La pandemia explicada a los argentinos (palomazo antropológico)
(Crónica dubitativa)
Les conté hace varios días, que tengo muchos amigos argentinos que son parte de mi biografía y muchos de ellas y de ellos, compañeros fundamentales de ruta. Uno de ellos es Federico Tabachnick, un antropólogo de pura cepa que ha hecho, desde hace poco, de México, su casa. Hemos hablado por teléfono y justo nuestra última conversación telefónica, fue el día del temblor en el DF., gocé, con perversidad amistosa, su relato de la alerta en su institución por el temblor, que él contemplaba asombrado desde la ventana de su cubículo: veía bajar gente corriendo por la escalera, apresuradamente, me dijo. Pensé que se trataba de una manifestación estudiantil por las medidas en torno a la Influenza, narró. Tardó un rato en darse cuenta de que la gente salía asustada por el temblor. Menos mal, que esta ocasión su propia cultura política, no le jugó una mala pasada y el Sr. Richter, se portó amable. Federico, ha escrito sus impresiones en torno a todo este periplo epidemiológico y me ha parecido importante, compartir con ustedes de un argentino en el DF, en medio de elecciones, terremotos y epidemias.
Así que aquí va y veremos las reacciones: Federico Tabachnick por Federico Tabachnick (el título de la crónica es de su autoría…yo no me atrevería)
El viernes 24 de abril, apenas se declaró la emergencia, aproveché el cambio de agenda para ir de mi trabajo al gimnasio y tomar, de paso, un baño de vapor. Éramos varios los “suicidas” que parecían no haber hecho carne la alarma que se había accionado. Cuatro días después, sinceramente arrepentido, me puse un barbijo (o sea, cubreboca, traducción cortesía de la R…ossana): no usarlo era desafiar al mismo tiempo una naciente etiqueta y el mandato de cuidar la vida propia y ajena. Desde el 1 de mayo, al menos en Coyoacan, y a pesar de las fotografías de La Nación (periódico de amplia circulación en la Argentina, otra nota de la R), on line del lunes 4, se ven menos barbijos en la ciudad (bueno, sí, he visto que un joven lo usaba para protegerse del sol del mediodía, como si fuese una kipá -se aceptan traducciones, la R-, colocada, de un modo tal vez azteca, sobre la frente).
Cuando se recuerden estas semanas se harán comparaciones desmitificadoras: que la “pandemia” mata menos que el tránsito, el narcotráfico, o ciertos focos epidémicos circunscriptos a las zonas más pobres de la Argentina. Con la perspectiva que da apenas un poco de tiempo, este episodio que pareció confundirse con una de las señales del Apocalipsis, obliga a algunos comentarios que si no son distanciados, sirven para construir un parapeto contra la inmediatez, masividad y prepotencia con que se presentan los fantasmas y los hechos que ellos disparan.

1-La pandemia de un virus para el que no se ha generalizado la disponibilidad de métodos de análisis, una entidad oscura, resulta ella sí, eficazmente iluminadora de una sensibilidad sospechosamente selectiva: a diferencia de las enfermedades ligadas a la pobreza la infección no está, al menos todavía, enclavada socialmente y, tal vez, solo tal vez, estén distribuidas democráticamente las posibilidades de enfermarse y las de morir por ella (de ahí buena parte de la explicación de la alarma). Si solo se tratase de una enfermedad de subalternos, las alarmas y la histeria disminuirían y la enfermedad se convertiría, como el dengue, de un terror en una oportunidad para pobrólogos (pobretólogos, en México, la R). Y más que nada, en la posibilidad de capitalizar la invocación de la preocupación por los “más pobres”, como sucedió en las semanas en que se esperaba con vigilia, procesión y novena el “caso autóctono” de dengue en Buenos Aires, para llorar un grado mayor del acabose que la multitud de replicantes de Marcos Aguinis (explicación, por favor, la R), que puebla la capital podría imputar con rabia legítima al Kirchnerismo. El problema es que esta enfermedad, por ahora, ataca a gente que viaja en avión y vive en hoteles y todavía no está clara una manera sistemática de cura para identificar y tratar a los eventuales infectados. Resueltos dichos enigmas será una enfermedad mas de aquellas cuya prevención o conocimiento figuran en los requisitos migratorios de algunos destinos turísticos y migratorios -: fiebre amarilla, paludismo, malaria que, cuando matan, toman por blanco a desnutridos y descuidados (o a blancos alienados por su profesión de voluntario, sacerdote, antropólogo o turista político).
2- Durante varios días el toque de queda sanitario se impuso y el DF parecía Nosferatu. La ciudad de escala monumental, caracterizada por el hormigueo constante ha perdido su densidad y, teniendo en cuenta las causas de la parálisis, se imponían los marcos del eternauta para interpretar la imagen de las autopistas y viaductos de 14 carriles casi libres durante días. Pero la procesión fue por dentro y algo explica la reacción de los días posteriores en que el barbijo se tono kipá (¿diadema sería, Dorix, la R).
La epidemia esta(ba) muchísimo menos presente que las prevenciones: (no conozco gente infectada y no conozco a alguien que conozca a alguien que haya sido infectado). Cuando nos encontramos hablamos de la epidemia, de los cuidados, de las previsiones de reapertura de la vida laboral, pero también, y mucho más, conforme pasan los días, de canalladas sufridas, niños, vinos y medicina alternativa. Todos nos cuidamos pero nadie esta aterrorizado ni mucho menos.

(Fotografía de Tania González Suro)
Además muchísimos enunciaban razones para dudar de la epidemia o explicársela por razones que contradecían al gobierno que comanda la campaña sanitaria. El mismo sujeto que se uniforma para la guerra con barbijo y guantes, puede decirte que él no cree que haya una epidemia, que es todo una tapadera para encubrir la venta secreta de Yucatán a Obama que repone en el siglo XXI el fantasma de la amputación territorial del siglo XIX. Entre los desafiantes del gobierno, pero no de la epidemia, los que creen que la pandemia tiene un origen inconfesable pero es real: los laboratorios, la manipulación serían para ellos los responsables de la difusión del maldito bicho en una saga de la que pueden formar parte el plan comercial, el accidente, el descontrol aéreo. Las contradicciones que no pueden suturar la incertidumbre, están presentes en niveles que van más allá del corrillo cotidiano: una revista de opinión que apunta al público universitario, pone el ojo en el desmantelamiento del aparato científico sanitario y sus efectos en la incapacidad de reaccionar bien y a tiempo. Pero esa misma revista subraya en otro artículo la precariedad tecnológica mundial frente a este virus. No existen las brujas pero las hay, así que no dejemos de criticar al neoliberalismo, no dejemos de desconfiar del poder, pero no olvidemos el alcohol en gel.

3-La tensión entre vivir normalmente y obsesionarse con la epidemia se alimenta de lo mismo que en Buenos Aires hace temer a los familiares de emigrados argentinos en México, o a todos los que salieron a buscar el barbijos a cinco pesos: ¿la incertidumbre? Sí, pero más allá de ella, la dimensión adrenalínica de la vida global. Es curioso y puede que placentero para alguno, ser parte de una situación nunca vista y mundialmente observada (sobre todo si como vengo diciendo, difícilmente nos pase algo).
Esta dimensión se activa acarreando consecuencias diversas: el juego entre la difusión de noticias y su consumo, el tributo de la paranoia local a la circulación global, hace llover rótulos sobre los países: aquel tiene riesgo financiero, el otro es peligroso sanitariamente y el de mas allá ofrece oportunidades increíbles para el turismo político o es gay friendly. Esta dinámica, entre otros factores, hace que cualquier víctima mortal de esta epidemia tenga una capacidad de conmoción nacional y global que, a su vez, origina la posibilidad de sobrerreacción de los gobiernos. Los diversos niveles de gobierno mexicanos se las ven negras optando por el costo de evitar victimas conmocionantes con medidas recesivas que traerán impopularidad, ante el riesgo de autorizar la actividad sin saber que esperar (ya que la detección no es rápida pero cualquier reporte hunde al país en la lista negra del turismo y al gobierno, otra vez, en la impopularidad).
Pero en todo esto hay, como negarlo, algo de estupidez alucinada e ignorante, para la que sobran las interpretaciones: un periodista argentino le pregunta a un jugador que reside en México: pero usted, ¿besa a su mujer?

4- La epidemia revelas formas de imaginación y dinámica política local: no es que, como en Argentina, no se cultiven la desconfianza y la denuncia respecto del gobierno. Pero la sociedad es más vertical y el alineamiento con la escena del terror es más fuerte y más obligado: además existen algunas nociones de límites que transforman la fisiología de la escena pública. Los periodistas no actúan como si supiesen más que el ministro y sus preguntas prescinden de la suposición de inutilidad del funcionario - una suposición permanente de inutilidad de la política y el estado-. Es así que el lugar de expresión de las dudas, diatribas y los chistes (si esto es PANdemia PRIdemia o PRDemia) es, generalmente, la opinión calificada, el interior de los diarios, las cadenas de mails y el “focus group de clases medias mas verdadero del mundo” constituido por esos resumideros que son los foros de internet.
5-Los guardapolvos blancos, la medicina, la ciencia y la solidaridad internacional son objetos casi intocados de la iconoclastia mundial, el escepticismo y el periodismo. Y está bien que así sea con tanto médico del mundo ayudando en tanta epidemia, con tantos africanos y tantas necesidades de remedios. Pero habrá que preguntarse, sino hay un parecido de familia entre una dimensión del funcionamiento de esos complejos internacionales y las agencias calificadoras de riesgo financiero. Miden los riesgos de acuerdo a parámetros abstractos y centrados en sus expectativas y de acuerdo a ello refuerzan jerarquías nacionales en las que sus problemas pasan a ser los nuestros. Nosotros que ya sabemos de que se habla cuando se habla del riesgo país deberíamos tener en cuenta que la aparición de estas emergencias no es inocua ni casual y que la concesión a las imágenes apocalípticas, a la vía de transmisión de los augures internacionales que es la lógica periodística, tampoco es sin consecuencias. Es difícil pero es necesario discriminar para no ceder, ni a la ansiedad que lleva a creer en el Armagedón en todo, ni a la ignorancia suicida que, ciega, lo rechaza todo al grito de “no a la magia blanca”.
6-Malditas sean las agendas encontradas de un gobierno atrapado en los círculos contradictorios de responsabilidad que desencadena la posibilidad de la epidemia y de otro que expía sus problemas/pecados sanitarios en los de la Nación cuyo pueblo y estado han sido una patria adoptante y adoptiva para todos los argentinos de buena voluntad que no pudieron habitar el suelo argentino.
7-El virus rebota, dicen que con mas peligrosidad. Prepárense en todos los sentidos: compren barbijo, lávense las manos, y solo escuchen música.

(hasta aquí, Federico)
Postescriptum: No he visto a Aliah, pero recibí un correo, en el que su mamá me comparte un poema dictado por ella, del que le sorprende la expresión “por tanto”. No reproduzco el poema completo, pero sí el párrafo aludido. “por tanto dejaron huellas” (alude a una arañas en un closet). “Por tanto´” expresa un motivo de lo que se dirá a continuación, mientras que “por lo tanto” expresa una consecuencia. Me quedé pensando al leer el poema de cocodrilos y arañas, que “por tanto”es difícil aún evaluar lo que la influenza nos dejó.