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En los límites de la personalidad

En México no hay clínicas especializadas para atender el Trastorno Límite de la Personalidad, una enfermedad mental que se caracteriza por la inestabilidad en las relaciones interpersonales, una notable impulsividad, autodaño y ansiedad.

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Borderline disorder, por Christiaan Tonnis
Borderline disorder, por Christiaan Tonnis

Este reportaje, del alumno Fabián Ramírez Flores, de Ciencias de la Comunicación en el ITESO, recibió el Reconocimiento a Estudiantes del Premio Jalisco de Periodismo 2009. Las ilustraciones son obra de Christiaan Tonnis y las tomamos de su página en Flickr.

 

Gaby se abalanzó sobre su madre. Primero intentó ahorcarla, luego la atacó con un vidrio y le hirió un brazo. Las mujeres gritaban. La madre sangraba. Los vecinos escucharon el escándalo y llamaron a la policía, que llegó minutos después igual que su marido y la ambulancia. La joven de 25 años no quería hacerle daño a su madre, pasaba por una crisis a causa del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), una enfermedad mental que ella sufre desde hace tres años. Dos de cada cien personas padecen esta enfermedad, afirma el Estimado de Prevalencia del TLP en la Comunidad publicado por la Sociedad Internacional para el Estudio de los Desórdenes de Personalidad (ISSPD, por sus siglas en inglés). Las crisis como la que vivió ese día Gaby pueden durar desde unos minutos hasta varios días. “El paciente no busca hacer daño; son situaciones psicóticas a las que su enfermedad los lleva, no actúan así porque quieran, es importante tener tolerancia”, dice el psiquiatra José Andrés Magaña, quien durante su formación atendió a pacientes con TLP en el Centro de Atención Integral de Estancia Breve del Instituto Jalisciense de Salud Mental, mejor conocido como Salme. “Es muy doloroso cuando pasan un par de días y te das cuenta que dañaste a alguien, casi podrías decir ‘No fui yo’, fue esa cosa que se apodera de ti”, explica Mónica, originaria de Guadalajara, de 31 años, y quien desde hace siete acude con un psiquiatra para tratar su padecimiento de TLP.

Esta entrevista apareció en Televisió de Catalunya y fue compartida en YouTube por el usuario La Lili El Trastorno Límite de la Personalidad se caracteriza por una inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad; una notable impulsividad, intolerancia a estar solo, autodaño y sentimientos crónicos de vacío o aburrimiento, según la Asociación Americana de Psiquiatría, en su Manual de Diagnóstico Estadístico. Algunos síntomas son dolores intensos y constantes de cabeza, depresión severa, irritabilidad, ansiedad, desesperación, adicción a drogas o alcohol, intentos suicidas, autolesiones en el cuerpo, cambios constantes de humor, promiscuidad, relaciones sociales conflictivas, miedo a ser abandonados por la pareja y conducta impulsiva. Socorro Ramonet, doctora en Ciencias de la Salud Pública e integrante de la Comisión de Investigación sobre el TLP de la Asociación Psicoanalítica Mexicana A.C., explica cómo a partir de la pérdida de identidad se puede detectar a un limítrofe: “Un muchacho de 21 años que ha reprobado la prepa a los 18 años, que ha andado todo distraído, tomando drogas y alcohol, que ha tenido una conducta desconcertada, que no ha trabajado, que no ha tenido disciplina ni una relación bien establecida con un núcleo de personas o con la novia, probablemente ese muchacho padezca TLP”. La falta de especialistas y protocolos dificultan el diagnóstico de la enfermedad. A Gaby una psiquiatra le practicó un examen para conocer su personalidad, pero nunca le dijo que tenía TLP. Karina, residente del Distrito Federal, tenía catorce años cuando la diagnosticaron. Recuerda que el doctor le dijo: “Tu enfermedad es muy diferente a las demás, porque te duele, pero no sabes dónde, y tu dolor no se refleja en una placa o en un análisis”. Ella lo confirma: “Es un dolor constante, es miedo de no saber qué harás, cómo te saldrás de control, cómo echaras por la borda lo poco o mucho que has avanzado”. Ahora está en una etapa que considera buena aunque las ideas suicidas persisten. El psiquiatra le dijo que hasta que eso no cambie seguirá mal, “pero qué más da, si nunca he cambiado”. El psiquiatra José Andrés Magaña señala que el número de pacientes va en aumento en las ciudades, debido, quizás, a que la sociedad es más competitiva y demandante y con muchas situaciones de estrés. “Esto puede propiciar que los síntomas se expresen con mayor facilidad porque es una sociedad que tiende mucho a la frustración y el paciente no la tolera”. La Asociación Psicoanalítica Mexicana afirma que entre 70 y 90 por ciento de los casos lo sufren las mujeres. La noche en que Gaby atacó a su madre, el padre logró finalmente controlarla “con puro abrazo y amor”. LAS CAUSAS No hay una sola explicación sobre el origen de la enfermedad. Las investigaciones siguen para tratar de conocer con mayor precisión las causas determinantes. Algunos psiquiatras abundan en la explicación biológica; otros consideran que el contexto sociocultural en el que se desenvuelve el futuro enfermo durante su infancia es el factor que determina el desarrollo del TLP. Algunos más afirman que ambas condiciones pueden estar presentes con alguna lesión cerebral. Según el reporte Caminos para el Desarrollo del Trastorno Límite de la Personalidad publicado por la Sociedad Internacional para el Estudio de los Desórdenes de Personalidad, las experiencias infantiles traumáticas como abuso físico, verbal y sexual, abandono, crecimiento en un entorno familiar violento, negligencia en el cuidado físico y nutricional, pueden provocar en el enfermo disfunciones neurológicas y bioquímicas, dependencia extrema y manipulación. Para Socorro Ramonet, traductora del inglés al español del libro Psicoterapia para el Trastorno Límite de la Personalidad. Tratamiento basado en la mentalización (UdeG-Editorial Universitaria, 2005), los procesos socioculturales y fisicoquímicos no se pueden disociar. “Lo que hemos estado viendo en las investigaciones de los últimos diez años es que este último factor es mucho menos importante que el sociocultural”, indica. Susana tiene 28 años y hace dos semanas perdió el empleo otra vez. Vive sola en el DF y procura no tener contacto con sus familiares. Dice que ellos son la fuente del trastorno y la epilepsia que padece debido al entorno en que creció y fue educada. Su vida estuvo rodeada de golpes, consumo de drogas, abuso físico, psicológico y sexual, “pero no todos vivimos igual, algunos tienen abusos, otros sobreprotección y otros no tienen nada de esto”.

Este video es creación del usuario Anlozam, publicado en YouTube, quien afirma en los comentarios: “Lo hice desde mi alma y como exorcismo para mí”. EL CONTROL El TLP es una enfermedad que no se puede curar. Sin embargo, existen métodos para controlar y disminuir los síntomas. El tratamiento más común es una farmacoterapia indicada por un psiquiatra, con base en medicamentos antidepresivos, antipsicóticos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo, acompañada de una psicoterapia que busca reducir conductas autodestructivas y ayudar a que el limítrofe se reincorpore a su entorno social a través del desarrollo de destrezas interpersonales. Para evitar la bulimia y la anorexia es necesario acudir con un nutricionista que recomiende modos de alimentación sanos. También es conveniente la intervención de una trabajadora social que funja como un vínculo de comunicación entre los médicos, el paciente y los familiares. La tarea no es sólo de los galenos, afirma el psicólogo Francisco Santana Lim. La sociedad podría empezar a capacitarse en el conocimiento de las psicopatologías que existen y que “podría padecer cualquier persona aunque aún no lo sepa, ya que los primeros síntomas que aparecen desde la infancia se achacan a otras enfermedades”. Cuauhtémoc Sandoval, especialista en TLP, asegura que 14 por ciento de los mexicanos padece algún trastorno de personalidad. El doctor David N. López Garza, director de la Comisión de Investigación de la Asociación Psicoanalítica Mexicana A.C., afirma que quizás 0.5 por ciento de la población general no sabe que padece este trastorno, lo cual responde a factores como la falta de educación para la salud mental y la insuficiente capacitación del personal en las instituciones que la atienden. Esto provoca que los síntomas no sean detectados desde edades tempranas y propicia la confusión de síntomas. “Yo pensaba que era algo normal de herencia, de los genes de su papá. Él también era muy agresivo. Ahora me doy cuenta que desde chica tuvo esto, era muy obsesiva, berrinchuda y dramática, pero lo vienes a saber a destiempo, a veces el conocimiento llega tarde”, lamenta Carmen, la madre de Gaby. Cuando las crisis parecen ser incontrolables, los familiares acuden a los servicios de urgencias, donde se evalúa, a través de una valoración psiquiátrica, si es necesario el internamiento en un hospital psiquiátrico dependiendo de la gravedad del trastorno. En México no existen clínicas que brinden atención especializada para esta enfermedad. En Jalisco existen por los menos tres centros psiquiátricos con la infraestructura que permite dar atención, pero no es la suficiente. Según el médico Manuel López, residente de psiquiatría de segundo año en el Hospital Psiquiátrico San Juan de Dios, hacen falta clínicas especializadas de TLP en los centros psiquiátricos. La inexistencia de éstas se debe al poco presupuesto y a la falta de especialistas en cada una de las patologías. En otras latitudes del mundo sí existen tratamientos y hospitales especializados en TPL. En Estados Unidos hay por lo menos cuatro clínicas. Una de ellas se encuentra en el Hospital McLean, afiliado a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en donde se ofrece una combinación innovadora de formación de capacidades del comportamiento, medicación controlada, servicios psicoeducacionales para el mejoramiento de conductas. Además se brinda psicoterapia individual de largo plazo, con el propósito de lograr la independencia y el desarrollo social de los pacientes, mientras que se reduce la necesidad de hospitalizar.

Este video lo publicó la usuaria Demoona en YouTube. Ella mantiene un sitio sobre Trastorno Límite de Personalidad, que en inglés se conoce como borderline: Soy Borderline. SIN ESPECIALISTAS Para conocer el número de personas que padecen esta enfermedad y la existencia de centros médicos especializados para atenderlos, se envió una solicitud de información al Sistema de Solicitudes de Información del Estado de Jalisco, mejor conocido como Infomex Jalisco. La respuesta fue: “No es posible entregar la información solicitada por ser información inexistente”. El doctor Daniel Ojeda Torres, director de Salme, respondió: “La prevalencia del TLP en Jalisco y México es información científica que no es competencia de nuestra institución. No existe un estudio epidemiológico en México, mucho menos en Jalisco, que haya indagado la presencia de trastornos de personalidad, por lo que cualquier búsqueda dará un resultado de cero referencias”. Socorro Ramonet subraya que la causa de que los doctores no puedan manejar y controlar el problema es la falta de entrenamiento. “El sector Salud no está haciendo nada de lo necesario, de lo indispensable y de lo urgente [Salubridad, IMSS, ISSSTE]. Por ejemplo, Salme tiene terapias conductivas, conductuales, de apoyo, pero no tiene a ningún terapeuta especializado en TLP. Hace falta entrenamiento”. Una mala atención puede resultar contraproducente. “Necesito encontrar un psiquiatra que de verdad me inspire confianza y no sólo uno que se la pase escribiendo recetas y cobrando”, señala Susana molesta. Julio Horacio Villegas, responsable de Comunicación Educativa de Salme, explica que dichos estudios son difíciles de realizar porque no se cuenta con el presupuesto económico necesario. “No hay personal para hacerlo, se requiere mucho tiempo y dinero”. No sólo las instituciones de salud carecen de recursos, también los propios enfermos sufren de la falta de dinero para adquirir sus medicamentos y seguir con el tratamiento farmacológico y psicoterapéutico. Según los expertos, el tratamiento ideal debe consistir en consultas una vez a la semana con el equipo médico multidisciplinario, situación que resulta imposible en los centros de salud pública, ya que las consultas son programadas cada uno o dos meses, tiempo en que el enfermo pudo haber tenido por lo menos una crisis. Si un paciente con TLP quiere seguir un tratamiento como el recomendado debe gastar aproximadamente mil pesos a la semana [80 dólares]: 300 por consulta con un psiquiatra, otros 300 por una psicoterapia de 45 minutos, 200 en el nutricionista y 175 de un sólo medicamento. Pese a las dificultades y la falta de atención, los pacientes y sus familiares luchan cotidianamente contra la enfermedad convencidos de que mientras no sigan a paso firme sus tratamientos, la recuperación será difícil. Susana lo sabe: “Esto es una lucha constante contigo mismo, con tu mente, con la vida, con el entorno en el que estás, con los médicos. Hay un buen amigo que lo padece y dice: ‘Vivir sólo cuesta la vida’ y es real”. DISCRIMINACIÓN Además del peso social y económico, las personas que sufren TLP son también víctimas de violaciones a los derechos humanos, de estigma y discriminación. Los actos discriminatorios a quienes sufren TLP se dan en la escuela, en el trabajo, en la calle, en la familia o en cualquier lugar donde esté el enfermo. Susana los ha vivido. Durante una crisis, salió llorando de su departamento, buscaba escapar, gritaba desesperada, con un llanto incontenible, enojo absoluto y tristeza interminable, sus vecinos la escucharon y salieron de sus casas, se burlaron de ella. Desde ese día le apodaron La Loquis. Si el proceso de recuperación es largo y doloroso, más lo es al afrontarse con prejuicios e ideas de rechazo, marginación y desprecio social que provocan el aislamiento de los enfermos y sus familiares. “Me escondí por más o menos tres años, cambié de casa, mi celular, mi correo y tantas cosas. Me sentía avergonzada”, recordó Mónica. El estigma que rodea al TLP y otros trastornos mentales dificulta la oportunidad de que los enfermos se reintegren a la vida social, debido, en gran parte, a la falta y al mal manejo de información que se ha dado por años. Todavía en el siglo pasado persistía la creencia de que este tipo de enfermedades eran resultado de brujería, de hechizos que condenaban a las personas a comportarse fuera de lo común y a tener problemas constantes de cualquier índole. En la primera década del siglo XXI la discriminación sigue siendo parte de la enorme carga emocional del limítrofe, que son etiquetados como locos o raros. En ocasiones, la discriminación se vive en el propio núcleo familiar. “Mi hermana sabe que estoy enferma, pero me dice que estoy loca, que soy una berrinchuda. Yo creo que ni entiende ni quiere entender, es adolescente y no quiere saber nada”, recalca Gaby con una mirada triste. Para muchos no ha sido fácil sobrevivir a los desafíos que les presenta el mundo actual, se enfrentan al desempleo, a la falta de oportunidades educativas y a la poca oferta que existe para el desarrollo de otras capacidades. Mónica se peleó con toda la gente que conocía y ya no confía en nadie. Su pareja la dejó y otra vez cayó en depresión, le diagnosticaron déficit de atención con hiperactividad y TLP. “Fue muy difícil entender todo eso, tenía problemas en la escuela, el trabajo y en mi casa, el dinero era muy difícil conseguirlo para poder pagar los medicamentos de casi 600 pesos a la quincena y más 300 de consulta a la semana”. Lucía, paciente limítrofe de 26 años, reside en Celaya, Guanajuato, fue aceptada en una universidad de Holanda para estudiar una Maestría en Innovación en Medicamentos y espera que el gobierno holandés le otorgue una beca. “Lo peor es que creo que me voy a morir si no la consigo, es mi obsesión irme lejos donde nadie me conozca. Si no me dan la beca… no tengo el valor de pensar en cómo me voy a sentir”. Raúl tiene 27 años, es profesor universitario, imparte clases de matemáticas, química y física. A los 21 años le diagnosticaron TLP, más tarde le dijeron que tenía un trastorno esquizoafectivo, y por último le dijeron que tenía bipolaridad. Cuando acude al IMSS a consulta con un psiquiatra, le pide a la trabajadora social una constancia sin que aparezca el nombre de la especialidad a la que acudió, pues él cree que en su trabajo no les interesaría un profesor “trastornado”. “Esta enfermedad es incomprendida al igual que muchos trastornos psiquiátricos”. Gaby, Mónica, Karina, Susana, Lucía y Raúl, viven en diferentes ciudades de México, pero libran la misma batalla todos los días. Luchan contra sí por conseguir una estabilidad emocional y una mejor calidad de vida. Coinciden en que es necesario que la sociedad esté informada para que su dolor pueda ser comprendido, su gran sueño es por lo menos estar controlados.

Autor: Christiaan Tonnis

ESPERANZA PARA ENCONTRAR SOLUCIONES El papel fundamental del médico es darle esperanza al paciente. “Si le quitas la esperanza le quitas todo”, afirma el psiquiatra José Andrés Magaña. La estigmatización es casi siempre inconsciente, basada en erróneas concepciones sociales, arraigadas en la percepción colectiva. A pesar de esto y de que aún falta mucho por hacer para que mejoren los tratamientos de salud mental, Gaby y su mamá no perdieron la ilusión, estaban decididas y convencidas de que la atención médica podía ser mejor, cambiaron varias veces de especialistas, pasaron crisis, arrepentimientos y perdones que valieron la pena. Los padres de familia están preocupados en saber quién atenderá y ayudará a sus hijos al faltar ellos. “Nuestra vida cambió completamente. Extraño que mi hija no sea igual que todas las demás personas, con una vida de estudio, de trabajo; que no se desenvuelva sin medicamentos, que no tenga amigas, que esté sola”, lamentó Carmen, madre de Gaby. Es importante que el limítrofe conozca su enfermedad y sepa cuándo pedir ayuda para tener una vida más funcional. Gaby lleva diez meses bajo un tratamiento que ella y su mamá consideran exitoso, va a terapias con una psiquiatra y un psicólogo. Además acuden a grupos de apoyo en HumanaMente. Voz Pro Salud Mental Jalisco A.C. donde se integró en el curso “Tierra a la Vista” que imparte el psicólogo Francisco Santana Lim. El proceso busca ayudar a los enfermos mentales, no sólo de TLP, a transformarse en dueños de sí mismos. “Una cosa bien importante que les explico es que ellos están perfectamente bien, pero su cerebro no”. HumanaMente es una red nacional de asociaciones civiles cuyo propósito es mejorar la calidad de vida de las personas con alguna enfermedad mental y la de sus familiares mediante programas educativos y de apoyo. Además ofrece información y capacitación sin costo. En Guadalajara, HumanaMente se encuentra en Alfredo R. Plascencia 882, colonia Ayuntamiento. El número telefónico es (33) 3642-8387, con horario de atención de lunes a viernes de 10 a 14 y de 16 a 20 horas. Mónica advierte: “Hace falta difusión al respecto creo que se pueden salvar muchas vidas y evitar mucho sufrimiento si la gente está informada a tiempo”. ¿QUÉ HACER EN CASO DE CRISIS? Hay que tener presente que el paciente está pasando por un estado de alteración de la realidad. Si se está solo con el paciente, llame a alguien para que se quede con usted hasta que llegue ayuda profesional y siga las siguientes indicaciones: No amenace. El paciente puede interpretar la amenaza como una demostración de poder, lo cual aumentará su temor o lo incitará a la agresión. No grite. Si pareciera que el paciente no le está escuchando probablemente es porque hay otras “voces” que se interfieren o predominan. No critique. La crítica sólo empeora la situación, imposible que la mejore. No discuta. No es el momento de pelear con el resto de la familia sobre quién es el culpable de lo que está pasando. No incite al paciente a que cumpla sus amenazas; esto puede traer consecuencias trágicas. No se pare frente al paciente. Si el paciente está sentado, siéntese también. Evite el contacto visual directo y continuo con el paciente, tocarlo y hacer declaraciones condescendientes o autoritarias, la tentación de dar al paciente un ultimátum, tal como “O vas al hospital o te vas de la casa”. Esto intensificará la crisis. Trate de convencer al paciente de que se hospitalice de forma voluntaria, en caso de ser necesario. Explique que en el hospital le aliviarán los síntomas, y que no se le mantendrá internado si el tratamiento puede continuarse en la casa o fuera del hospital, o en algún otro ambiente protegido. Si la situación no mejora, en Guadalajara puede llamar al Servicio de Intervención en Crisis y Clínica del Suicidio a los números 075 o 3833-3838; de fuera de la ciudad se encuentra el teléfono gratuito 01-800-227-4747 Fuente: Archivo de Crisis. NAMI-Programa de Educación de Familia a Familia

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