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“No me veo como un valiente, sólo soy alguien cumpliendo con su trabajo”: Javier Valdez

Esta entrevista con el periodista Javier Valdez, recientemente asesinado en Culiacán, Sinaloa, donde dirigía el periódico Ríodoce, tuvo lugar durante la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 29 de noviembre de 2016
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Javier Valdez

¿Cómo se siente de estar acá?

Muy contento, la verdad, es todo un espectáculo, una aventura maravillosa. Me emociona mucho ver tanto libro, tanto lector, pero sobre todo cuando veo aquí a niños y jóvenes, creo que es una forma de construir ciudadanía y de hacer lectores.

¿La lectura es importante hoy en día?

Sí, por supuesto, hay que enterarnos de lo que está pasando, hay que conocer nuevas visiones acerca de la realidad, hay que viajar a través de las letras, de las historias, sean ficción o no ficción; hay que echarnos un chapuzón en los textos. Son viajes baratos y maravillosos, así que, si los hacemos a través de los libros, me parece algo extraordinario.

Conocer lo que provoca el narcotráfico, a través de sus libros, es un viaje quizá difícil, pesado, pero a la vez gratificante, porque nos enseña a no repetir esos errores…

Sí, fíjate que son viajes tristes, dolorosos. Yo siempre digo que hay por ahí atisbos de esperanza. Siempre planteo esta otra orilla de la heroicidad, pero pesa mucho el dolor, la tragedia. Por ejemplo, en Miss Narco está el uso de las mujeres como objeto, pero también su fidelidad, o bien su sufrimiento, al estar involucradas en el mundo de las drogas. En Los morros del narco, por otro lado, hay queentender la esencia, el origen del pequeño sicario: me parece importantísimo el aspecto social, el económico, y la pobreza, e incluso la falta de amor. En cuanto a Huérfanos del narco, no hay otro libro que hable de los hijos de los desaparecidos y de las esposas o las viudas de los asesinados; es tristísimo este material, obviamente. Levantones es el primer libro sobre desapariciones: no son cuentos de hadas, por supuesto, son historias de terror, pero yo prefiero contarlas. Yo soy periodista, prefiero contarlas antes que quedarme callado o evadir esta realidad.

Cuando me preguntan: “Bueno, ¿y por qué el narco?”, yo no veo otra realidad, el narco está salpicando, inundando, contaminando, enfermando toda la vida nacional. No es un asunto sólo de drogas, no es un asunto sólo de la policía, nos está pegando muy duro, nos está enfermando, y en este libro, Narcoperiodismo —y por supuesto en Malayerba—, estamos trazando la ruta de cómo manda el narco en las redacciones, de cómo se cruza con el ejercicio de la política, con las autoridades, por ejemplo en Veracruz y Tamaulipas, y cómo el periodismo está resistiendo o sucumbiendo, cómo está el periodismo en estado de coma en Tamaulipas y cómo resiste en Veracruz, cómo está infiltrado con reporteros que pasan informes al narco y se involucran directamente en actividades criminales, pero también cómo hay que administrar la información, saber qué va a publicar uno en Sinaloa, para seguir escribiendo. Entonces siempre hay como atisbos de esperanza, de luz a pesar de la tormenta.

¿Usted se considera parte de esta resistencia, parte de los periodistas que cuentan la verdad sin temor a ser callados?

Me considero parte de esta resistencia. Me gusta que me lo preguntes: no me considero un héroe, no me veo a mí mismo como un periodista valiente, pero sí resisto. Sobrevivo y tengo miedo, por supuesto que sí, pero asumo mi puesto, porque es lo que me toca hacer, lo quiero hacer y no quiero permanecer indiferente, no puedo decir “Me vale madre”. Me cuesta mucho trabajo permanecer apático. Le entro, y si le entro es con ganas y con pasión, con dignidad, con entereza, con entrega. En mi caso no puede ser de otra manera.

Desde la perspectiva política, social, económica, ¿México tiene una granada en la boca?

México tiene una granada en la boca con y sin espoleta. México está herido, México está en el psiquiátrico, está en un hospital en terapia intensiva. O está en el panteón. Creo que el silencio y la apatía de la sociedad mexicana, esa que no acompaña al periodismo valiente, reflejan un silencio cómplice, una sociedad muerta, en declive, en crisis, que avanza rápidamente al abismo. Me parece muy lamentable y muy triste ver cómo se mantiene este país, sin valentía, sin mexicanos, sin ejercicio ciudadano, con un déficit de genitales.

¿Podría definir a México en tres frases? 

Tres frases, a ver... México dejando solo al periodismo valiente, ahí va la primera; México resistiendo, pero fraccionado en casos como Ayotzinapa, con los desaparecidos en Veracruz, y en Sinaloa con las rastreadoras: ésa es la otra frase. México resistiendo. Y México herido por nuestra falta de entereza y de dignidad ante tanta tragedia —me refiero a que ubica a los muertos como muertos ajenos, sin embargo, son nuestros muertos. 

En México día a día se respira la muerte. ¿Es difícil para usted, como periodista, asimilar esto desde la perspectiva que plantea, ir a tocar las identidades que han sufrido esto?

Sí, es difícil. Yo creo que nos hemos resignado a la muerte, que la hemos adoptado, y la hemos adoptado en el peor sentido, la hemos adoptado como ajena: la muerte de otros, la muerte distante, la muerte barata o automática, la muerte gratuita, y está agazapada, esperándonos. Creo que, en ese aspecto, como sociedad tenemos un saldo no contado, un saldo indescriptible, insondable, porque no ubicamos que las siguientes victimas podemos ser nosotros. Y siempre lo justificamos todo, para que no nos duela, para que no nos hiera y para no comprometernos, para no gritar, no protestar: ése es un saldo muy negativo que nadie está midiendo.

¿Qué piensa de los narcocorridos?

A mí no me gustan los narcocorridos, no creo que sean positivos, favorables, pero lo que me espanta es la realidad. Para mí la mejor apología del delito es esa realidad de tu vecino que es narco, que es poderoso, que le nadie lo acusa porque los militares lo protegen, de ese vecino que estrena camioneta cada seis meses, que es acompañado por mujeres bellas y que trae mucho dinero y la gente sabe que está involucrado en hechos delictivos, pero nadie lo castiga. Ésa es la mejor apología: yo no creo que el narcocorrido o las series de narcos estén creando buchones. Sí están alimentado una condición de enfermedad, pero para mí el principal nutriente o el principal insumo está en esta realidad de impunidad, de corrupción, de poderío, de omnipresencia del narcotráfico.

¿Cree en el sistema de justicia mexicano?

Claro que no, porque no se tiene justicia en este país. No creo en el gobierno, el gobierno nos ha robado, nos ha fraudeado elecciones, nos ha mentido sobre Ayotzinapa, y no aplica la ley. El gobierno está coludido con los narcos, se subordina a los narcos, está en el negocio de los narcos. No creo en ellos, y se necesita mucho para que esto cambie, y no sólo se tiene que cambiar de partido o de persona, se tiene que impulsar una gran reforma, incluso una especie de refundación de este país.

¿México, entonces, vive una hecatombe social?

Creo que sí, es una crisis que no tiene parangón. Yo repito mucho esta frase que me dijo un mexicano que vive en España: “Cómo se sostiene el país, con tanta corrupción, con tanto narcotráfico, con una sociedad arrinconada esperando la muerte, encerrada, sorda y muda”. Estamos en una crisis gravísima, peligrosísima, tristísima, y uno de los reflejos de esta crisis es que estamos matando el futuro, no estamos construyendo futuro: lo estamos matando, con esa huella que dejan el narco, la violencia, la impunidad, las tragedias en niños y jóvenes.

¿El muro de Donald Trump podrá realmente dividir las identidades sociales? ¿México dejará de proveer de drogas a Estados Unidos?

Bueno, yo creo que con o sin el muro va a haber drogas, de aquí para allá y de allá para acá; va a haber armas, van a viajar de un lado a otro, no se va a detener la migración; va a haber formas, porque siempre las hay, porque existe la corrupción. No va a haber una crisis de identidad de un lado o del otro. Si es que esto del muro realmente sucede —me parece una estupidez, propia del neonazismo de Trump, pero creo que las cosas van a suceder—, lo que puede haber es un impacto negativo en la economía, que las  remesas y los intercambios comerciales se vean mermados, y obviamente es una agresión, un atentado a la libertad y a nuestra soberanía, y el gobierno de Peña no es tan fuerte como para impedirlo: parece no importarle el tema.

¿En la literatura podemos encontrar la realidad de México?

Lo que no veo yo es a los narradores narrando todo esto. Veo a los periodistas y a muy pocos contando todo esto, a los narradores los veo preocupados por seguir mamando de la ubre del gobierno, los veo en el confort; a los poetas, a los intelectuales, a los académicos, a los novelistas y a los cuentistas los veo lejos de esta realidad, los imagino en el aire acondicionado, en el confort, en la comodidad, no los veo con el compromiso social: veo más compromiso social y dignidad en los periodistas, y podemos encontrar una buena parte de lo que pasa en el país en los textos periodísticos.

¿Qué tan difícil es convivir tan cerca con la muerte?

Es muy difícil, porque las balas te pasan cerca o te dejan herido; no quiero decir físicamente, sino moralmente, anímicamente. Contactos míos están muertos o desaparecidos, fuentes mías han sido asesinadas, y eso es muy difícil, ya que eso me va pegando. Personalmente te puedo decir que tomo antidepresivos para tratar de que no me lleve la chingada, o, si igual me lleva, que no sea tan fácil. También tomo pastillas para dormir, me refugio un poco en el alcohol, y otro poco en mis textos y la música. Y bueno, escribir es un acto de esperanza y exorcismo, ya que eso me ayuda un poco.

¿Cuál ha sido el más traumático de sus textos? 

Híjole, es que es difícil hablar de un solo texto, pero creo que los que me pegan mucho son los de los niños; ahora que hice Huérfanos del narco me pegó mucho, ya que ellos tienen una actitud valiente y esperanzadora, aunque uno sepa que sus padres no van a volver, ellos los esperan, esperan que regresen con dulces o regalos; mientras eso pasa, tú estás con la tristeza de saber que no volverán, pero ellos siempre creen que un día su papá va a entrar por esa puerta. Y de este libro reciente, Narcoperiodismo, me pegó mucho la historia Rubén Espinoza, porque lo veo solo, triste, huyendo aterrorizado, sin dinero, abandonado, en medio del páramo desnudo, esperando el tiro de muerte. A él lo veo así, como diciendo: “Esto es la fragilidad del periodismo, la vulnerabilidad de este país”. Creo que su caso representa la abolición del periodismo en México, un poco irresistible, un poco sin salvación.

¿México tiene futuro?

Sí hay futuro, pero tendríamos que buscarlo, construirlo. ¿Hay un mañana? Pues sí, porque a más tardar en unas 18 horas va a oscurecer y en unas tantas va a volver a amanecer, pero ése no es el futuro que queremos y que merecemos. Si seguimos así como estamos, yo digo que estamos avanzando muy rápidamente a la gran tragedia, a un punto en el que ya no hay vuelta a la salvación, aunque suene muy difícil. Creo que aún es tiempo de que hagamos algo, sea en las elecciones o gritando en la calle; es tiempo de salvaguardar la vida pública, la dignidad, y ejercer nuestro derecho a la protesta, a la exigencia. Eso es sólo una pequeña idea de lo que puede ayudar a salvarnos.

Si a usted le pidieran dirigir este movimiento, ¿qué sería lo primero que haría?

Bueno, para mí es simple: es necesario hacer un examen autocritico, qué estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo, qué está pasando, sin que nos perdamos en la discusión para conocer nuestros cánceres, nuestra contaminación, nuestra enfermedad. Esto nos servirá para reconocer nuestra falta de compromiso y entrega. Y volver a empezar a partir de un ejercicio de revisión: para mí esto es sumamente primordial.

¿Usted, que ha estado tan cercano a la muerte, ha sufrido amenazas?

Ha habido de todo: debes de saber que en 2009 nos aventaron una granada en Ríodoce, por suerte sólo provocó daños materiales y nos aterrorizaron mucho. Nosotros asumimos que es muy grande el riesgo estando en Culiacán, Sinaloa, la cuna del narcotráfico. No te puedo contar de ningún caso, pero sí puedo decirte que me han pedido que pare alguna investigación, porque si le sigo buscando, el siguiente seré yo, etcétera. Pero uno tiene que aprender a reportear el narco, a moverse en arenas movedizas, a no pasarse de la raya al momento de escribir.

¿Hay que vivir al límite para ser periodista del narcotráfico? 

Es un poco eso, es una combinación así como temeraria de audacia, de locura, y también de problemas; no basta con ser inteligente: de hecho, la inteligencia puede estorbar, incluso puede ubicarte en una condición de peligro de muerte. Tienes que ser inteligente, pero también tienes que tener cordura y prudencia, para que no te pases de la raya, y puedas seguir escribiendo. Pero tampoco te quedes callado, es una combinación explosiva, pero es importante aprender a reportear al narco.

¿Usted qué clase de periodista se considera?

Periodista sin apellido: me considero un poco loco, me gusta mucho leer y soy muy crítico de lo que hago y de lo que hacen los periodistas en su trabajo, porque, como lo sabe todo el país, el trabajo de los periodistas es mediocre, y les hace falta una revisión de la mentalidad del país. Te digo: no me veo como un valiente, sólo soy alguien que está cumpliendo con su trabajo, con su responsabilidad; me veo como un ciudadano de este tiempo, este tiempo en el que me toca vivir, es un tiempo que estoy asumiendo y lo hago con mucha dignidad.

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