Los “memes” de la sospecha
(Crónica, día 7)
Anoche, no bien terminaba el mensaje del Presidente Calderón en cadena nacional y ya mi buzón de correos estaba lleno de distintos tipos de mensajes: los “francamente complotistas” (que atribuyen a los sionistas y a los iluminati, por ejemplo, la propagación de la epidemia con el único afán de controlar el mundo); “los complotistas analíticos” (que intentan conectar la aparición de virus con la reciente reunión del G 7, la reunión privada de los Presidentes Obama y Calderón, la crisis económica y una empresa farmacéutica); “los francamente enojados” (que insultan a Calderón, llaman mentirosos a los medios, alarmistas y “pendejas” a las autoridades, todos estos elementos juntos o una combinación de un mínimo de dos. La influenza es una mentira espuria para distraernos); están también los mensajes que muestran una enorme preocupación por la incertidumbre, por lo contradictorio de la información y, especialmente, lo que define este tipo de correos no es la idea del complot universal, ni la certeza de un plan urdido desde el cerebro del corazón político. No, lo que los define es una clara (y bien ganada) desconfianza en el gobierno, en las autoridades.
En 1976, el biólogo Richard Dawkins, publicaba su libro El gen egoísta. En él y basándose en la teoría del genoma (1909), propuso que los seres humanos contamos con dos tipos de procesadores de información, uno de tipo biológico, los genes que, a efectos prácticos son una especie de unidades de información biológica que se transmiten de una generación a otra y, propuso Dawkins, están las unidades “culturales”, que se transmiten de cerebro a cerebro, ya por enseñanza, imitación o asimilación. Estas unidades fueron bautizadas por el científico como Memes (de memoria y mímesis). Estas unidades elementales de transmisión cultural, son las que explicarían procesos tan sencillos como amarrarse un zapato hasta el desarrollo de sistemas complejos como los mitos.

Richard Dawkins, autor de El gen egoísta.
Pese a la diferencia, en los tonos, en los contenidos, en el enfoque de todos los mensajes que circulan por Internet, hay un hilo que los conecta: el de la sospecha, el de la desconfianza. Los memes de la sospecha están ahí, más como memoria que como mimesis (aprendizaje por imitación). Una memoria que hoy cobra una importancia vital. Resulta difícil aislar el origen de los mensajes, pero por su “comportamiento”, puedo asumir que no todos se originan en México, lo que desestabiliza la idea expandida de nuestro “complotismo” endémico, al que algunos analistas asimilan a una especie de carácter nacional: el deporte de buscar culpables y planes maquiavélicos. Es más o menos evidente que la sospecha se expande como el virus, tan errática como inasible, lo que me lleva a pensar (mientras miro televisión), que la influenza abre una ventana –al revés-, mirar hacia dentro, el devenir de la relación entre autoridades y sociedad, entre gobierno y ciudadanos.
Nada, quiero pensar, debería ser tan duro, tan difícil de procesar, tan vergonzoso, que una vez que las cámaras hacen fade out (es decir, se apagan), la autoridad en turno tenga la plena certeza de que todo lo dicho es pieza de disección sospechosa, aunque simule que su pieza oratoria ha conmovido a sus escuchas.
Si algo bueno traen los periodos de crisis es permitirnos volver, con miedo pero con pausa, sobre problemas y procesos que por la urgencia de lo cotidiano pasan a segundo término o de plano, se olvidan. La crisis epidemiológica es una ocasión (lamentable) para verificar la “pandemia” de desconfianza instalada (como índice Imeca) frente a las autoridades del mundo.
Los voceros del mundo se vanaglorian de nuestra “colaboración”, de nuestra “obediencia” (acá en México, estamos acuartelados en casa, por sugerencia presidencial; allá en la OMS, su danza de cifras no les arruga el rostro, aunque desmientan las estadísticas “nacionales”). Pero mi impresión frente al orgullo gubernamental de nuestro comportamiento, es que no se trata en modo alguno de colaboración alguna, sino de lo que alguna vez –en su personalidad de analista- dijo Aguilar Zinser: en México (y hoy diríamos en el mundo), cuando “tiembla” la sociedad se mueve con resortes propios. Frente a los memes de la sospecha, los memes de la sobrevivencia.
Postescriptum: Aliah, mi nieta de 5 años, me llamó para preguntarme si tenía alguna nueva noticia sobre la “influencia”. Tengo la intuición de que los niños están asustados, más que los adultos, oyen y ven, nadie explica ¿cómo explicar?