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15M: de las protestas a las propuestas

El 15M se trasladó a los barrios, en el caso de las grandes ciudades, y a los pueblos. Ahora se articula ahora en redes. Ocupan espacios que se habían dejado vacíos, recuperan calles y plazas públicas y promueven el diálogo colectivo para plantear soluciones a problemas comunes.
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Por Fabián Ramírez Flores y Ana López Delgado

Suele decirse que los españoles sólo dan su opinión sobre los problemas nacionales, cerveza en mano, al calor de un círculo de amigos. Que sólo critican entre conocidos las decisiones políticas, sociales y económicas tomadas por el gobierno en turno. El 15M trasladó esos debates de los bares a las plazas; de los pequeños grupos a las asambleas multitudinarias. Consiguió unir a personas radicalmente distintas, pero con puntos de encuentro en cuestiones básicas, como el cambio de la ley electoral. Surgió como un movimiento social espontáneo, sin definición clara, apartidista ­–pero no por ello apolítico–, como un estallido ciudadano ante la precariedad, la tasa de desempleo, los recortes sociales, la corrupción y las mentiras de la clase política española.

El movimiento tomó el nombre del día en el que miles de personas, en más de 50 localidades españolas, salieron a la calle para pedir una “democracia real”. No tenían casa, curro (trabajo), pensión ni miedo. Por eso, que integrantes de diversos colectivos, como Democracia Real Ya y Juventud Sin Futuro, convocaron a través de Twitter y Facebook a una manifestación que reuniría a 20 mil personas en la plaza Puerta del Sol, en Madrid, bajo la consigna “no somos mercancía en manos de políticos y banqueros”.

La manifestación multitudinaria de aquel día colocó en un sólo contenedor las molestias y frustraciones que los jóvenes, y los no tan jóvenes, arrastraban desde hace un par de años. Las raíces de la crisis apenas empezaban a expandirse, pero la generación mejor formada de españoles ya llevaba un tiempo soportando la precariedad laboral. El acceso a un puesto de trabajo tras finalizar la licenciatura o los estudios de posgrado era cada vez más difícil, y la posibilidad de independizarse de sus padres se tornaba imposible. Mientras, se volvían más frecuentes los despidos en las empresas privadas.

Flavio y Celia, de 28 y 26 años respectivamente, se sumaron a las protestas. Con una licenciatura, un máster y varios idiomas en su currículum, formaban parte del casi 48.9 por ciento de la tasa del paro juvenil registrado en España en 2011. Entre los asistentes a aquella primera manifestación, a la que sucedieron otras a lo largo de la semana, también se encontraban personas como Rafael y Paz, de 63 y 50 años, ambos funcionarios en activo;  Eloy, de 32, profesor en un centro privado, y Javier, de 30, profesionista independiente. 

Un grupo de 40 personas decidió acampar en la Puerta del Sol. Durante la madrugada del 15 de mayo fueron desalojados de forma violenta por la Policía Antidisturbios. Algunos de los allí presentes grabaron vídeos con sus móviles, los difundieron en Twitter y convocaron a reunirse en la Puerta del Sol al día siguiente para reprobar el hecho. La noche del 16 de mayo hubo un nuevo desalojo, lo que provocó que un día después se congregaran muchas más personas en el punto cero de la ciudad. Otras poblaciones dentro y fuera de España replicaron las manifestaciones. Así nació el 15M: como un movimiento de protesta que más tarde se convertiría en un movimiento de propuestas. No pretendieron ser la respuesta a los problemas, sino cuestionar los errores del gobierno que los habían provocado.

Juan Carlos Monedero, investigador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, define el 15M como un movimiento tradicional de desobediencia civil. En un principio a los integrantes se les acusó de estar acarreados por el PSOE, el partido de izquierda, que en ese entonces gobernaba España, y de pertenecer a grupos anti-sistema. Se les descalificó llamándoles “perroflautas”, adjetivo despectivo, un tanto discriminatorio, que tiene su origen en los jóvenes pobres que piden dinero, tocan una flauta u otro instrumento y siempre llevaban un perro porque, hasta hace poco, el gobierno daba una ayuda a los propietarios de estas mascotas. Los españoles ven a los “perroflautas” como unos flojos que en vez de ponerse a trabajar salen a lo fácil, a pedir dinero en la calle. Y así querían pintar a los manifestantes: como jóvenes que no trabajaban ni estudiaban y a los que les gustaba andar en las revueltas; “niños bien que no tenían otra cosa qué hacer que protestar”.

A pesar de las dimensiones iniciales de la #spanishrevolution, los medios de comunicación subestimaron la naturaleza del movimiento ciudadano, señalándolo como algo ocasional debido al proceso electoral que se desarrollaba. Periódicos y estaciones de radio criticaban las concentraciones y la acampada en Sol, incluida la estatal Radio Nacional de España (RNE). Los radioescuchas tomaron réplica, como Cristina, una mujer que exigió respeto para los manifestantes en una llamada telefónica transmitida en vivo en el programa En días como hoy.  

“Los medios quisieron reconducir al movimiento hacia su molino. Para poder cubrirlo, tuvieron que simplificarlo. Creyeron que podían convertir la protesta en una mercancía informativa, a la cual se le restaba toda potencialidad informadora. Pero el 15M empezó a generar su propia información y a distribuirla a través de las redes sociales y de páginas web”, resume Juan Carlos Monedero.

Ante la imposibilidad de que un medio diera cobertura a tantas acciones y proyectos, surgieron periódicos como Liberaos o Madrid15M, la estación por internet Ágora Sol Radio y la plataforma audiovisual Tomalatele, donde se recopilan y difunden videos relacionados con las preocupaciones del 15M, así como las propuestas y acciones de éste y otros movimientos sociales. Además difunden los sitios de internet donde se transmiten en vivo asambleas y protestas, en ciudades dentro y fuera de España, capturadas con un teléfono móvil conectado a la plataforma Bambuser. Ágora Sol Radio empezó a transmitir once días después del inicio de la acampada en Sol. Las decisiones se aprueban en consenso por todas las personas implicadas en este proyecto, que son quienes, además, financian la radio con aportaciones directas cada mes.

Juan Carlos Monedero advierte que los medios de comunicación en España, como en México, se están convirtiendo en un actor político. La sociedad critica la falta de pluralidad y la manipulación informativa en un país en el que casi la totalidad de los medios está en manos de cuatro grandes grupos de comunicación, que dan prioridad a sus intereses empresariales frente a la información.

Para los ajenos al movimiento, éste murió cuando se abandonó la acampada en Puerta del Sol. Sin embargo, el 15M se trasladó a los barrios, en el caso de las grandes ciudades, y a los pueblos. “La llegada a los barrios ha supuesto un reimpulso que generó conciencia donde hace décadas no había”, asegura Monedero. El 15M se articula ahora en redes. Ocupan espacios que se habían dejado vacíos, recuperan calles y plazas públicas y promueven el diálogo colectivo para plantear soluciones a problemas comunes.

 

De la plaza al barrio

Las asambleas barriales proponen que es posible auto-gestionarse sin la necesidad de formar asociaciones civiles o registrar instituciones, bajo el principio de horizontalidad. Están organizadas en bloques temáticos como educación, vivienda, medio ambiente, sanidad, economía, migración, relaciones internacionales, entre otros. Cualquier persona puede participar, sin importar el barrio en el que resida, en las reuniones semanales que tienen como sede alguna plaza.

Ahí se organizan actividades para apoyar a otros grupos de activistas, como los que defienden la enseñanza pública, la lucha de los trabajadores del sector de la sanidad, la de las personas que serán desahuciadas, la lucha de los mineros de las cuencas asturianas, la de los funcionarios públicos en contra de los recortes a sus salarios, la pelea de los usuarios del transporte público en contra del alza de las tarifas y otras prestaciones, o la defensa del agua pública en contra de la privatización del Canal de Isabel II.

Tan sólo en Madrid se tienen registradas 115 asambleas barriales en la página www.madrid.tomalosbarrios.net y 74 movimientos con sus respectivas asambleas en diferentes puntos de España en www.tomalaplaza.net. En estas plataformas se informa de las reuniones de las distintas asambleas temáticas que se llevarán a cabo, de los temas que se discutieron, de las decisiones que tomaron y las soluciones que propusieron.

Francisco Javier Garín se unió hace diez meses a la asamblea Dos de Mayo, que se formó en el barrio de Malasaña, porque creyó que el 15M reclamaba las necesidades reales “de la mayoría de la población, de los que viven por debajo de los mil euros. En su momento el 15M tuvo un apoyo del 75 por ciento de los ciudadanos, mucho más que cualquier partido político de los que se presentaron en las elecciones”, comenta. Pero ahora el movimiento se ha retirado un poco de las calles y se ha extendido a la vida cotidiana de la gente. Como consecuencia de eso han surgido infinidad de asambleas en los barrios y equipos de ayuda entre los ciudadanos, además de iniciativas como el Banco de Tiempo de Malasaña.  

Francisco describe este proyecto como un colectivo que da prioridad a las necesidades de la gente a través de intercambios de servicios que alguien ofrece y otro requiere. Se trata de una banca en donde las personas invierten su tiempo en alguna actividad, y después pueden cobrarlo con el tiempo de alguien más. “Cualquier cosa que necesites, cualquier cosa que ofrezcas”, es el lema del Banco de Tiempo Malasaña, dice. Él, junto con otras personas, echó a andar la iniciativa en junio de 2011. Crearon un software y los sitios web necesarios para difundir las actividades y los intercambios del Banco de Tiempo que empezaron en noviembre del año pasado. “Ahora estamos en una etapa de dinamización, en la que buscamos que más personas conozcan la experiencia de intercambiar el tiempo”. El banco cuenta con 132 socios; los de otros barrios atraen hasta 200, como el del Chamberí. No sólo se pueden hacer intercambios entre los integrantes del banco del barrio al que se pertenece, sino con los de otras comunidades.

Una cantidad similar de vecinos están inscritos a la lista de correos electrónicos “Malasaña se apaña”. Bajo las etiquetas Necesito, Ofrezco y Currillos (trabajos temporales) se envían mensajes con la finalidad de crear una red de ayuda mutua, donde se promueve el trueque y se valora la utilidad de los objetos para ser reutilizados y así poder ahorrar dinero. También hay quienes buscan aprender algún oficio o hasta compañeros para vacacionar.

Las asambleas barriales han conseguido unir a vecinos que, a pesar de haber vivido toda la vida en el mismo barrio, jamás habían cruzado una palabra. Así lo afirman Alejandra, Rodrigo y Juan, miembros de la comisión de Comunicación de la Asamblea Tetuán. “Antes paseabas por la calle y no conocías a muchos con los que te cruzabas. Ahora es difícil recorrer Bravo Murillo (una de los calles principales del barrio) y no coincidir con alguien que hayas conocido en la Asamblea”, recuerda Rodrigo

Los tres han tenido que reorganizar sus horarios para cumplir con sus labores habituales y asumir las responsabilidades de la comisión. Dicen sentirse satisfechos porque “gracias al trabajo colectivo se está consiguiendo introducir en el discurso de la opinión pública debates impensables hace poco más de un año, como la reforma electoral y la falta de democracia”, añade.

 

Tu casa es mi casa

A Tetuán se le atribuye ser el primer barrio madrileño en parar un embargo. Rodrigo recuerda cómo su vecino Anwar acudió a la asamblea para exponer su caso y pedir ayuda. “Fue muy emocionante ver cómo muchas personas que no tenían experiencia previa en el tema se organizaban para impedir que Anwar perdiese su casa. Aquel día, a las ocho de la mañana, la calle estaba taponada por 500 personas que venían desde distintos puntos de la ciudad para impedir el desalojo”. La unión de personas anónimas consiguió que Anwar pudiese permanecer en su domicilio y renegociar su deuda con el banco.

Víctor es funcionario y en su tiempo libre colabora con la comisión de Hipoteca/Vivienda de la Asamblea Tetuán. Él y otros integrantes de este grupo de trabajo se reúnen tres días a la semana y recogen firmas a pie de calle para conseguir que se reforme la Ley Hipotecaria. Necesitan 500 mil para poder llevar al Congreso una iniciativa legislativa popular, que permita a los deudores liquidar el pago de su hipoteca a cambio de la entrega de su vivienda; que contemple la cancelación de los desahucios cuando la falta de pago del préstamo hipotecario sea debido a motivos ajenos a la propia voluntad, como la pérdida de empleo;  y con la cual puedan optar a un alquiler social que les permita rentar una vivienda pagando el 30 por ciento de sus ingresos mensuales. “Hasta hace unos años los bancos te abrían las puertas para financiarte una casa porque partían de la base de que la vivienda siempre subiría, y bajo esta creencia asumían enormes riesgos. Ese es el gran drama de este país: apostó todo a la vivienda”, sentencia Víctor.

Para ayudar a personas que tienen dificultades para pagar la hipoteca o que se encuentran en proceso de ejecución hipotecaria, en 2009 nació la Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH) en Barcelona. Pero fue a partir de la creación de las asambleas barriales que la plataforma cobró fuerza para seguir impidiendo que los bancos despojen de sus casas a miles de familias en España. Desde la PAH, cientos de personas se organizan todos los días para ayudar a sus vecinos a no quedarse sin hogar. Han creado cuentas en Twitter y eventos en Facebook donde avisan cuándo va a ocurrir un embargo, para agruparse fuera de las viviendas e impedir los desalojos.

En la página afectadosporlahipoteca.wordpress.com se actualizan a diario los embargos que se llevarán a cabo. Tan sólo en junio de este año se convocó a parar 38, de los cuales 18 se cancelaron, 16 se aplazaron y cuatro fueron ejecutados. “El 15M, desde las asambleas de barrios, apoya cuando se va a producir un desahucio. Los vecinos nos organizamos y venimos a acompañar a la familia que está en peligro de quedarse sin casa. Este es un movimiento social que no tiene cabeza, es horizontal y las acciones a veces surgen de manera espontánea desde nuestra web”, expresa Concepción, vecina del barrio de Legazpi, donde el 27 de junio fue testigo de cómo Milagros, su esposo y sus tres hijos se quedaron sin casa.

A diferencia de otros casos, el departamento de Milagros, en el barrio de Legazpi, no estaba hipotecado. Con su casa, su esposo avaló un préstamo de 6 mil euros para pagar una deuda que tenía con la Hacienda de España. Ellos aseguran que la financiera a la que recurrieron los ha estafado, ya que ahora les reclaman 47 mil euros más los intereses. La familia sobrevive con los 500 euros que Milagros gana cada mes como limpiadora. Su esposo y su hijo mayor, de 23 años, están desempleados; los otros tienen 17 y 10 años.

Aunque unos 60 vecinos se reunieron fuera de la casa de Milagros desde las 8:00 horas, no lograron impedir que se consumara el embargo. La Policía Antidisturbios llegó para “hacer cumplir la ley” y, usando violencia física y verbal, retiró a quienes resguardaban la puerta del edificio donde hasta ese día vivía Milagros.

“Cada vez que se hace algo, la policía trata de criminalizar las acciones. Dicen que actuamos de manera violenta, pero siempre hemos sido pacíficos”, afirma Concepción. Explica que el objetivo de las autoridades es crear una impresión negativa de estos movimientos sociales en la opinión pública. No obstante, “pese a todo, eso hace que las personas estemos más aglutinadas alrededor de las injusticias”. Asegura que nadie se imaginaba que tras un año del inicio del 15M Los Indignados seguirían unidos. 

Desde el sitio de la Oficina de Okupación de Madrid, un manual de siete pasos invita a quienes hayan quedado sin hogar a ocupar una de las casi 6 millones de viviendas vacías que hay en España, según una estimación del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicado en enero en el diario El País

 

Participación, solidaridad y apoyo mutuo: ciudadanía

El 15M ha conseguido aglutinar a la población española indignada ante la decisión del gobierno de invertir recursos públicos para el rescate de los bancos. “No es una crisis, es una estafa” es una de las consignas más coreadas en las manifestaciones para reclamar castigo a las grandes corporaciones financieras. Una de sus últimas iniciativas ha sido presentar una querella contra el expresidente de Bankia, Rodrigo Rato, por estafa y administración desleal, entre otros delitos. La plataforma 15MpaRato, logró recaudar, en apenas 24 horas, 19 mil euros (cuatro mil más de los necesarios para iniciar el proceso).

Los ciudadanos están aprendiendo que uniéndose consiguen llenar los vacíos que los políticos están dejando para paliar la crisis. En esto coincide Felipe Aguado Hernández, filósofo, profesor del Instituto Cardenal Herrera Oria de Madrid y vecino integrante de la Asamblea del Barrio del Pilar. “El 15M es una gran escuela de ciudadanía. Las gentes, a través de sus formas organizativas de participación, de solidaridad y de apoyo mutuo, se van descubriendo a sí mismas como ciudadanos, van encontrando sentido a su sociabilidad y se llenan de esperanza y de fuerza”.

Para Juan Carlos Monedero, académico de la Universidad Complutense de Madrid, el 15M tiene tres grandes retos a cumplir. El primero es terminar con el conformismo de los ciudadanos que piensan que las cosas no se pueden cambiar, y provocar que éstos se interesen más por la política. El segundo es inducir a la población a que se cuestione cómo vive, cómo está el país, cuáles son sus problemas, para así provocar “una conciencia que transforme las protestas en propuestas”.  Y el tercer reto para el movimiento es superar la fragmentación de sus integrantes –algo “que muchos desean” para que desaparezca el apoyo que tienen departe de varios sectores de la sociedad y, de este modo, “poner en contra a trabajadores precarios contra trabajadores dignos, a parados contra empleados, a los trabajadores del sector privado contra los funcionarios. Si logran enfrentarnos habrán ganado y volveremos a una noche oscura como la de los años treinta”.

El 15M recoge la indignación, frustración y coraje de aquellos que no encuentran trabajo o fueron despedidos, de los migrantes que son acosados por la policía con redadas racistas, de las familias que vivirán un embargo, de los estudiantes y recién egresados que se sienten explotados por las empresas al trabajar bajo la figura de becario o practicante. Pero el movimiento va más allá al pasar de la indignación a la lucha por defender lo público. Ahí radica su fuerza. Monedero descarta que la gente se resigne ante las nuevas medidas del gobierno para enfrentar la crisis, y confía en que, por el contrario, durante el resto del año se sumarán nuevas personas al grupo de Indignados, debido a que la calidad de vida en general irá empeorando. “El 15M ha sido un regalo para la democracia de este país. Al igual que #YoSoy132, el 15M es la mejor vacuna para impedir las represiones de los años pasados que vivieron nuestros países”.

 

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