaginar, como mi amiga D, pero que intuimos. Su anonimato deviene brutal visibilidad de lo que tememos con más fobia: la empatía por el sufriente, que no es otra cosa, que ponerse en los zapatos de otro/otra, a través de la identificación con los sentimientos o experiencias del otro.

Una propagación de la epidemia, se dijo hoy, puede darse en las cárceles, tierra fértil por el hacinamiento y las condiciones. Otra vez, el tema fue despachado rapidito, no hay empatía políticamente correcta con respecto a los “malos”.

Curiosa y relativa capacidad de las catástrofes, vienen a ratificar que poco y lento es lo que cambia en nuestros saberes y sentires de fondo.  Como bien dice Janny, la amable lectora cubana en su inteligente comentario, estamos aprendiendo a escribir páginas importantes sobre nuestra realidad y nuestras vidas. Lo invisible de este virus, ha vuelto visibles cosas fundamentales que ya estaban ahí.

 

Postescriptum: “Las escuelas están cerradas, las oficinas están cerradas, ¿por qué tú tienes que trabajar?”, le preguntó Aliah a su papá. Me quedé pensando si no sería ya tiempo de inventar (hacer venir) en serio, un noticiero para niños, que no reduzca su inteligencia a “pimpón es un muñeco”.

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El octavo pasajero: AH1N1

(Crónica, día 9)

 

El día ha transcurrido de manera extraña, como con una especie de sordina, todo llega atenuado o distorsionado por el efecto de este aislamiento de cuerpos que se atrincheran en penumbras. Las noticias siguen siendo contradictorias, algunos medios “informan” que las autoridades “informan” que todo tiende a estabilizarse, que parece que están a un paso de controlar la propagación del virus; otros medios señalan todo lo contrario, que los datos de la OMS son ya francamente alarmantes y que se han duplicado, en dos días, el número de infectados. Hay dos noticias que han ocupado el centro del debate público -que hoy sí que es virtual-, en México (bueno tres, pero de la cuestión electoral y los mártires de la democracia, no me voy a ocupar): el creciente cerco sanitario en territorio nacional y el temible proceso de estigmatización de los mexicanos, tanto en el exterior como en el mismo país.

En una de las sagas de Alien (la número 3), actuada por Sigourney Weaver en el papel de la teniente Ellen Ripley, han pasado años desde que ella logra escapar de los temibles “extranjeros” y ponerse a sí misma en estado de hibernación. La película arranca con una Ripley, atormentada que despierta en el planeta Fiorina 161, un centro penitenciario solo para hombres. No es que intente recordar la película por el tedio inducido por esta suspensión de lo cotidiano, sino porque me parece que justamente esa película, contiene algunas claves fundamentales para pensar el tema del “contagio” y de su relación con el estigma (tema que va a ser desarrollado con más amplitud pero con menos drama y tensión, en la saga 4, Resurrección). A efectos prácticos, el tema es que Ripley se percata de que de alguna manera el “monstruo” logró incubar en ella el embrión de una nueva reina de los “extranjeros”. Ripley decide quitarse la vida para evitar la propagación de esa vida monstruosa y se inmola a sí misma en el fuego. Metáfora perfecta para narrar el miedo que provoca lo extraño, lo salvaje y de manera especial, el peligro de contagio que supone la mezcla con aquellos que no son como nosotros. La película, más allá de sus efectos especiales y su dosis de sensiblería hollywoodense, es en realidad una narración mítica, un relato ejemplar (en el sentido de poner ejemplo) en torno a la pureza racial y al peligro que supone la influencia (no influenza) “extranjera”. Ripley es un foco de contagio y ella lo sabe. También lo saben los jugadores de fut bol del equipo nacional que fueron abucheados en Chile y también lo sabemos todos.

 Inauguramos una nueva categoría de estigmatizados: los nuevos apestados. Somos los portadores ominosos de una nueva estirpe global, que le disputa a los leprosos de antaño, los apestados del pasado, la difusión en tiempo real y a escala planetaria, de nuestra condición amenazante. Y en esta operación, tengo la intuición, de que no hay reversa: el miedo siempre encuentra la manera de dotar de un cuerpo (el cuerpo de los y las mexicanas) y de un emplazamiento (México), para sus humores gaseosos. Y, en esta locura global, alguien tiene que pagar los platos rotos. Entonces, “los colombianos son los portadores de cocaína”, “los árabes de bombas y planes suicidas”, categorías globales que operan a partir de la reducción de la complejidad. Los mexicanos deberemos aprender a vivir con el estigma de ser portadores silenciosos del virus y en un efecto matruschka (las muñequitas rusas que son iguales a sí mismas y se van descomponiendo en distintos tamaños), “adentro”, habrá unos más sospechosos y estigmatizados que otros, operación que no tendrá nada que ver con los datos ni la estadística.

El estigma, en su rostro metafórico, que nombra el mecanismo que nos lleva a colocar sobre otros, una marca distintiva de índole negativa, no discute con el dato, ni apela a la reflexión.

Los efectos paulatinos de la epidemia se hacen sentir, lentamente. No hay alarde, ni efectismo. Silenciosamente produce cambios –muchos, irreversibles-, que afectan la manera en que vemos a los otros y nos vemos a los otros mismos.

El cerco sanitario avanza, usando como prótesis nuestros más añejos miedos.

 

Postescrioptum: Alejandro Nájera hace una observación interesante, en su comentario al blog. Refiriéndose al valor que toman ciertas cosas, se pregunta, en torno a la obsesión y valor de los tapabocas agotados, “en qué momento, dice, tendrían el mismo estatus, las cucharas o los cotonetes. Aliah está preocupada porque su tapabocas (que por fin conseguimos), le queda grandísimo. No hay tapabocas para niños, ¿o sí? Ella quiere uno para su tamaño y otro para su muñeca (que se mantuvo, curiosamente, “estornudando y con mucha “fiebre” –palabra nueva-, todo el día).

 

 

  

 

 

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El tic nervioso

(Crónica, día 8.)

Algunos cometieron la ingratitud de morirse”, fue el título que utilicé hace ya casi 17 años para analizar la relación del humor con las catástrofes, en concreto, se trataba de mi análisis en torno a las consecuencias sociales de las explosiones provocadas por gasolina en el sistema de drenaje en Guadalajara: ¡“si quiere volar, vuele con Pemex!, ¡¿Tormenta del desierto?, Nooo, Pemex!, decían gigantescos letreros, hechos apresuradamente sobre lo que quedaba de muros en la zona cero del acontecimiento y, pese a la desolación, al silencio, a la destrucción, la risa brotaba como si tratara de una fiesta. ¿Por qué los chilangos están tan enojados con los tapatíos?, pues porque no los invitaron a su “reventón” y así, a golpe de chistes y “puntadas”, la gente parecía exorcizar el miedo, la indignación, la sorpresa; pequeña revancha cotidiana contra lo inefable. Humor y tragedia, parecen ser un tic tan indisociable como necesario. El chiste es conjuro y amuleto, pone en evidencia la fragilidad, por exageración o comparación logra producir relaciones ahí donde –antes del chiste-, no las había; el chiste ironiza sobre rasgos culturales, físicos, situaciones, no tiene límite y en su enorme creatividad, señala y condensa (como pocos lenguajes) los núcleos de preocupación social. El chiste elude y enfrenta, oculta y exagera, esa capacidad bifronte del chiste, es lo que lo vuelve un instrumento tan útil en tiempos de desventuras.

En torno a la influenza, esta influenza, han circulado ya chistes, videos, canciones originales, canciones intervenidas (y no faltará el creativo que ponga nuevamente a Hitler –en el papel de Ebrard-, a regañar funcionarios); algunos más creativos y decididamente inteligentes, otros más burdos, otros, deslucidos, constituyen ya todo un arsenal de “amuletos sociales” para exorcizar demonios.

Está el nuevo billete de 20 pesos, con un Juárez cubierto con tapaboca y vuelvo a preguntarme, por qué el dinero es un símbolo tan socorrido para ensayar el humor. Recordarán, seguramente, el flamante billete de ¡25 pesos! del banco de Pejelandia (en alusión a López Obrador) o por ejemplo, el simpático billete de 90 mil pesos del Banco privado del Gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, mejor conocido como el “Gober piadoso”, que aludía al importante donativo para la construcción de un santuario católico con dineros públicos. Y podríamos ir más atrás. Pero lo relevante de esta imagen, la del Juárez embozado, es que nos coloca de frente a lo considerado valioso.

Ya lo dijo hace tiempo Jorge Portilla en su imprescindible libro Fenomenología del relajo, el relajo (la carrilla, la broma) requiere de la suspensión de la seriedad frente a un valor propuesto a un grupo de personas, a una comunidad. Y advertía Portilla, que esta degradación del valor, no puede realizarse en soledad, se requiere del grupo, de la sociedad, para que esto tenga un sentido y un efecto articulador. Hay una comunidad de “relajientos” que se vinculan por el chiste.

En tiempos de crisis, aumenta el humor y no se trata, me parece, o al menos no solamente, de nuestro “carácter nacional”:

(No sé si en otro país, la Cumbia de la Influenza, hubiera aparecido al día siguiente de declarada la emergencia, en Youtube)

Estoy convencida de que esta profusión de ironías y chistes, se deja leer mucho más nítidamente desde otro lado: la imperiosa necesidad de comunidad que se experimenta en situaciones de crisis. Si, en el caso de México, venimos de fuertes desgarros en el tejido social, si nos quejamos siempre de nuestra desarticulación, de ausencia de “comunidad política”, que se vive como un horizonte muy lejano, el chiste opera como especie de cemento social, un “resistol” (iba a decir kola loca pero me arrepentí), que pega momentáneamente lo despegado.

Hay en el chiste un mensaje, una moraleja, un síntoma, que no es posible, ni bueno desestimar. Es más o menos claro, que frente a la incertidumbre, la sospecha, el miedo, todos experimentamos la necesidad de un “horizonte afuera”, que marca la diferencia entre el silencio devastador de la soledad y el festivo encuentro con otros iguales a mí, aún en medio del temor. “Cría puercos y te sacarán los mocos”, “Moco por moco, pastilla por pastilla”. Y como bien dice Gregorio, un generoso lector de este blog, aunque lo digamos en voz baja, se expande la sensación de que nuestras vidas cambiaran para siempre por temor al contagio.

Postescriptum: Aliah, a diferencia de la tía de Gregorio, no quiere lavarse las manos y se las muestra a su papá, un poco enojada para insistirle: ¿a ver tú ves bichitos?

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Los “memes” de la sospecha

(Crónica, día 7)

Anoche, no bien terminaba el mensaje del Presidente Calderón en cadena nacional y ya mi buzón de correos estaba lleno de distintos tipos de mensajes: los “francamente complotistas” (que atribuyen a los sionistas y a los iluminati, por ejemplo, la propagación de la epidemia con el único afán de controlar el mundo); “los complotistas analíticos” (que intentan conectar la aparición de virus con la reciente reunión del G 7, la reunión privada de los Presidentes Obama y Calderón, la crisis económica y una empresa farmacéutica); “los francamente enojados” (que insultan a Calderón, llaman mentirosos a los medios, alarmistas y “pendejas” a las autoridades, todos estos elementos juntos o una combinación de un mínimo de dos. La influenza es una mentira espuria para distraernos); están también los mensajes que muestran una enorme preocupación por la incertidumbre, por lo contradictorio de la información y, especialmente, lo que define este tipo de correos no es la idea del complot universal, ni la certeza de un plan urdido desde el cerebro del corazón político. No, lo que los define es una clara (y bien ganada) desconfianza en el gobierno, en las autoridades.

En 1976, el biólogo Richard Dawkins, publicaba su libro El gen egoísta. En él y basándose en la teoría del genoma (1909), propuso que los seres humanos contamos con dos tipos de procesadores de información, uno de tipo biológico, los genes que, a efectos prácticos son una especie de unidades de información biológica que se transmiten de una generación a otra y, propuso Dawkins, están las unidades “culturales”, que se transmiten de cerebro a cerebro, ya por enseñanza, imitación o asimilación. Estas unidades fueron bautizadas por el científico como Memes (de memoria y mímesis). Estas unidades elementales de transmisión cultural, son las que explicarían procesos tan sencillos como amarrarse un zapato hasta el desarrollo de sistemas complejos como los mitos.

Richard Dawkins, autor de El gen egoísta.

Pese a la diferencia, en los tonos, en los contenidos, en el enfoque de todos los mensajes que circulan por Internet, hay un hilo que los conecta: el de la sospecha, el de la desconfianza. Los memes de la sospecha están ahí, más como memoria que como mimesis (aprendizaje por imitación). Una memoria que hoy cobra una importancia vital. Resulta difícil aislar el origen de los mensajes, pero por su “comportamiento”, puedo asumir que no todos se originan en México, lo que desestabiliza la idea expandida de nuestro “complotismo” endémico, al que algunos analistas asimilan a una especie de carácter nacional: el deporte de buscar culpables y planes maquiavélicos. Es más o menos evidente que la sospecha se expande como el virus, tan errática como inasible, lo que me lleva a pensar (mientras miro televisión), que la influenza abre una ventana –al revés-, mirar hacia dentro, el devenir de la relación entre autoridades y sociedad, entre gobierno y ciudadanos.

Nada, quiero pensar, debería ser tan duro, tan difícil de procesar, tan vergonzoso, que una vez que las cámaras hacen fade out (es decir, se apagan), la autoridad en turno tenga la plena certeza de que todo lo dicho es pieza de disección sospechosa, aunque simule que su pieza oratoria ha conmovido a sus escuchas.

Si algo bueno traen los periodos de crisis es permitirnos volver, con miedo pero con pausa, sobre problemas y procesos que por la urgencia de lo cotidiano pasan a segundo término o de plano, se olvidan. La crisis epidemiológica es una ocasión (lamentable) para verificar la “pandemia” de desconfianza instalada (como índice Imeca) frente a las autoridades del mundo.

Los voceros del mundo se vanaglorian de nuestra “colaboración”, de nuestra “obediencia” (acá en México, estamos acuartelados en casa, por sugerencia presidencial; allá en la OMS, su danza de cifras no les arruga el rostro, aunque desmientan las estadísticas “nacionales”). Pero mi impresión frente al orgullo gubernamental de nuestro comportamiento, es que no se trata en modo alguno de colaboración alguna, sino de lo que alguna vez –en su personalidad de analista- dijo Aguilar Zinser: en México (y hoy diríamos en el mundo), cuando “tiembla” la sociedad se mueve con resortes propios. Frente a los memes de la sospecha, los memes de la sobrevivencia.

Postescriptum: Aliah, mi nieta de 5 años, me llamó para preguntarme si tenía alguna nueva noticia sobre la “influencia”. Tengo la intuición de que los niños están asustados, más que los adultos, oyen y ven, nadie explica ¿cómo explicar?

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