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Sacks y sus cuentos de la música y el cerebro

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Algunos nacen con talento especial para disfrutar y practicar música, otros lo desarrollan después de muchos años de práctica, pero Tony Cicoria es un caso fuera de serie; se hizo melómano apasionado después de que le cayera un rayo. Oliver Sacks cuenta la historia de Cicoria en su libro Musicofilia: Relatos de la música y el cerebro. Sacks es uno de los neurólogos más afamados en la actualidad. Nació en Londres en 1933, pero vive en Nueva York en donde es profesor de neurología y psiquiatría en la Universidad de Columbia. Ha escrito una docena de libros de divulgación de la neurología. Algunos son casos clínicos (Despertares, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero);  otros están centrados enfermedades (Migraña, La isla de los ciegos al color, Veo una voz. Viaje al mundo de los sordos); secuelas neurológicas de accidentes (Con una sola pierna) o sus memorias de infancia tituladas El tío Tugsteno. Recuerdo de un químico precoz.  Su obra más conocida es Despertares porque fue llevada al cine por Penny Marshall en 1990 con Robert de Niro como Leonard Lowe, el paciente en estado catatónico y Robin Williams como el propio Sacks de joven. Casi toda su obra está editada en castellano por Anagrama y se puede conseguir fácilmente en librerías. Los imaginarios lectores interesados en conocer más sobre Sacks pueden consultar su sitio en www.oliversacks.com 

En Musicofilia Relatos de la música y el cerebro Sacks narra y explica varias experiencias de personas que han tenido una relación muy poderosa con la música y excepcionales desde el punto de vista neurológico. El caso del médico ortopedista Tony Cicoria es uno de ellos. A los 42 años estaba en una cabina telefónica cuando le cayó un rayo. La carga eléctrica le hizo perder el conocimiento y “sentir que volaba sobre su cuerpo”. Cuando volvió en sí, se dio cuenta que no estaba muerto porque sentía dolor. El cardiólogo diagnosticó que había tenido un ataque cardiaco leve, pero que no creía que tuviera secuelas. Durante dos semanas tuvo algunos problemas con su memoria, pronto se recuperó y se sintió casi como antes del accidente. La única diferencia era que tenía una enorme necesidad de escuchar música de piano. Cicoria nunca había sido melómano; tomó algunas lecciones de piano en su infancia, pero no le interesó realmente y sólo escuchaba el rock de moda de vez en cuando. Después de su “iluminación”, Cicoria se apasionó con la música de piano, en especial las interpretaciones que Vladimir Ashkenazy hizo de las obras clásicas de Chopin. Sin dejar su trabajo como médico, Cicoria empezó estudiar y practicar piano en la madrugada y después de su jornada laboral durante años. “La música estaba en mi cabeza todo el tiempo desde que despertaba hasta que dormía. Incluso llegué a pensar que la música  era la única razón por la que había sobrevivido del accidente” cuenta Cicoria. Doce años después el ortopedista prefiere pensar en términos milagrosos su caso de musicofilia. Sacks no está de acuerdo y argumenta que todas las alteraciones mentales tienen una base neurológica o por lo menos alguna explicación psicológica. Sugiere que este caso puede ser comprendido como una activación neuronal resultado de dos experiencias combinadas; sentirse cerca de la muerte y de verse fuera de su cuerpo. Sin embargo, Cicoria no quiso hacerse exámenes para analizar qué fue lo que le ocurrió en términos neurológicos, se quedó con la “intervención divina” y la explicación quedó inconclusa.

Otra de las historias que cuenta Sacks en Musicofilia no es tan feliz. Trata de Clive Wearing, un músico inglés de 45 años quien sufrió una embolia como resultado de una severa infección de encefalitis. El ataque le dañó la parte del cerebro que controla la memoria inmediata. Wearing quedó con una terrible amnesia y vive recluido en una clínica en la que sobrevive con dificultades gracias al amoroso apoyo de Deborah, su esposa, y su gusto por la música. Ella tituló las  memorias de su vida con Wearing Forever Today (“Siempre hoy”) y el título resume con dos palabras la tragedia del músico; sólo retiene en su memoria lo que ha pasado en los últimos 30 segundos. Sin embargo, es capaz de leer e interpretar música en el piano y de conducir un coro. El ataque no afectó la llamada memoria inconsciente;  la que acumula aprendizajes y habilidades en el mediano plazo. Wearing no puede recordar lo que hizo hace escasos cinco minutos, pero puede hablar tres lenguas o tocar el piano con partitura, habilidades que aprendió cuando era niño.   

Musicofilia está dividido en cuatro partes y en cada una Sacks presenta siete u ocho casos clínicos en los que la música está presente ya sea en forma de la terrible amusia (incapacidad para sentirla y disfrutarla), de alucinaciones musicales, provocadora de terror o de extrema sociabilidad como el síndrome de Williams.  También hay casos en los que la música es factor determinante en la terapia para tratar la demencia, enfermedad de Parkinson o ciertos ataques cerebrales como el caso de Wearing.

Más allá de los temas neurológicos que se incluyen en Musicofilia, lo que Sacks nos cuenta con su espléndida narrativa salpicada de conocimientos y sentido del humor son historias de seres humanos para quienes la música forma parte esencial de su condición. Y no son tan excepcionales como pudiera pensarse.

                                         

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1 Comment(s) to the "Sacks y sus cuentos de la música y el cerebro"
Amparo Marroquín (no verificado) says:

Carlos Enrique,

gracias por esta reseña del libro de Sacks... ahora estoy con muchas más ganas de leerlo. Un saludo desde El Salvador.

Enviado por Amparo Marroquín (no verificado) el 28 Febrero, 2010 - 20:03

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